Viaje etnobotánico a la sierra Otomí-Nahua-Tepehua del norte de Veracruz

El pasado mes de julio tuve la oportunidad de aventurarme en un viaje etnobotánico a la parte norte del estado de Veracruz, más específicamente a la sierra donde convergen tres culturas: la Otomí de las sierras orientales, la Nahua de la Huasteca y la Tepehua.

Anduve visitando los municipios de Ixhuatlán de Madero, Chicontepec de Tejeda, Zontecomatlán de López y Fuentes, Huayacocotla, Zacualpan y Texcatepec. Algunos de manera fugáz, pero llevándome gratos recuerdos y valiosísima información en cada uno de ellos, brindada cordialmente por sus habitantes Otomíes.
El primer día llegué de Linares a Álamo Veracruz en un autobús de la línea Futura de Estrella Blanca, a las 5 de la mañana, de ahí tomé un autobús local de Álamo a la comunidad de Llano de Enmedio municipio de Ixhuatlán de Madero, ahí llegó por mi mi Maestro Otomí el Dr. Luis Pérez Lugo, su primo Don Mayolo y su sobrino Omar, para posteriormente dirigirnos a la cabecera del municipio de Chicontepec y después a la comunidad de Limontitla, en el municipio de Zontecomatlán. Se habló con unas cuantas personas y se levantó el registro de las especies útiles más conspicuas. El tipo de vegetación en Limontitla es Selva Alta Perennifolia, o lo que queda de ella…

Palacio municipal de Chicontepec de Tejeda, El Balcón de las Huastecas, Veracruz.

Calles de Limontitla, Zontecomatlán, Veracruz, y pensar que alguna vez todas estas laderas estuvieron cubiertas de Selva Alta Perennifolia.

Chinche transmisora de la enfermedad de Chagas.

Un amigo muy fresco.
 Después de ahí nos dirigimos a Zontecomatlán donde cenamos, para después partir hacia Huayacocotla, cruzando prácticamente la sierra por todo el espinazo, viendo desde selvas tropicales hasta bosque mesófilo de montaña. De Huayacocotla, donde por cierto hacía mucho frío aquella noche, partimos a la comunidad de Atixtaca por una brecha sinuosa que baja desde Huaya hasta un valle amplio con bosques de niebla y varias plantaciones forestales, ahí pernoctamos en una hermosa cabaña con el mejor de los anfitriones: Doña Clarencia, la madre de mi Maestro Otomí. Ahí conocí a demás a Reyna, la hermana menor del Dr. Lugo, quién me sorprendió que también sea bióloga y se encuentre estudiando la vegetación de la Sierra de Otontepec, una  hermosa serranía aislada en el centro norte de la llanura veracruzana. Aquí hice otro levantamiento de información.

La cabañita donde dormí. De verdad que es un lujo dormir en esta casa en medio del bosque de niebla.

El patio de la casa de Doña Clarencia.

Una yegua.

Aquí las personas suelen criar borregos.

La casa donde me hospedé. Atixtaca, Zacualpan, Veracruz. Tipo de vegetación: bosque mesófilo de montaña.
 Posteriormente partimos en la camioneta hacia la comunidad de Agua de la Gallina, tambien en Zacualpan, pero de ahí bajamos a pie a un rancho privado en la congregación de la Guayaba en donde me mostrarían los famosos Pezmones, helechos arborecentes del género Cyathea, que alguna vez fueron bastante abundantes en toda la franja nubosa de la sierra madre oriental desde Veracruz hasta Oaxaca y que ahora se encuentran en peligro de extinción principalmente por el cambio de uso de suelo. Aquí pude observar uno de los mejores bosques de niebla que he visto en mi vida, pero muy a mi pesar, es solo un pequeño cañón fragmentado de unos cuantos cientos de hectáreas.
Pezmon, helecho arborescente del género Cyathea. Zacualpan, Veracruz.

Bosques de niebla de Zacualpan, Veracruz. Los helechos más pequeños se llaman pezmas.

Pezmas y pezmones, bosques de niebla, Zacualpan, Veracruz.
 Si hay algo que abunda en los bosques húmedos de Veracruz son los hongos, sin embargo, son organismos bastante desconocidos y desafortunadamente no cnozco sus nombres, pero si alguien quiere colaborar para identificarlos, se los vamos a agradecer todos quienes nos interesa conocer más acerca de la diversidad micológica mexicana. 

