Yo soy quien escribe desde este lado de la pantalla

Bueno. Me declaro asidua lectora de múltiples blogs, leo blogs con recetas de cocina, hasta biogeografía, política, leyendas, manualidades, poemas, crítica y también de literatura de terror, sin olvidar historia, antropología, fotografía  y uno que otro con las andanzas de ciertos personajes.
En realidad leo de todo y agradezco mucho que a la gente le guste escribir para el mundo, sin embargo, poco o nada sé de quienes se ponen del otro lado de la pantalla a escribir para nuestro goce.
Así que en esta entrada dejo un pequeño párrafo que describe en breve quien es quien les escribe con muchísimo gusto y pasión por la sierra, de este lado de la pantalla.
Me llamo María Magdalena Salinas Rodríguez, pero desde niña me llaman Mané, igual que como a mi madre le decían sus primas de jóven pero con acento en la “e” y no en la “a”. Nací en Monterrey, Nuevo León el 10 de febrero de 1984, un sábado por la mañanita a eso de las 11 horas más o menos, y en dicha ciudad crecí y viví hasta que cumplí 22 años de edad. Estudié la carrera de Biología en la Universidad Autónoma de Nuevo León, y yo quería (como casi todos los biólogos) estudiar jaguares y demás felinos, pero gracias a que cuando cursaba el cuarto semestre en el año 2003, llevé la materia de Biogeografía y conocí la obra Jerzy Rzedowski acerca de la vegetación de México, todo ello acompañado de un viaje a la Reserva de la Biósfera El Cielo en Tamaulipas con el Biol. Alejandro Ledezma Menxueiro, mi vidia dió un giro y decidí que los felinos no eran mi verdadera vocación, aunque al final de la carrera, de nuevo por azares del destino, terminé trabajando con mi segunda pasión después de las plantas, es decir las aves, en este caso las aves de los pastizales de la Reserva de la Biósfera Los Pastizales de Janos, en Chihuahua. Cuando terminé la carrera a los 22 años me dieron trabajo en Janos y ahí viví unos meses y fue donde conocí al que ahora es mi compañero de vida. Después el trabajo se movió a Ciudad Madera, también en Chihuahua pero ahora enclavados en la Sierra Madre Occidental y ahí viví otros meses. Era curioso estar allá y seguir con el ímpetu conocer y estar en la Sierra Madre Oriental… y de no ser por la falta de trabajo y la inseguridad, con todo el gusto del mundo me hubiese establecido en esa hermosa y conservada región del país.
 Si  embargo,  mi esposo y yo nos mudamos a trabajar los dos juntos a la Sierra Gorda de Querétaro en 2008, en el pueblo mágico de Jalpan. Ahí vivimos casi otros dos años y estando allá aprendí todo sobre trabajar con las comunidades, con permacultura, agoecología, manejo de cuencas, con una vida frugal y sobre todo a que mi lugar de vida era sin duda la Huasteca. 
Por ciertos desatinados pasos del destino tuvimos que regresar a Nuevo León, a vivir un año más en otro pueblo mágico, Santiago, pero siendo estos lugares tan caros, nos vimos obligados a buscar otras alternativas y fue cuando caí a estudiar de nuevo a la Universidad, solo que esta vez enfocada al manejo de los recursos de los bosques, en la Facultad de Ciencias Forestales, en agosto del 2010.
Aquí en Linares nació nuestra ONG Rumbo a la Sierra Madre Oriental, a partir de aquí nacieron proyectos como el de la “Flora y Fitogeografía del Cañón de Iturbide, Nuevo León, México”, además está gestándose “La Sierra Madre Oriental: conocimiento, manejo y conservación de su diversidad florística”, “Diversidad Florística y Fitogeografia de Puerto, Purificación” y finalmente el del “Aula Biocultural de la SMOr”. Y por si fuera poco, lo que hace algunos años era un sueño inalcanzable, hoy parece más cerca que nunca: monitorear al rey de los felinos americanos, el gran jaguar de la SMOr de Nuevo León. 

