Día de Plaza en Xilitla- Día dos del viaje etnobotánico

El sábado 1 de junio amaneció preocupantemente nublado y con ligera llovizna, típica del clima tropical Af ecuatorial de Kopen, que se caracteriza por temperaturas altas con la media anual siempre superior a 27 °C a nivel del mar y casi constante durante todo el año con amplitud térmica anual inferior a 3 °C, además de lluvias abundantes y regulares siempre superiores a 1500 o 2000 mm por año, y Xilitla es, el punto más norteño con tanta humedad dentro de la Sierra Madre Oriental, los otros picos de precipitación se encuentran en la Sierra Norte de Puebla en la comunidad de Cuetzalan, puesto que está más cerca al mar y sus formidables vientos alisios.

Clima Af Ecuatorial.

Típica mañana de temporada húmeda, justo el primero de junio, a veces las aguas llegan desde mayo y a veces se restrasan hasta julio.
Como la mencioné en el anterior post, pernoctamos en el Hotel Guzmán. Un sitio cómodo, econímico y un tanto pintoresco, pero definitivamente complicado para encontrar estacionamiento.

Hotel Guzmán atiborrado de plantas de ornato, la mayoría exóticas.

El loby tiene un tragaluz en medio desde donde las plantas se estiran hacia la los rayos solares que por ahí se cuelan.

La combinación de sus balcones, madera, puedra, luz y vegetación le dan un toque bastante agradable y acogedor.
 Ese día desayunamos en el Restaurant Cayos, a espaldas del hotel, desde cuyo balcón se puede divisar con amplitud las sierras del norte de la cabecera.

Balcón del restaurant Cayos, debido a la llovizna aún no se encontraba arreglado.

Las casas sobre la ladera nublada.
Caminamos un poco por la plaza para esperar a que la llovizna se disipara y en unas horas más se levantó la neblina y la gente comenzó a llegar desde las comunidades con sus múltiples productos, especialmente verduras.
Ilgesia de Santiago Apostol, Xilitla, San Luis Potosí.

Callejuela empedrada.

Ya habiéndose disipado la llovizna nos reunimos en la plaza principal para realizar las entrevistas etnobotánicas a las personas que cada sábado y domingo bajan de las comunidades aledañas en Xilitla como Nuevo miramar, Miramar viejo, Cerro quebrado, Ixtacamel, Buenavista y San Pedro Huitzquilico, así como personas Teenek de los barrios cercanos a Aquismón y también de la Sierra Gorda de Querétaro como Valle de Guadalupe y Tres Lagunas, a vender sus productos.
Productos orgánicos cosechados en las huertas de patio de las comunidades aledañas (Foto del Dr. E. Estrada).
Las mujeres tienen un papel fundamental en la trasnferencia del conocimiento etnobotánico.