 Fue aquí donde he visto los liquidámbares más corpulentos y longevos de la sierra, aquí son llamados mirras, y los lugares donde abundan se les denomina mirrales.

Mi maestro Otomí, el Dr. Luis Pérez Lugo al lado de los liquidpambares más grandes del área.

El cayado de un helecho arborescente.

Helechos por todas partes. Nunca había visto tantos, sin embargo los más altos los vi en los bosques de niebla de  Tlanchinol, Hidalgo.

Se dice que aquí manda una mafia maderera lidereada por un solo dueño que no aprovecha, más bien explota la madera sin importar la integridad de los bosuques más biodiversos de la Sierra Madre Oriental. Desafortunadamente la CONAFOR está de acuerdo y premia las horribles plantaciones forestales sin dilucidar que éstas son un simple huerto de árboles, sin un ápice de biodiversidad como la tendría un bosque natural maduro.
 Después de ver los mejores bosques de niebla de la zona, partimos a la comunidad precisamente de la Pezma. Aquí también pude recavar mucha información y especies diferentes que la gente usa en su devenir cotidiano y además varias de ellas con un significado ritual. Esa tarde en la Pezma cayó un fuerte aguacero que al sonar sobre el techo de lámina en la casa de Doña Victoria, nuestra anfitriona, creaba un fuerte estruendo que sobresaltaba, sin contar que un gato noviero que nunca pude ver, se la pasó maullando incesantemente después de la tormenta y aún en las primeras horas de la mañana. Aquí además pude ver una gran variedad de animales domésticos que conviven de diaro con los habitantes de la Pezma.
La comunidad de la Pezma en un límpido amanecer de julio.

Vista desde la comunidad de la Pezma.

Lana secándose al sol.

Borregas.

Marranos bebés que para impedir que escapen entre las cercas, se les amarran al cuello horcones de diferentes tipos de madera.

De los compañeros más antiguos que tiene nuestro pasado indígena, el guajolote.

Una postal bizarra.

En ningún rincón de México pueden faltar las gallinas, que sin bien son asiáticas, se han adaptado perfectamente a nuestro entorno.

El Piojo, perro campero, raza criolla común en la zona.
Las vacas tampoco faltan en la geografía mexicana, desafortunadamente la dependencia a la carne traída por los españoles ha resultado en la apertura de muchos potreros para mantener hatos de ganado, que ha resultado en un intenso cambio de uso de suelo. Se acaba la salud humana y se acaban los bosques por creer que consumir carne a diario es saludable…

Y con los excrementos vacunos llegan más hongos.

Con los españoles también llegó el ganado equino.

Y deambulando por ahí, un montón de gatitos.
Las flores abundan ambién en los solares de las casas, en los caminos vecinales, las milpas y las brechas, la gran mayoría nativas y algunas malezas.

Orquídea.
Flor sin id.
Una huele de noche del género Mirabilis.

No me olvides, sin id.

Florifundio, Brugmansia sanguinea.

Hierba del zopilote, Ageratina sp.

Salvia sp.
Flor sin id.
Flor sin id.
La siguiente comunidad muestreada fue Cerro Chato, al pie de un imponente cerro de roca caliza que se considera sagrado.
El cerro Chato.
Vista desde Cerro Chato.
Parvadita de guajolotes en la comunidad de Cerro Chato.

Un gallo solitario en la comunidad de Cerro Chato.

Milpa al borde del abismo. Comunidad de El Tundó.
La siguiente comunidad fue Zacualpan, bajando por Agua Blanca en el estado de Hidalgo. Aquí hay varias minas de caolín y la extracción maderera es sumamente intensa, el tipo de vegetación es bosque de coníferas en su mayoría. El plan original era bajar de nuevo a Atixtaca y de ahí a las comunidades con selva tropical, pero un derrumbe adelante de la comunidad de Tzocohuite nos lo impidió, así que rodeamos por la cabecera de Zacualpan. Realmente pensaba que todas las cabeceras municipales de México tenían acceso pavimentado, me di cuenta de mi error, pues Zacualpan carece de carretera, solo se accede por brecha. Algunas comunidades por las que pasamos fueron Cruz de Ataque, Monte Obscuro (que de obscuro no tiene nada, solo hay plantaciones jóvenes de Pinus patula, muy deprimente, la verdad), Canalejas de Otates y El Manzanal. 
Deslave hacia Atixtaca adelante de la comunidad del Tozocohuite. En verdad que mis respetos al Dr. Lugo quien se sabe todos los caminos de la zona y sobre todo maneja muy bien de noche. Nada lo detiene.
Tiendita de paso en la comunidad de Tzocohuite.
Barranca cerca de la comunidad Tzocohuite. De las pocas zonas con bosques conservados debido principalmente a la inaccecibilidad para aprovechar la madera.