Actualmente seguimos viviendo en una colonia rural de Linares, trabajando día a día en no serle un estorbo al planeta y al contrario, dejarle muchas cosas buenas a nuestro paso, informar acerca de todo lo que nos apasiona, contagiar esa pasión en las personas, fomentar otros estilos de vida, ser promotores de conocimiento y nuevos saberes, enaltecer las raíces de nuestra diversidad biocultural, gritarle al mundo lo que la Sierra Madre Oriental tiene por entregarnos. Esta herramienta visionaria y magnánima llamada internet, nos lo permite y vamos a seguir haciéndolo mientras podamos.

Es por todo esto y mucho más que yo soy quien escribe de este lado de la pantalla.

Buenas noches. (10:33 pm, hora del centro de México).

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La Sierra Huasteca desde mi perspectiva

Hace unos días que no he pensado en otra cosa, aunque he estado atiborraba de asuntos académicos, no se me sale de la cabeza la idea de hacia donde será el siguiente paso.

Desde hace muchos años, recuerdo las historias fantásticas de un compañero entrañable al que tengo más de 20 años de conocer, me contaba de castillos en medio de una selva espesa, de cascadas de aguas turquesas, de cerros interminables cubiertos siempre de niebla… Algún tiempo después, con ayuda del Atlas Geográfico de los libros de Texto Gratuitos de la SEP, supe que esos lugares se ubicaban en la región cultural llamada Huasteca. Y me hechizó la idea de conocer aquel nombre que tanto mencionaba: Xilitla
No fue sino hasta el 2006 cuando terminé mi carrera de biología (frustrada porque mis compañeros no quisieron organizar un viaje y en su lugar hicieron un costoso tradicional cena-baile) que me decidí a ir fuese como fuese a conocer la Huasteca. Otro entrañable amigo cuyo nombre no hay necesidad de mencionar, porque él sabrá quién es y cuanto conocimos los dos en aquel viaje, fue quien me acompañó, apenas íbamos con una Guía Roji tomando autobuses aquí y allá, acampando en donde se hiciera de noche, cargando sleeping, comiendo bocoles y zacahuil en los mercados, en fin  solo Dios sabe como mi madre en aquellos años de oro sin balaceras me dejó ir sola, y así  llegamos a la Sierra Gorda de Querétaro y de ahí a la maravillosa Xilitla, donde conocí el castillo fantástico de quien me hablaba mi otro amigo: el castillo de Sir Edward James, un personaje espléndido rodeado de un halo de locura seductora que me hubiese encantado conocer en vivo y a todo color. En verdad que añoro otros tiempos que no son míos, acepto que a menudo me siento incómoda en esta modernidad tan amenazante…
Apenas y supimos de la cercanía de aquella garganta palpitante en medio de la montaña, aquel abismo magnífico, una puerta hacia las profundidades insondables de la Sierra Madre Oriental, sí, el Sótano de las Golondrinas, emprendimos emocionados el viaje hacia Aquismon en un autobús destartalado, yo llamé a mi casa desde un teléfono de tarjeta en la plaza de Aquismon y no estaba mi madre en casa, recuerdo bien que le dejé el recado a mi tío, que por las buenas creo que no se imaginaba en que rincones lejanos andaba de vaga, todo el viaje en  aquel autobusito ruidoso fue un constante ir plasmada en el vidrio, con la mirada que se me salía de los ojos, con tanta selva, con tanto frescor, tantas caras de un color moreno rojizo tan hermoso, tan auténtico: Tanzozob, Tamapatz, Zopope… poco me faltó para llorar de la emoción al llegar al mentado sótano. 
