La diversidad cultural de la Sierra Madre Oriental

El primer mapa de la Huasteca de Abraham Ortellius. Nótese la toponímia en su mayoría Hasteca.

De nuevo una entrada haciendo alusión a la Región cultural de la Huasteca. Suelo hacer mucho hincapié en la zona porque dentro de la Sierra Madre Oriental, que como ya he explicado en antiguas entradas (Subprovincias fisiográficas de México, Regionalización  fisiográfica de la Sierra Madre Oriental), la sierra abarca prácticamente todo el noreste de México, pero su parte más meriodional o sureña, la Huasteca, es el área con mayor diversidad de especies y culturas,  que bien es equiparable a mencionar el bajío, la sierra tarahumara, la región mayense, la mesa purépecha, la sierra huichola, la mesa del Nayar o la selva lacandona. Todas estas regiones culturales tienen el común denominador de una gran riqueza en biodiversidad y en cultura.
Desafortunadamente el pasado cultural del norte de la SMOr, fue destruido casi en su totalidad, y no quedan muchos vestigios vivos de su existencia, salvo la étnia Kikapú de Coahuila, todo lo demás son grabados y pinturas rupestres como las que recientemente se encontraron enclavadas en unas cuevas en la sky island Sierra de San Carlos, al norte del Estado de Tamaulipas.

Kikapúes de Coahuila, México.
 
Pinturas rupestres en las cuevas de la Sierra de San Carlos al noroeste del estado de Tamaulipas.
Sin embargo, estas piedras incomprendidas nada nos dicen acerca del acervo vivo de cómo eran las relaciones del humano y la naturaleza. Toda esa riqueza solo quedó plasmada en fragmentos en algunos escritos de los conquistadores. Fue entonces que por sus condiciones climáticas de aridéz y lejanía, las sierras septentrionales son las mejor conservadas de la SMOr.

Sierra de Menchaca al norte del Valle de Cuatrociénegas Coahuila, en perfecto estado de conservación.

Prácticamente todas las serranías que surcan el estado de Coahuila pertenecen a ella y lo constatan, así bien, la Sierra de Picachos y el cinturón de sierras de Nuevo León, como también la parte que cruza el estado de Tamaulipas, donde comienza la Huasteca cruzando el río Guayalejo en el municipio de Llera, encontramos todavía buenos vestigios de conservación como la reserva de la Biósfera el Cielo, y aunque en menor medida, también ciertas zonas serranas rodeadas de tierras cañeras al norte de San Luis Potosí como la Reserva de la Biósfera de Abra Tanchipa, y las serranías del Naranjo, Ciudad del Maíz y Tamasopo, donde aún hay un excelente hábitat para mamíferos indicadores de conservación como el jaguar (Investigación: Abundancia del jaguar (Panthera onca) y de sus presas en el municipio de Tamasopo, San Luis Potosí).

Ejido San José, Reserva de la Biósfera El Cielo, Gómez Farías, Tamaulipas.
Tomando como base la carretera que cruza de Río Verde a Ciudad Valles en San Luis Potosí y exceptuando la Sierra Gorda Guanajuatense y Queretana, de ahí para abajo, el panorama de conservación de la vegetación primaria de la SMOR es evidentemente muy escaso.

Sierra Gorda Queretana, cuyas sierras se encuentra en su mayoría en buen estado de conservación.
Empero de su devastación, la región Huasteca, hasta la fecha es hogar de 7 grupos culturales: los Teenek o Huastecos, los Nahuas, los Otomíes de la Sierra, los Pames, los Chichimecas Jonáces, los Tepehuas y los Totonacos, más los mestizos.

Pames de Santa María Acapulco, San Luis Potosí.

Chichimecas jonáces de San Luis de la Paz, Guanajuato.

Teenek de Tanlajás, San Luis Potosí.

Otomíes de la Sierra, San Pablito Pahuatlán, Puebla.