Tan cerca y tan lejos, Atixtaca se ve en el fondo de las barrancas pero debido al deslave tuvimos que rodear por la cabecera de Zacualpan.

Desafortunadamente en esta parte del municipio de Zacualpan hay muchísima extracción maderera, a mi parecer, bastante inadecuada.

Camino por la comunidad de Monte Obscuro.

La piedra parada, curioso mogote de roca caliza.

Monte Obscuro, de las pocas partes con bosques más o menos maduros.
Hornos para hacer carbón.
Riscos casi llegando a la comunidad de Zacualpan.

Pinguiculas sp. pequeñs plantas carnívoras creciendo en una pared por donde escurre agua durante la temporada de lluvias.
Pasamos Zacualpan y dimos vuelta por el camino que va para Atixtaca, pero antes de eso pasamos por un vivero que la CONAFOR tiene en la comunidad de Pueblo Viejo, donde realmente quedé impactada y decepcionada de lo que los cargos forestales del país son capaces de hacer. Pues a grandes rasgos resulta que el vivero produce una especie de pino que ni siquiera es de la zona: Pinus chiapensis, que si bien es una especie nativa de México y América Central y está asociado al bosque mesófilo de montaña, no se distribuye naturalmente tan al norte de Veracruz, más bien se ubica en los estados de Oaxaca y como su nombre lo indica: en Chiapas, y de ahí hacia Centroamérica. ¿Entonces porqué la CONAFOR siembra y distribuye esta especie en lugar de usar especies nativas? Son preguntas cuya respuesta solo atiende al mercado y al bolsillo…Pues por lo general a CONAFOR le resulta molesto investigar qué especies son las que crecen naturalmente en la zona, y además, mucho menos o nada les importa lo que los antiguos y originales pobladores Otomíes y Tepehuas de estas sierras tengan para decirnos acerca de cuáles son los árboles o las plantas que ellos más valoran y además son excelente candidatos para hacer reforestaciones, restauraciones e incluso plantaciones.

Vivero Forestal en Pueblo viejo, Zacualpan, Veracruz.
De hecho de eso versará el capítlo II de mi tesis de Doctorado, y el motivo de este viaje, expresamente para conocer los árboles nativos y valorados por los Otomíes que tengan potencial para la restauración de las zonas degradadas, y que, de lograrlo, sirva como guía para que la CONAFOR se acostumbre a escuchar la opinión de los pobladores locales y biólogos y aprenda a hacer los proyectos adecuadamente usando especies nativas desde el principio.
Además, me comentaban los forestales que atienden el vivero, que ellos tampoco no comprenden las órdenes de sus superiores, debido a que las personas acudían al vivero en busca de especies como el tlacuilo (Ulmus mexicana) y el palo escrito (Dalbergia palo-escrito), árboles de maderas que podrían considerarse preciosas y que en la actualidad son extremadamente escasos en la sierra de la región. 
Tallado en madera de talcuilo. Tlacuilo quiere decir en náhuatl: el que pinta escribiendo, el veteado de esta dura madera tropical es extraordinario y parece precisamente que está pintado.
Semillas de Palo escrito.
Aunque, he de aceptar que hubo gratas sorpresas. En la misma zona hay una cabaña muy confortable para que vengan a quedarse los investigadores, al lado corre un arroyo entre helechos arborescentes y mirras (Liquidambar stryraciflua) y además hay un hermoso orquidario obra de un biólogo investigador orgullosamente originario de Zacualpan, que logró colectar más de 70 especies de orquídeas, bromelias y helechos epífitos. Espero pronto ponerme en contacto para leer detenidamente su tesis que debe ser una joya única en esta zona de Veracruz. Por lo pronto les dejo las fotos para que se animen a conocer este interesante orquidario. 

Después de dejar Pueblo viejo, pasamos al recorrido que va de Atixtaca a bajar de nuevo a la llanura costera veracruzana a Llano de Enmedio y de ahí de nuevo a Álamo – Linares. Todas las localidades tuvieron lo suyo, pero este recorrido en especial que baja desde el bosque de niebla  a la llanura, me resultó espectacular. Tuve la oportunidad de ver desde arriba los bosques de niebla con helechos en donde estuve unos días antes, desde un puerto donde se divisan los relictos mejor conservados en el Rancho Las Guayabas, un poco antes del atardecer.