Variedad de parte de plantas con fines medicinales principalmente, traídas de la Sierra Gorda de Querétaro (Foto del Dr. E. Estrada).
La mayoría de las personas del ámbito rural confían más en los tratamientos naturales, debido a que los tienen al alcance de su espacio y su presupuesto, y por herencia cultural (Foto del Dr. E. Estrada).
Frijoles (Foto del Dr. E. Estrada).
Estropajos del género Luffa. Me ha tocado ver en repetidas ocasiones que en los mercados los venden ya sin semillas, por lo que resulta de importancia, conseguir estropajos asilvestrados con la finalidad de seguirlos propagando. Su enredadera puede dar sombra si se le guía correctamente y sus frutos sirven para lavar trastes o exfoliar el cuerpo (Foto del Dr. E. Estrada).
Una “medida” de 10 pesos de coyoles, pequeños tomatillos que crecen silvestres y se usan para hecr deliciosas salsas (Foto del Dr. E. Estrada).
Coyoles (Solanum sp.).
Y para acompañar la salsa de coyol, unos chiles pico de pájaro (Capsicum sp.).
Pareja Teenek que asiste los días de plaza a Xilitla a vender sus productos. La dama con su tradicional petob (Foto del Dr. E. Estrada).
Vendiendo tamales y yuca (Manihot esculenta) natural y con piloncillo (Foto del Dr. E. Estrada).
Capulines (Prunus serotina) (Foto del Dr. E. Estrada).
Zarzamoras (Rubus sp.) (Foto del Dr. E. Estrada).
Calabacitas redondas (Cucurbita moschata) (Foto del Dr. E. Estrada).
Miel con su pedazo de colmena (Foto del Dr. E. Estrada).
Miel, calabacitas y quelites. Los quelites son cualquier parte “tierna” o inmadura que se consume de una planta (Foto del Dr. E. Estrada).
Jobos (Spondias sp.) (Foto del Dr. E. Estrada).
Vendiendo quelites, los nopales también pueden ser considerados como tales (Foto del Dr. E. Estrada).
Las plantas ornamentales no pueden faltar y las hay de muchas especies la mayoría exóticas (Foto del Dr. E. Estrada).
Los productos se colocan sobre hojas de papatla (Heliconia sp. y Canna indica) (Foto del Dr. E. Estrada).
Cebollines (Allium sp.), café (Coffea arabiga) y chile (Capsicum sp.) (Foto del Dr. E. Estrada).
Quelites y chile ciruelo.
Totomoxtle, hojas de maíz para hacer tamales.
Jaca (Artocarpus heterophyllus), mango criollo (Manguifera indica), canela (Cinnamomum zeylanicum), pomo, chile pico de pájaro (Capsicum sp.).
Fruto de pomo.
Variedad: mango criollo, pomo, duraznos, verdolagas, plátano, tamarindos y vainas de efez.
Fruto de Jaca (Artocarpus heterophyllus), el más grande del mundo, originario de nuestra maravillosa Antípoda: La India, pero cultivado en la sierra de Xilitla.
Chile ciruelo y variedad de acodos de plantas ornamentales, listas para plantar.
Calabazas, cebollas, zanahorias, maíz y cilantro sobre hojas de papatla.

Y como no queriendo, pasó aquel día una virgen muy milagrosa con los enfermos, proveniente de Soriano, munucipio de Colón, Querétaro.

Ruega por los dolores de los enfermos. Parte del sincretismo espiritual de la región huasteca, con profundo arraigo católico.

La cantidad de plantas usadas es impresionante, van desde las alimenticias, medicinales, forrajeras, para lavar, para construír, como utensilio, como adorno, como amuleto y hasta para hacer bisutería y artesanías, en verdad que la vida sin las plantas no sería posible para nadie.
A veces estando en las ciudades se nos olvida por completo la importancia que tienen para nuestra vida, en cambio quienes viven en estos entornos rodeados de ellas, saben muy bien su valor, aunque desafortundamente también a veces abusan, sobre todo los más jóvenes que no comprenden la magnitud con la que cada día se merman los recursos naturales de las montañas.
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Tambaque, donde los dioses del rayo vuelven al mar

El nacimiento de Tambaque es un sitio que se interna en la Sierra Madre Oriental y donde nace el Río Coy, tributario del Río Tampaon, que a su vez viertes sus aguas en el imponente Pánuco.
Este sitio queda a unos cuantos km de distancia al noroeste de la cabecera municipal de Aquismon, municipio de orígen Teenek, al sureste del estado de San Luis Potosí.
El recorrido no tiene ningún costo y se puede andar por agradables senderos al lado del río hasta donde el agua nace de una cueva al pie de un talud en donde el cañón se cierra entre las profundidades de la Sierra.

La corriente es calma porque estamos en época de estiaje.

Podemos ver atrás una vegetación de selva mediana subperenifolia en un estado mas o menos secundario.

El paisaje con sus las luces y sombras del atardecer crean espacios idóneos para reflexionar y abrir la mente.