Tepehuas de Pisaflores, Veracruz.

Totonacos de la región del Río Pantepec, Veracruz y norte de Puebla.

Nahuas de la Huasteca.
Mestizos en las festividades de Semana Santa en Tanlajás, San Luis Potosí.
Pero como ya mencioné, esta zona de la sierra ha sido transformada casi en su totalidad; su clima favorablemente húmedo, así como su paisaje boscoso y abrupto ha gestado múltiples relaciones etnobiológicas. Y así había sido por cientos de años sin aparente disturbio, hasta la aparición del yugo español, que dió paso a nuevas tecnologías de aprovechamiento de la tierra, llegando así el ganado bovino y desplazando la usanza ocasional de comer carne de venado, temazate, jabalí y mucha otra fauna silvestre en menor proporción a como se comían hojas, frutos, semillas, insectos, miel, mariscos y muchos otros alimentos, no solo carne. Así se erosionaron los cerros, se extendieron las milpas, se tumbaron los bosques y la parte sureña de la SMOr, la más rica en biodiversidad y cultura, es ahora la más devastada y a la vez marginada.

Lo que antes fue una selva continua se convirtió en potreros en Tancanhuitz de Santos, al fondo la Sierra de Aquismón, San Luis Potosí.
El valle que alguna vez fue selva alta y mediana perennifolia rodeando la SMOr como las mismas selvas que quedan en Veracruz y Chiapas, que se extendían hasta Tampico y Pánuco, ahora son ranchos grandísimos en manos de unos cuantos propietarios, mientras que las montañas a donde el español ahuyentó a los dueños legítimos de aquellos valles, es decir los Teenek, quienes se toparon a su vez con los Nahuas, Otomíes y Tepehuas, ahora es tapiz de contrastantes mizcahuales, o potreros para las vacas, pedazos de selva y bosque de niebla secundarios, miles de comunidades encaramadas en las lomas pelonas, una red telarañezca de tendido eléctrico en todos los rincones y uno que otro pico conservado como el Cerro Grande, La Silleta y los riscos de Tecaya en San Luis Potosí, el Cerro de Lontla , el Cerro de la Aguja y el Cerro de Tehuetlan en Hidalgo, la sierra de Otontepec en Veracruz, etc.
Cerro de Lontla, Hidalgo.
Sierra de Otontepec, Veracruz.

Cerro de La Silleta, San Luis Potosí.

Cerro de La Aguja, Hidalgo.

Digamos que a grandes rasgos Ciudad Valles en el estado de San Luis Potosí, es el umbral de los contrastes. Por un lado hacia el norte, en la sierra ya no quedan muchos vestigios vivos de los antiguos pobladores étnicos, salvo los Kikapúes en las sierras de Múzquiz Coahuila, pero en su mayoría conservan bastante bien su vegetación primaria de bosques mixtos y matorrales, así mismo su biodiversidad, mientras que para el sur hay muchos tipos de vegetación sobre todo tropicales y biodiversidad, además seis étnias (Teenek, Pames, Nahuas, Otomíes de la Sierra, Tepehuas y Totonacos), pero muy escasos sitios conservados.

Ello ha formado ese sincretismo tan particular a partir de una mezcla entre las étnias, los mestizos, su historia, la geografía, la religión y muchos más factores, quienes han visto nacer una gran riqueza cultural y se han autodenominado todos por igual: Huastecos. 

No puede faltar ese sentimiento de pertenencia representado en una de las aves más carismáticas de la franja tropical que surca la región meridional de la SMOr.
Entonces, la SMOr, es por excelencia, una biorregión de contrastes bioculturales intensos y vivos, que engalanan y enriquecen la tierra de México y en apenas 1350 km de distancia hay más especies, más lenguas, más tipos de suelo, climas y geoformas que en toda Inglaterra. Otra razón por la cual sentirme viviendo en un paraíso que no cambio.