Llegamos y no lo podíamos creer, era imposible la magnitud de aquella vista, un vértigo inimaginable, tan  terrorífico como fascinador, la montaña exhalaba un viento entrecortado por las guaguas y los periquitos que literalmente nos peinaban la cabeza con su vuelo al ras, estaba ahí ante nuestros ojos, una de las cosas que me ha marcado más en mi vida. Quedé flechada y jamás volvió mi corazón a estar tranquilo, siempre pensando en volver a aquellas sierras Huastecas, siempre.
Poco después me fui a Chihuahua dos años a trabajar, ahí conocí al biólogo que ahora es mi esposo, y fue tanta mi obstinación por volver, que yo no se si fue tanto desearlo o tanto soñarlo, que mis súplicas internas rindieron su fruto y recibí un correo de aceptación para trabajar ambos en la Reserva de la Biósfera de la Sierra Gorda de Querétaro por parte de otra persona especial que poco tiempo después sería mi amigo, al que estimo mucho aunque nuestra forma de ver el mundo sea tan distinta. 
Cuando viví ahí en Jalpan fui la persona más plena, más feliz y más completa del mundo, pero aún así, anhelaba el momento en que por angas o mangas tuviéramos que ir a Río Verde, a Xilitla, a Ciudad Valles  etc. por algún encargo, esa carretera nacional 85 de su tramo de Llera, Tamaulipas a Tamazunchale, S. L. P. era todo un placer para mi recorrerla, aquellas murallas hasta el cielo a la altura de Huichihuayan, con la sierra Montecristo enmarcando el paisaje siempre verde, nuboso y las orillas del camino llenas de plantas de ornato y sabrosos Litchies, la Y griega siempre activa, los tramos selváticos de Matlapa, Tamazunchale con sus cerros tropicales, el tramo de Gómez Farías en Tamaulipas, con sus pays de mango, la cueva del abra impresionante, y ni se diga la carretera que va de Tamazunchale para Pachuca, pero por el lado de Huejutla, un verdadero manjar a los sentidos, esa otra hermosísima Huasteca, la Hidalguense, agreste e indomable, esa escarpada serranía colmada de niebla y vasijas de barro colorado, un paraíso.
Pero tiempo después tuve que volver a Nuevo León, en donde vivo hasta la fecha, pero juro que no hay día que no sufra la lejanía de esas tierras prodigiosas y la dulzura de su gente, tan dulce como el pilón de los cañaverales color verde nuevo.
Y entonces recordé que mientras viví en Chihuahua, mi supervisor-jefe-maestro-amigo, me contaba que si uno desea trascender en la conservación de las tierras que amamos no es necesario querer salvar el mundo, hay que casarse de tiempo completo con ese sitio al cual amemos, con su bioculturalidad, hay que comprenderle, hay que gozarle y hay que protegerle y amarle. Sus palabras no tenían del todo sentido para mi en aquel entonces, él había nacido en Castaños, Coahuila y estaba “casado” por así decirlo, con el Santuario de la Cotorra Serrana en Madera, Chihuahua desde hacía en aquel entonces, 14 años…
Y entonces comprendí…
Que toda esta serie de eventos, uno tras otro, me han llevado de aquí para allá, y creo que haga lo que haga, me manden a donde me manden, me invite a donde me inviten, me replieguen a donde me replieguen, mi entera voluntad, mis esfuerzos, mis pensamientos, mis anhelos, mis ojos siempre están dirigidos hacia un mismo lugar: la Sierra Madre Oriental,sí, pero muy especialmente la Sierra Huasteca desde el Soto La Marina, hasta el Tuxpan, a donde muy pronto, estoy segura he de volver para no moverme de ahí nunca jamás.
Cascada cercana al castillo de Sir Edward James, Xilitla, San Luis Potosí (Abril, 2006).