 El orígen del nombre Tambaque como ya les había comentado en otra entrada tiene varios orígenes, uno de ellos es debidoa que antes cuando hubo la hacienda cañera, al moler la caña se generaba el gabazo que en el dialecto Teenek se conoce como le nombra T’ambax, (el cual se pronuncia tambach) y se dice que los mestizos al no poder pronunciar correctamente la palabra le llamaban “Tambache” y de aquí el nombre actual de Tambaque. La segunda acepción es proveniente de la palabra tzabac, que es el nombre Teenek de un árbol local, que no he podido identificar aún.

El agua va en un nivel muy bajo, pero ello ayuda a formar agradables espejos de agua donde la fauna silvestre baja a abrevar por las noches.

Conforme uno va avanzando por sobre el empedrado de la ladera sur, vamos viendo los manantiales por donde el agua que se colecta en las partes altas de la sierra, viene a salir en estos afloramientos de aguas kársticas que en geografía física se les denomina fuentes vauclusianas, sumamente sagradas para los compañeros Teenek. 

Fuente vauclusiana en Tamabaque, Aquismón, S.L. P.

Ya en su libro de “Un viaje a la Huasteca” el francés Guy Stresser Péan habló de la importancia irremplazable que estos manantiales tienen en la cosmogonía del pueblo Teenek

Los Teenek, saben que los cerros están huecos y es morada de los dioses del rayo, donde hacen fiestas y bailes cuyo eco se puede escuchar entre el rumor de las aguas subterráneas.

Y a pesar de la resequedad de esta ríspida primavera que llegó con múltiples incendios a la región huasteca, el agua sigue firme brotando de las profundidades de la roca, extasiada con tanta luz y tantos colores después de haber permanecido en la completa oscuridad quién sabe desde cuando. Nadie sabe en realidad cuanto es que el agua permanece dentro del cerro al caer como lluvia, hasta que sale por algún manantial.
Y el agua sige brotando con todo y lo seco de la primavera.

Y Tambaque no se seca, marzo 2013.
 Cuando la época de lluvias llega a la región, el caudal crece y trae consigo la revoltura de aguas escandalosas que vienen desde arriba. Mucha de la la lluvia vertida en el espinzao de los cerros colindantes con la Sierra Gorda de Querétaro se infiltra por entre las rugosidades de la roca caliza creando cavernas y sótanos. Es curioso pensar que allá arriba en aquellos parajes tan boscosos como Rancho Nuevo, Lagunita de San Diego o Valleverde, no corra río alguno porque toda el agua se va por los resumideros y viene a inundar puntualmente la llanura Huasteca, el agua siempre encontrará manera e irá a escurrir de nuevo al mar por la boca grande del Pánuco, justo en el Puerto de Tampico.

Al término de las fiestas y las orgías, los dioses del rayo salen cansados de las cuevas a través de los manantiales y van de nuevo con Mamlab, hasta su reino en el mar de oriente, para rejuvenecer y de nuevo emprender su viaje por las nubes hasta las montañas y de nuevo a las profundidades de la tierra.

La selva celosa guarda bien el camino de los dioses del rayo.

Un guardián del río.

Espejo líquido.
Al término del sendero está lo que venimos a ver, un tanto decepcionados por el bajo caudal, pero nunca deja de impresionar la magnificencia de aquellos portales por los cuales ingresar al interior de nuestra madre tierra.

Abertura por donde el agua escapa muy despacio.

Arriba se puede observar la oquedad que en época de lluvia escupe agua a raudales.

Y aquí termina el cañón, justo en una monda pared de roca caliza.

El musgo es la prueba de la humedad que guardan las rocas, son pioneros y crean sustrato para que otras plantas se afiancen durante la época de sequía, pues en época lluviosa, las aguas todo lo cubren.

Chorreadero de piedras arrastradas por la corriente.