Vista del Rancho de Las guayabas, con los mejores bosques de niebla de la zona.
Desde Atixtaca hasta el punto donde pernoctamos pasamos las siguientes localidades por el lomo de los cerros: Las Mesillas, El Mezquite, El Manzano, El Batda, Agua Linda, El Tomate, El Capulín, Texcatepec (Cabecera municipal del mismo nombre que tampoco tiene carretera pavimentada para acceder), Las Canoas y finalmente Pie de la Cuesta a donde llegamos a dormir en medio de un tremendo aguacero. Aquí nos atendió de lo lindo una familia allegada al Dr. Lugo, he de aceptar que  en la sierra después de un viaje ajetreado es donde mejor se duerme. Bajamos de 1874 msnm en Atixtaca a 1446 en Pie de la Cuesta.

Pie de la Cuesta, Texcatepec, Veracruz. Los cerros calizos me recurdan mucho a Xilitla, S. L. P. Al fin Huasteca, todo es carso.
Aquí trabaje parte de la mañana y seguimos bajando, descubriendo por mi parte que estábamos cruzando por en frente de los cerros en donde se ubica el Cerro Chato, localidad en la que habíamos estado días antes y en medio una cañada profundísima por donde escurre el río Vinazco. Más abajo pasamos por La Mirra, Ayotuxtla, El Jabal, Cumbre del lindero y finalmente nuestro otro objetivo de ese día: Tzicatlan, totalmente de vuelta al sofocante clima del trópico que tanto amo.

El Cerro Chato visto desde “en frente”, y en medio la cañada por donde escurre el río Vinazco.

Señora Otomí de la comunidad de Ayotuxtla recargada en un cedrito rojo, que amablemente nos compartío del desayuno que aquel día le llevaba a su esposo a la labor.

Hermoso río Vinazco. De vuelta al magnífico clima tropical del faldeo de las sierras.
En Tzicatlan, hice más búqueda de información, ese día fue día de plaza y el mercado estaba lleno de comerciantes Otomíes y Nahuas con sus productos de todos lados y muchos de ellos cultivados en sus propios solares, además aquí la vegetación ofrecía otras posibilidades y otros nombres de plantas distintos. Pude ver una especie de “pata de cabra” (Bauhinia sp.) en floración que nunca había visto y además conocí un médico-curandero otomí, quedando a ratos inmersa en una conversación castellano-otomí que me hubiese encantado comprender. Aquí conocí también los cacahuates crudos sin tostar, bastante sabrosos. Y no faltó la foto a un pollito solitario que de no ser porque no me dejan subir con animales al autobús, me lo hubiese traído desde Veracruz a Linares 🙂

Bauhinia sp. en floración. Nueva para mi.
Polluelo solitario en la comunidad de Tzicatlan, Texcatepec, Veracruz.
Desde Tzicatlan son aproximadamente hora y media hasta la carretera que va de Llano de Enmedio hasta Chicontepec, para bajar pasamos las comunidades de Agua Fría, El Cuayo, La Esperanza, La Pahua, El Naranjal, Otlayo, Escuatitla, Tepetzintla, Rancho Nuevo, Ixtacahuayo, Tlaltzintla, Hueyhuatl, El Crucero, Azoquitipa, Tlamaya, Otlatempa, Huexoco, El Puente y El Paraje en donde se  acaba la terracería y comienza la carretera, de ahí nos fuimos hasta Llano de enmedio en donde la travesía continuaría al municipio de Tlachichilco y después al vecino estado de Hidalgo a los municipios de Huehuetla y San Bartolo Tutotepec, pero que desafortunadamente a causas ajenas a mi interés no pude seguir el viaje, pero prometí volver el diciembre. Así será…