Fotografías tomadas de la red y la página de facebook de Tancanhuitz y Tanlajás.

Anuncios

¿Flojera o estrategia?

Una reflexion para mis adentros y para el mundo entero, en la obertura del verano ¿Será flojera o será estrategia? Desde niña y durante los meses cálidos de primavera y verano, a eso de la una de la tarde, se me quitan las ganas de trabajar y me da por dormir, para volver a reactivarme como a las 4 de la tarde. No me puedo imaginar desgastándome en esas horas tan pesadas con estos soles de la zona intertropical mexicana. 
Ahora bien, en una sociedad en la que todos viven tan a prisa, soy el ejemplo vivo de la ineficacia, la pereza y la improductividad, pero si miro hacia atrás en mis ancestros cazadores-recolectores, no creo que ellos tampoco estuvieran tatemándose la cabeza a las 3 de la tarde en pleno matorral, a esa hora ni las lagartijas, entonces, estratégicamente duermo una o dos horas después de comer para levantarme llena de energía, con ideas creativas y la mente descansada y así seguir investigando el mundo en el que vivo, y hasta ahorita me ha funcionado. 
Esto lo vi en los Pames de San Luis Potosí, en donde sus vecinos mestizos de Querétaro, no hacían más que relegarlos por “perezosos”, pero los Pames se levantan a las 5 de la mañana a sembrar, para a las 11 o 12 desayunar y echarse a dormir toda la tarde y comenzar la faena cuando baje el sol. 
Por ello agradezco el tener una vida con un ritmo suave que me permite disfrutar a razon de los ciclos que sigue la naturaleza y no la loca carrera de  las sociedades humanas actuales corren sin parar diecto hacia una muerte prematura de tanto estrés. 

Perfil histórico cultural de Ciudad Mante

Hace poco más de un mes, tuve la fortuna de acompañar a una querida amiga a su tierra natal, Loma Alta, ejido de Gómez Farías, en la mera huasteca Tamaulipeca a la altura de la carretera nacional 85. Además de eso también me invitó a conocer ciudad Mante, bella ciudad por la cual una vez pasé en el 2006 cuando veníamos un amigo biólogo y yo en un autobús desde Ciudad Valles con destino a Monterrey,  en aquel entonces hicimos un viaje de fin de cursos a la Sierra Gorda, y ya veníamos bastante cansados de regreso que ni me percaté siquiera de las calles de la ciudad, por lo que en esta ocasión si tuve la fortuna, comímos ahí unas exquisitas y gigantescas quesadillas, fuimos al mercado, conocí a las despeinadas, esos camiones atiborrados de varitas de caña directo al ingenio, anduvimos en sus callles y hasta nos tomamos una refrescante agua de guapilla!!! Ya en casa de nuestra amiga, cortamos mangos, mangos de todas variedades, además de los ciruelos de la tierra caliente de la especie Spondias mombin, y ni qué decir de las naranjas, chirimoyas, limones, plátanos, aguacates y gran variedad de frutas nativas y naturalizadas.

Leyendo un poco sobre el Mante, me encontré con esta reseña del cronista de la ciudad, espero la disfruten tanto como yo y se animen a conocer tan hermoso municipio del sur del estado de Tamaulipas.

PERFIL HISTÓRICO CULTURAL DE CD. MANTE

Por: Sr. Juan José Mata Bravo (Cronista de la Ciudad)

La región de lo que hoy es el Mante fué conocida por su nombre huasteco de los “cinco potreros de Tamatán”, palabra que ésta en lengua “Tenek” o huasteca que significa “Lugar de canoas”.

Según diversos documentos, era sumamente insalubre a causa de las inundaciones que sufrían las tierras al desbordarse los ríos regionales, principalmente el río Mante, cuyas aguas permanecían meses sin salida dando lugar a la formación de gruesas capas de lama, que se convertían en campo propicio para la proliferación de zancudos, además de que abundaban los “tábanos”, insecto cuya picadura es sumamente dolorosa. Por ésas razones no se produjeron asentamientos humanos de colonos españoles o criollos, ya que no soportaban la insalubridad de la zona, a la que, sin embargo, reconocían como muy fértil y adecuada para diversos cultivos.