Ahora es posible bajar a explorar, pero en época lluviosa todo es un estruendo de aguas que manan implacables de la sierra.

El agua amolda las raíces de los hijos que sustenta y los hace a su antojo, contra ella nadie puede.
Y antes de que oscurezca nos despedimos de tan grata holgura de la tierra profunda, deseando volver para conocerle en su faceta violenta despues de algún huracán.

Meztli feliz de probar el agua kárstica.
Y para no perder la costumbre: buscando zopilotes, tlacuaches o ardillas.
 Ya de regreso del cañón oscuro, de nuevo se hizo la luz y pudimos ver con más calma los señalamientos de la entrada y lo agradable de la arquitectura ecoturística, que para nada me pareció fuera de lugar, ni tampoco agresiva con el entorno, pues se usó piedra del mismo sitio y debido a la humedad, ésta ha ido llenándose de musgos.

Senderos, con plazoletas y áreas de descanso.

Afortunadamente nadie nos impidió entrar con nuestros perros, lo cual me parece excelente para quienes viajamos siempre con ellos. Puntos buenos para el ecoturista no convencional.
Ahí vamos.
El sendero que nos lleva hacia el manantial.

Amar el árbol es comprender la vida.

Plaza del frijolillo. Tamabaque, S. L. P.
La plaza del Frijolillo.
Preservación del agua.
Y como toda buena selva, la estructura de su flora le hace honor con esta interesante epífita.

Más epífitas.
Un habitante finamente ornamentado de la selva de Tamabque.
Las sierras que se yerguen al occidente del territorio Teenek, son  barreras de vida, de una diversidad biocultural magnífica que se abre como un abanico mesoamericano que muy pocos valoran en la geografía mexicana. Pero de nuevo lo reafirmo, éstas selvas son las más norteñas de la vertiente del Golfo, más al norte aún las de Tamaulipas, pero de este porte y estas magnificencias, solo las que le quedan a San Luis Potosí, porque su vecino Veracruz ya ha perdido lamentablemente las suyas a manos de un agrarismo desenfrenado y mal educado.
 
Selva mediana subperennifolia en Tamabaque, AQuismón, San Luis Potosí.

Nótese la estructura arbórea, la presencia de epífitas y los contrafuertes de las raíces.

Y sin embargo, a la tala no se le ve un final en la Huasteca. Ya no siento coraje, siento pena porque esto es causado por la ignorancia y la necesidad.
Pero esperemos que las selvas que quedan se sigan viendo así  y las que ya fueron destruídas, puedan volver a ser selvas y no potreros ni cañaverales.
 Cayendo la tarde nos apresuramos a salir con luz de Tambaque pues todavía nos faltaba encontrar un lugar en donde pudiéramos dormir con los perros, pues por las prisas olvidamos llevar tienda de campaña. Debo mencionar que por una módica cantidad uno puede acampar en las orillas del río Coy, obviamente río abajo del nacimiento de Tambaque.
Y va cayendo la tarde.

Y el sol lo baña todo con su suave luz crepuscular.

Aferrado en el borde, siempre atento del paso del agua. 

Y así ve el árbol, el eterno devenir de la corriente, bebiendo los sueños que le dejan los dioses del rayo al pasar.

Y el sol sigue bañando de luz los paisajes de Tambaque.

Raíces con contrafuertes, prueba de que la vegetación pertenece a un entorno tropical.
Últimos rayos de sol del día.
Al término del recorrido hay venta de comida típica como los bocoles, además pan casero, dulces, plantas ornamentales sembradas en macetas de bambú, y hasta vainilla de Papantla.
Al salir del recorrido, está el Restaurant Tambaque, una edificación de piedra maciza al cobijo de una ceiba y rodeada de plantas exuberantes en donde se pueden comer deliciosos platillos regionales, recomendando así el caldo tres huastecas y las acamayas, así como unas originales y creativas bebidas llamadas Aguas de Afrodita, todo ello atendidos por su propietario el Prof. Mauricio, conocedor de la región, sus leyendas y sus andares. Ahí mismo se pueden hospedar y comprar bebidas para pasar un poco el calorcito de la zona.