Algo que me dejó profundamente desilusionada fue la gran devastación que ha sufrido esta parte de Veracruz, no es novedad que dicho estado de la república sea de los que menos vegetación primaria conservan, pero es muy triste debido a que irónicamente es uno de los más biodiversos.
Comunidad de La Pahua, rumbo a Ixtacahuayo y la Carretera de Chicontepec a Llano de Enmedio, Veracruz.
Al final del viaje tomé el último autobús que sale de Llano de enmedio en Ixhuatlán de Madero a las 7 de la tarde con destino a la cabecera del municipio de Álamo y de ahí el autobús a Monterrey de las 9 y media de la noche, llegando a las 5 de la mañana a Linares, Nuevo León. El próximo viaje será en vehículo propio saliendo de Linares y tendré la posibilidad de llevar 2 pasajeros extras que estén realmente interesados en conocer estos parajes desde su bioculturalidad. 
Sin embargo, si desean conocer esta zona de Veracruz por su parte, no duden en contactarme para proporcionarles la información y los contactos necesarios para llegar. Eligan hacer etno, agro y ecoturismo.

Le agradezco infinitamente a todos quienes colaboraron para que mi visión etnobotánica otomí se enriqueciera, pero especialmente al Dr. Luis Pérez Lugo por llevarme con él y tenerle la suficiente paciencia a mi inquisitiva, inexperta y débil persona, por eso  y mucho más es un gran maestro.

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La diversidad cultural de la Sierra Madre Oriental

El primer mapa de la Huasteca de Abraham Ortellius. Nótese la toponímia en su mayoría Hasteca.

De nuevo una entrada haciendo alusión a la Región cultural de la Huasteca. Suelo hacer mucho hincapié en la zona porque dentro de la Sierra Madre Oriental, que como ya he explicado en antiguas entradas (Subprovincias fisiográficas de México, Regionalización  fisiográfica de la Sierra Madre Oriental), la sierra abarca prácticamente todo el noreste de México, pero su parte más meriodional o sureña, la Huasteca, es el área con mayor diversidad de especies y culturas,  que bien es equiparable a mencionar el bajío, la sierra tarahumara, la región mayense, la mesa purépecha, la sierra huichola, la mesa del Nayar o la selva lacandona. Todas estas regiones culturales tienen el común denominador de una gran riqueza en biodiversidad y en cultura.
Desafortunadamente el pasado cultural del norte de la SMOr, fue destruido casi en su totalidad, y no quedan muchos vestigios vivos de su existencia, salvo la étnia Kikapú de Coahuila, todo lo demás son grabados y pinturas rupestres como las que recientemente se encontraron enclavadas en unas cuevas en la sky island Sierra de San Carlos, al norte del Estado de Tamaulipas.

Kikapúes de Coahuila, México.
 
Pinturas rupestres en las cuevas de la Sierra de San Carlos al noroeste del estado de Tamaulipas.
Sin embargo, estas piedras incomprendidas nada nos dicen acerca del acervo vivo de cómo eran las relaciones del humano y la naturaleza. Toda esa riqueza solo quedó plasmada en fragmentos en algunos escritos de los conquistadores. Fue entonces que por sus condiciones climáticas de aridéz y lejanía, las sierras septentrionales son las mejor conservadas de la SMOr.

Sierra de Menchaca al norte del Valle de Cuatrociénegas Coahuila, en perfecto estado de conservación.

Prácticamente todas las serranías que surcan el estado de Coahuila pertenecen a ella y lo constatan, así bien, la Sierra de Picachos y el cinturón de sierras de Nuevo León, como también la parte que cruza el estado de Tamaulipas, donde comienza la Huasteca cruzando el río Guayalejo en el municipio de Llera, encontramos todavía buenos vestigios de conservación como la reserva de la Biósfera el Cielo, y aunque en menor medida, también ciertas zonas serranas rodeadas de tierras cañeras al norte de San Luis Potosí como la Reserva de la Biósfera de Abra Tanchipa, y las serranías del Naranjo, Ciudad del Maíz y Tamasopo, donde aún hay un excelente hábitat para mamíferos indicadores de conservación como el jaguar (Investigación: Abundancia del jaguar (Panthera onca) y de sus presas en el municipio de Tamasopo, San Luis Potosí).

Ejido San José, Reserva de la Biósfera El Cielo, Gómez Farías, Tamaulipas.
Tomando como base la carretera que cruza de Río Verde a Ciudad Valles en San Luis Potosí y exceptuando la Sierra Gorda Guanajuatense y Queretana, de ahí para abajo, el panorama de conservación de la vegetación primaria de la SMOR es evidentemente muy escaso.

Sierra Gorda Queretana, cuyas sierras se encuentra en su mayoría en buen estado de conservación.
Empero de su devastación, la región Huasteca, hasta la fecha es hogar de 7 grupos culturales: los Teenek o Huastecos, los Nahuas, los Otomíes de la Sierra, los Pames, los Chichimecas Jonáces, los Tepehuas y los Totonacos, más los mestizos.