Conforme a investigaciones de varios estudiosos, en éstas tierras vivían tribus indígenas de “recolectores-cazadores”, pero con el predominio de pames, chichimecas y janambres. Sobre todo éstos últimos representaban un formidable escollo para los intentos colonizadores, pues atacaban indiscriminadamente a todos los que pretendieran asentarse en cualquier punto de “Tamatán”.

Refieren distintos relatos que los janambres hostilizaban continuamente a los colonos y cuando éstos trataban de repeler los ataques, los indígenas se refugiaban entre el monte formado, entre otras, por una planta muy espinosa, llamada “choveno” o “sinvergüenza’, de donde no había poder humano que los hiciera salir.

Existen, por otra parte, indicios de que desde muy temprano en la conquista de México, la región de El Mante actual fue visitada por varios misioneros agustinos, entre ellos Fray Juan de Mesa, Fray Nicolás de San Paulo (de apellido Witte); Fray Comelio de Bye y Fray Antonio de Roa, quienes misionaron en sitios como el Tamezín (Tamesí, Tanchipa (Tanchipa) y Tanguanchín; ésto según datos aportados por la doctora Patricia Osante en su obra “Orígenes del Nuevo Santander”.

Pero, según las evidencias disponibles, ninguno de ellos estableció alguna misión u otro asentamiento o, por lo menos, ninguna de las fuentes consultadas da razón de ello. Por lo tanto, los “Cinco potreros de Tamatán”, que también se conocían como el “Frondoso paraje de Canoas”, quedaron fuera de las fundaciones oficiales, inclusive de las escandonianas.

La mala calidad de las tierras de San Juan Bautista de Horcasitas (hoy Magiscatzin, municipio de González), fundado por José de Escandón el 11 de mayo de 1749, obligó a varios de sus colonos a incursionar hacia el lado de la Sierra de Tanchipa, incluyendo los alrededores del nacimiento del Río Mante, donde abrieron al cultivo una gran cantidad de tierras fértiles que les garantizaban excelentes cosechas de maíz, frijol, caña de azúcar, chiles y hasta frutales, con lo que aseguraban la subsistencia y obtenían remanentes considerables para comerciar.

Así, en noviembre de 1750, estando Escandón en visita de inspección en Horcasitas, encuentra ya consumado el hecho de la apertura de estas tierras encontrándola justificada y procede a gestionar la donación de las mismas al obispo de Manila, don Manuel Antonio Rojo de la Fuente y Vieyra, quien accedió a lo solicitado por considerarlo de justicia.

Luego de los trámites y de las diligencias requeridas, Escandón ordena al capitán Juan Antonio de Barberena tomar posesión de las tierras de los “Cinco potreros de Tamatán”, lo que según testimonio del propio Barberena ocurre el ocho de marzo de 1764, levantándose la lista oficial de los colonos mercedados, pertenecientes a las parcialidades de indios huastecos y olives que habitaban en Horcasitas. Miguel Velázquez y Ausencio Hemández representaban a los primeros y Andrés Gómez a los segundos. Treinta cinco colonos fueron ubicados en las inmediaciones del nacimiento del Río Mante y sesenta y seis más desde El Abra hasta Tanchipa.

Con base en éstos datos, algunas personas consideran ésta fecha y a éstos colonos como los fundadores de lo que se conocía como “Frondoso paraje de Canoas”, más tarde “Rancho Canoas”, posteriormente Villa Juárez y actualmente Ciudad Mante.

Sin embargo, debernos reconocer que un reparto de tierras no significa, necesariamente, la fundación de un poblado y, en ese sentido, la actual Ciudad Mante no tiene una fecha precisa de fundación.