Fluír sin un fin más que fluír sin un fin. Gustavo Cerati en su canción Río Babel.

Si desean información sobre restaurantes, hospedaje o camping pueden escribir al correo electrónico:  tambaquecamyrest@yahoo.com.mx o llamar al 482 1034538 y 4821008597.

Tansosob

Salió corriendo al alba, las sandalias se le escurrían entre los dedos porque el lodo estaba pegajoso y frío, posiblemente dejó una o las dos en medio del sendero enmontado, la noche anterior llovió porque Maamlaab, el gran dueño del agua celeste, así lo quiso. El pecho le latía como el tambor, y aunque las ramas la abrazaban con su humedad, no perdió el paso ni un instante, y como el venadito temazate se deslizó con la ilusión de verles de nuevo. Aún estaba pardo el monte. No tenía miedo, ya había recorrido ese mismo camino muchas veces sin perderse, su madre quedóse tranquila pues ella no dijo más que iba por la leña para hacer el café de la mañana. Se fue sin decir a donde porque sabía que estaba prohibido ir sola al sótano. Y en cuanto la bruma comenzó a desmodorrarse entre el dosel arbóreo, la marcha se detuvo casi en un espasmo, ante el abrazo fuerte del palihuiche que le truncó el paso, tan fragante palihuiche colmado de pompones blancos meciéndose al vacío.
Y ahí estaba ella ante la inconmensurable garganta de la tierra, abierta y jadeante, fue acercándose despacio caminando sobre las piedras calizas del borde, serpenteando con sus piernecillas temblorosas el filo del abismo. Su alegría se le desbordaba hacia el fondo del hueco por los ojitos negros de tanta curiosidad, sabía que había llegado a tiempo para verlas salir y eso la hacía feliz. Entonces de pronto un remolino negreaba aún más las fauces abiertas de la sierra, se iba elevando en círculos, cortando el aire a su paso en aleteante estruendo, el remolino viviente remontó como un canto de las entrañas terrestres, zumbidos de aire partido llenaron la oquedad magnífica, veloces saetas avivaron la emoción de la niña que reía en el alma, encaramada en las rocas, desorbitada, deborando con sus cuencos uno a uno los fugaces vencejos. Hasta que no quedó ninguno, todos salieron apresurados de las profundidades para irse a perder en el sopor verdoso de la selva que apenas le amanecía. 
Suspiró satisfecha y de nuevo se internó en el sendero rumbo a Tansosob. Como era de esperarse había quedado descalza y las sandalias ¿quién sabe dónde?, el barro suave se volvió placentero sobre las palmas de sus pies agrietados. Ya no corrió, la meta fue cumplida, y ahora no había más prisa que la que le imponía el hambre. Se fue caminando despacio, dejando tras de sí un montón de tinajitas pintadas en el barro, las huellas de su andar dibujaron la trayectoría de su osadía. Y después, el primer rayo de sol.

Tansosob es una comunidad Teenek ubicada cerca del famoso “Sótano de las Golondrinas” en el municipio de Aquismón en la Huasteca Potosina, cuyo nombre se deriva de dos voces:

Tan: “lugar de”
tsobtsob: “huella” (de pies o patas)

Tantsobtsob:  lugar de la huella.