Pames de Santa María Acapulco, San Luis Potosí.

Chichimecas jonáces de San Luis de la Paz, Guanajuato.

Teenek de Tanlajás, San Luis Potosí.

Otomíes de la Sierra, San Pablito Pahuatlán, Puebla.

Tepehuas de Pisaflores, Veracruz.

Totonacos de la región del Río Pantepec, Veracruz y norte de Puebla.

Nahuas de la Huasteca.
Mestizos en las festividades de Semana Santa en Tanlajás, San Luis Potosí.
Pero como ya mencioné, esta zona de la sierra ha sido transformada casi en su totalidad; su clima favorablemente húmedo, así como su paisaje boscoso y abrupto ha gestado múltiples relaciones etnobiológicas. Y así había sido por cientos de años sin aparente disturbio, hasta la aparición del yugo español, que dió paso a nuevas tecnologías de aprovechamiento de la tierra, llegando así el ganado bovino y desplazando la usanza ocasional de comer carne de venado, temazate, jabalí y mucha otra fauna silvestre en menor proporción a como se comían hojas, frutos, semillas, insectos, miel, mariscos y muchos otros alimentos, no solo carne. Así se erosionaron los cerros, se extendieron las milpas, se tumbaron los bosques y la parte sureña de la SMOr, la más rica en biodiversidad y cultura, es ahora la más devastada y a la vez marginada.

Lo que antes fue una selva continua se convirtió en potreros en Tancanhuitz de Santos, al fondo la Sierra de Aquismón, San Luis Potosí.
El valle que alguna vez fue selva alta y mediana perennifolia rodeando la SMOr como las mismas selvas que quedan en Veracruz y Chiapas, que se extendían hasta Tampico y Pánuco, ahora son ranchos grandísimos en manos de unos cuantos propietarios, mientras que las montañas a donde el español ahuyentó a los dueños legítimos de aquellos valles, es decir los Teenek, quienes se toparon a su vez con los Nahuas, Otomíes y Tepehuas, ahora es tapiz de contrastantes mizcahuales, o potreros para las vacas, pedazos de selva y bosque de niebla secundarios, miles de comunidades encaramadas en las lomas pelonas, una red telarañezca de tendido eléctrico en todos los rincones y uno que otro pico conservado como el Cerro Grande, La Silleta y los riscos de Tecaya en San Luis Potosí, el Cerro de Lontla , el Cerro de la Aguja y el Cerro de Tehuetlan en Hidalgo, la sierra de Otontepec en Veracruz, etc.
Cerro de Lontla, Hidalgo.
Sierra de Otontepec, Veracruz.

Cerro de La Silleta, San Luis Potosí.

Cerro de La Aguja, Hidalgo.

Digamos que a grandes rasgos Ciudad Valles en el estado de San Luis Potosí, es el umbral de los contrastes. Por un lado hacia el norte, en la sierra ya no quedan muchos vestigios vivos de los antiguos pobladores étnicos, salvo los Kikapúes en las sierras de Múzquiz Coahuila, pero en su mayoría conservan bastante bien su vegetación primaria de bosques mixtos y matorrales, así mismo su biodiversidad, mientras que para el sur hay muchos tipos de vegetación sobre todo tropicales y biodiversidad, además seis étnias (Teenek, Pames, Nahuas, Otomíes de la Sierra, Tepehuas y Totonacos), pero muy escasos sitios conservados.

Ello ha formado ese sincretismo tan particular a partir de una mezcla entre las étnias, los mestizos, su historia, la geografía, la religión y muchos más factores, quienes han visto nacer una gran riqueza cultural y se han autodenominado todos por igual: Huastecos. 

No puede faltar ese sentimiento de pertenencia representado en una de las aves más carismáticas de la franja tropical que surca la región meridional de la SMOr.
Entonces, la SMOr, es por excelencia, una biorregión de contrastes bioculturales intensos y vivos, que engalanan y enriquecen la tierra de México y en apenas 1350 km de distancia hay más especies, más lenguas, más tipos de suelo, climas y geoformas que en toda Inglaterra. Otra razón por la cual sentirme viviendo en un paraíso que no cambio.

Fotografías tomadas de la red y la página de facebook de Tancanhuitz y Tanlajás.