Mi hermana y yo en otra de las cascadas (Abril, 2008).
Castillo de Sir Edward James (Abril, 2006).
Los pasadizos del castillo de Sir Edward James (Abril, 2008).
En el castillo, Xilitla, S. L. P. (Abril, 2008).
Plaza de Xilitla al atardecer, atrás las impresionantes anticlinales (Abril, 2006).

Semana Santa 2009, Xilitla, San Luis Potosí.
Iglesia de Aquismon, San Luis Potosí (Abril, 2006). 

Mi regalo de cumpleaños, Febrero 2009, Cascadas de Tamasopo, San Luis Potosí. 

El Puente de Dios, Tamasopo, S. L. P.  Febrero 2009. 

Laguna Atezca, Molango de Escamilla, Hidalgo, mayo 2009. 

Plaza frente a la iglesia de Molango de Escamilla, Hidalgo. 

Remanente de bosque de niebla con helechos arborescentes, Tlanchinol, Hidalgo. 

Huejutla, Hidalgo, mayo 2009. 

Cañón del Río Santa María visto desde San Antonio Tancoyol, Sierra Gorda de Querétaro, al otro lado es Aquismon, San Luis Potosí. 

Cañón de la Servilleta, Gómez Farías, Tamaulipas, Semana Santa, 2009. 

Cañón de la Servilleta, Semana Santa, 2009. 

Enchiladas Huastecas cerca del mercado de Ciudad Valles, Abril, 2012.

Plaza de Ciudad Valles, Abril, 2012. 

Río Valles, Abril, 2009. 

Cascadas de Micos, Valles, San Luis Potosí. 

Cascadas de Micos. 

Cascadas de Micos, 2012. 

La bióloga Mariana Reyna y yo, en los bosques de enebros de la comunidad de El Cañón, Landa de Matamoros, Querétaro, julio 2009. 

Valle Verde, todos rumbo al sótano de las Golondrinas por el camino que va de Zoyapilca , Querétaro a Tanzozob, S. L. P. 

Sótano de las Golondrinas, Aquismon, San Luis Potosí. 

¡¡¡¡Hoy cumplimos 4 años!!!!

Y lo queremos celebrar anunciando que Rumbo a la Sierra Madre Oriental ya es oficialmente una Asociación Civil desde el 23 de julio del presente año. Con domicilio fiscal en, Linares, Nuevo León, y con muchas ganas de hacer proyectos que promuevan la conservación de la biodiversidad que hay en las zonas montañosas de esta biorregión mexicana.
Desde Coahuila, hasta Veracruz, la Sierra Madre Oriental será nuestro campo de investigación y serán bienvenidos todos quienes deseen sumar su esfuerzo en el conocimiento de la vida silvestre que ahí habita. Apenas y somos dos, mi esposo el Biólogo Juan Cruzado Cortés y yo, pero ojalá con el tiempo nos sumemos más personas para poder difundir a los cuatro vientos la importancia de estas maravillosas montañas que nos lo han dado todo para el surgimiento de la vida en todas sus formas. 
No queremos que esto quede en palabras, queremos llevarlo a la práctica todos los días y aunque ya hemos avanzado mucho desde que este blog se gestó en el seno de la Sierra Gorda Queretana, es ahora cuando con voz renovada, llevaremos el mensaje que los ecosistemas y su diversidad biológica, geológica y cultural tienen para ofrecernos.
Un abrazo fraterno a todos quienes lean este mensaje y mucho agradeceré que nos ayuden a difundir esta importante misión de vida.

¿Flojera o estrategia?

Una reflexion para mis adentros y para el mundo entero, en la obertura del verano ¿Será flojera o será estrategia? Desde niña y durante los meses cálidos de primavera y verano, a eso de la una de la tarde, se me quitan las ganas de trabajar y me da por dormir, para volver a reactivarme como a las 4 de la tarde. No me puedo imaginar desgastándome en esas horas tan pesadas con estos soles de la zona intertropical mexicana. 
Ahora bien, en una sociedad en la que todos viven tan a prisa, soy el ejemplo vivo de la ineficacia, la pereza y la improductividad, pero si miro hacia atrás en mis ancestros cazadores-recolectores, no creo que ellos tampoco estuvieran tatemándose la cabeza a las 3 de la tarde en pleno matorral, a esa hora ni las lagartijas, entonces, estratégicamente duermo una o dos horas después de comer para levantarme llena de energía, con ideas creativas y la mente descansada y así seguir investigando el mundo en el que vivo, y hasta ahorita me ha funcionado. 
Esto lo vi en los Pames de San Luis Potosí, en donde sus vecinos mestizos de Querétaro, no hacían más que relegarlos por “perezosos”, pero los Pames se levantan a las 5 de la mañana a sembrar, para a las 11 o 12 desayunar y echarse a dormir toda la tarde y comenzar la faena cuando baje el sol. 
Por ello agradezco el tener una vida con un ritmo suave que me permite disfrutar a razon de los ciclos que sigue la naturaleza y no la loca carrera de  las sociedades humanas actuales corren sin parar diecto hacia una muerte prematura de tanto estrés.