Padhum

Yo lo vi, estaba parado allá en la punta de aquel risco grande, el que sale más. Estaba quieto mirando todo el valle que pega con la montaña, pero como era mañana de octubre, había mucha neblinita, de esa que se levanta suave entre los encinos, y como a esa hora ya esta todo mundo haciéndose el café y las gordas, pues la humareda de las casas tampoco me ayudó mucho a verlo bien, pero te lo juro que ahí estaba, estaba paradito viendo hacia el valle, solo, tan ausente y presente a la vez, como buscando su valle perdido, porque seguramente aquí vivía antes de que llegaramos, por alla por la cañada honda seguramente iba a refrescarse cuando el calor arreciaba, y los palos esos altos de hualul y volantín, qué va!!! esos han de haber sido sus tapancos, bien cómodos, y en la cueva de los remolinos, uy, ahí debió haberse hecho el nido para que su mujer pariera a sus hijillos, sí, seguramente extraña el valle, sus cerros enmontados, ahorita ya poco queda, todo se lo ha llevado el diablo progreso, pero fíjate,  nada más pasó una nube ligera y se tapó todo el risco y después, como un soplo el tigre se había ido.

Mané Salinas 

APOTEOSIS
La Apoteosis, en la entrada a San Vicente Tancuayalab, fotografía de Angel Yael de Panoramio.
La palabra padhum, viene de la voz Teenek, y quiere decir jaguar, por ello, lugares como Tampasito, en el municipio de San Vicente Tancuayalab en la Huasteca Potosina, que es un palabra hibridizada del castellano y el Teenek Tam-“lugar de”, padhum- “jaguar” e ito- “sufijo castellano que indica diminutivo”, quiere decir “Lugar del jaguarcito”, prueba inequívoca de la herencia cultural y linguística que nos habla un poco de lo que algún día fue la zona de la Huasteca, cuando los jaguares en aquel entonces se paseaban entre los Teenek, y quien sabe cuantos años fue así, antes de que les llegara “el progreso”.

Perfil histórico cultural de Ciudad Mante

Hace poco más de un mes, tuve la fortuna de acompañar a una querida amiga a su tierra natal, Loma Alta, ejido de Gómez Farías, en la mera huasteca Tamaulipeca a la altura de la carretera nacional 85. Además de eso también me invitó a conocer ciudad Mante, bella ciudad por la cual una vez pasé en el 2006 cuando veníamos un amigo biólogo y yo en un autobús desde Ciudad Valles con destino a Monterrey,  en aquel entonces hicimos un viaje de fin de cursos a la Sierra Gorda, y ya veníamos bastante cansados de regreso que ni me percaté siquiera de las calles de la ciudad, por lo que en esta ocasión si tuve la fortuna, comímos ahí unas exquisitas y gigantescas quesadillas, fuimos al mercado, conocí a las despeinadas, esos camiones atiborrados de varitas de caña directo al ingenio, anduvimos en sus callles y hasta nos tomamos una refrescante agua de guapilla!!! Ya en casa de nuestra amiga, cortamos mangos, mangos de todas variedades, además de los ciruelos de la tierra caliente de la especie Spondias mombin, y ni qué decir de las naranjas, chirimoyas, limones, plátanos, aguacates y gran variedad de frutas nativas y naturalizadas.

Leyendo un poco sobre el Mante, me encontré con esta reseña del cronista de la ciudad, espero la disfruten tanto como yo y se animen a conocer tan hermoso municipio del sur del estado de Tamaulipas.

PERFIL HISTÓRICO CULTURAL DE CD. MANTE

Por: Sr. Juan José Mata Bravo (Cronista de la Ciudad)

La región de lo que hoy es el Mante fué conocida por su nombre huasteco de los “cinco potreros de Tamatán”, palabra que ésta en lengua “Tenek” o huasteca que significa “Lugar de canoas”.

Según diversos documentos, era sumamente insalubre a causa de las inundaciones que sufrían las tierras al desbordarse los ríos regionales, principalmente el río Mante, cuyas aguas permanecían meses sin salida dando lugar a la formación de gruesas capas de lama, que se convertían en campo propicio para la proliferación de zancudos, además de que abundaban los “tábanos”, insecto cuya picadura es sumamente dolorosa. Por ésas razones no se produjeron asentamientos humanos de colonos españoles o criollos, ya que no soportaban la insalubridad de la zona, a la que, sin embargo, reconocían como muy fértil y adecuada para diversos cultivos.

Conforme a investigaciones de varios estudiosos, en éstas tierras vivían tribus indígenas de “recolectores-cazadores”, pero con el predominio de pames, chichimecas y janambres. Sobre todo éstos últimos representaban un formidable escollo para los intentos colonizadores, pues atacaban indiscriminadamente a todos los que pretendieran asentarse en cualquier punto de “Tamatán”.

Refieren distintos relatos que los janambres hostilizaban continuamente a los colonos y cuando éstos trataban de repeler los ataques, los indígenas se refugiaban entre el monte formado, entre otras, por una planta muy espinosa, llamada “choveno” o “sinvergüenza’, de donde no había poder humano que los hiciera salir.

Existen, por otra parte, indicios de que desde muy temprano en la conquista de México, la región de El Mante actual fue visitada por varios misioneros agustinos, entre ellos Fray Juan de Mesa, Fray Nicolás de San Paulo (de apellido Witte); Fray Comelio de Bye y Fray Antonio de Roa, quienes misionaron en sitios como el Tamezín (Tamesí, Tanchipa (Tanchipa) y Tanguanchín; ésto según datos aportados por la doctora Patricia Osante en su obra “Orígenes del Nuevo Santander”.

Pero, según las evidencias disponibles, ninguno de ellos estableció alguna misión u otro asentamiento o, por lo menos, ninguna de las fuentes consultadas da razón de ello. Por lo tanto, los “Cinco potreros de Tamatán”, que también se conocían como el “Frondoso paraje de Canoas”, quedaron fuera de las fundaciones oficiales, inclusive de las escandonianas.

La mala calidad de las tierras de San Juan Bautista de Horcasitas (hoy Magiscatzin, municipio de González), fundado por José de Escandón el 11 de mayo de 1749, obligó a varios de sus colonos a incursionar hacia el lado de la Sierra de Tanchipa, incluyendo los alrededores del nacimiento del Río Mante, donde abrieron al cultivo una gran cantidad de tierras fértiles que les garantizaban excelentes cosechas de maíz, frijol, caña de azúcar, chiles y hasta frutales, con lo que aseguraban la subsistencia y obtenían remanentes considerables para comerciar.

Así, en noviembre de 1750, estando Escandón en visita de inspección en Horcasitas, encuentra ya consumado el hecho de la apertura de estas tierras encontrándola justificada y procede a gestionar la donación de las mismas al obispo de Manila, don Manuel Antonio Rojo de la Fuente y Vieyra, quien accedió a lo solicitado por considerarlo de justicia.

Luego de los trámites y de las diligencias requeridas, Escandón ordena al capitán Juan Antonio de Barberena tomar posesión de las tierras de los “Cinco potreros de Tamatán”, lo que según testimonio del propio Barberena ocurre el ocho de marzo de 1764, levantándose la lista oficial de los colonos mercedados, pertenecientes a las parcialidades de indios huastecos y olives que habitaban en Horcasitas. Miguel Velázquez y Ausencio Hemández representaban a los primeros y Andrés Gómez a los segundos. Treinta cinco colonos fueron ubicados en las inmediaciones del nacimiento del Río Mante y sesenta y seis más desde El Abra hasta Tanchipa.

Con base en éstos datos, algunas personas consideran ésta fecha y a éstos colonos como los fundadores de lo que se conocía como “Frondoso paraje de Canoas”, más tarde “Rancho Canoas”, posteriormente Villa Juárez y actualmente Ciudad Mante.

Sin embargo, debernos reconocer que un reparto de tierras no significa, necesariamente, la fundación de un poblado y, en ese sentido, la actual Ciudad Mante no tiene una fecha precisa de fundación.