La sirena de Tamiahua, la ninfa de la Huasteca

Pelícanos en la laguna de Tamiahua, Veracruz.
Rancho Nuevo, era un pueblo que existió entre Tampache y la hacienda de San Sebastián, dentro del municipio de Tamiahua en el estado de Veracruz. En ese lugar vivían entre sus pobladores, una señora llamada Damacia González Corona, acompañada de su hermosa hija Irene, una joven hermosa de tez morena, ojos aceitunados y larga cabellera negra.
Después de la muerte de su esposo Abundio Saavedra Rosas, se quedan las pobres mujeres solas, y se dedicaron al servicio de la iglesia y de Dios, que iban hasta Tamiahua, Tampache, Temapache, Acala, Hormiguero, Tancochin, Cuesillos y Tierra Blanca, rindiendo culto a todas las festividades y honrando a todos los santos. Hasta que un día jueves santo allá por los años de 1900 -1920, en plena semana santa, que eran días de vigilia o de guardar. Irene había ido a traer leña por el rumbo de paso de piedras, (leñar acto prohibido en estos días), llega donde su madre y le dice: “ma, yo ando muy sucia y polvienta, que me dan ganas de echarme un baño” su madre le contesto “no hija te condenarías, en estos días no debemos agarrar agua, mucho menos bañarnos”, pero Irene le contesto “ay ma, dios me perdone pero yo aunque sea me voy a lavar la cara”.
Tomó un guacal con dos hojas de jaboncillo y se fue rumbo al pozo a lavarse la cara. De pronto su madre escucho unos gritos de angustia. Era Irene quien gritaba “ma, ma ayúdame, ma, ma ayúdame” pero de pronto sus gritos se convirtieron en un triste cántico como de lamento. Allí junto al pozo se levanto una gigantesca ola y ella se empezó a convertir en otro ser. Su boca como de pez, sus ojos más grandes, su negra cabellera y su piel se tiño como de rojo, y lo más cruel sus piernas desaparecieron, formándose debajo de la cintura una cola de pez, babosa y con escamas.

La ola arrastro su cuerpo por el río rumbo al mar, los lugareños la siguieron en pequeñas lanchas hasta la laguna, cuando estaban a punto de alcanzarla, se apareció un extraño barco de madera viejo, destrozado y feo. De pronto ella salto hacia él, con una sonrisa burlona y cantos macabros “peten ak, peten ak,” (giren, giren o circulen, en huasteco, hoy en día se dice petenera). 

Estos cantos reunían en derredor de ella a toda la especie marina, desapareciendo a la vista de todos. Desde aquel entonces su vieja y cansada madre cada jueves santo, va hasta la playa, con la ilusión de volver a ver a su hija Irene. Solo cuentan los pescadores que cuando oyen sus fúnebres cantos, se alejan del lugar porque aquel que la vea sufre desgracias. Ya que se convierte en una mujer hermosa de dulce vos y prominentes pechos. 

Aunque algunos pescadores han muerto cuando la han visto, porque al acercarse miran un ser espectral y horroroso, dicen que les voltea las lanchas y embravece las olas hasta matarlos.

Versión popular “Cuextécatl Volvió a la Vida” – José Reyes Nolasco.

Ilustraciones de Alec Destemper. 
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Tambaque, donde los dioses del rayo vuelven al mar

El nacimiento de Tambaque es un sitio que se interna en la Sierra Madre Oriental y donde nace el Río Coy, tributario del Río Tampaon, que a su vez viertes sus aguas en el imponente Pánuco.
Este sitio queda a unos cuantos km de distancia al noroeste de la cabecera municipal de Aquismon, municipio de orígen Teenek, al sureste del estado de San Luis Potosí.
El recorrido no tiene ningún costo y se puede andar por agradables senderos al lado del río hasta donde el agua nace de una cueva al pie de un talud en donde el cañón se cierra entre las profundidades de la Sierra.

La corriente es calma porque estamos en época de estiaje.

Podemos ver atrás una vegetación de selva mediana subperenifolia en un estado mas o menos secundario.

El paisaje con sus las luces y sombras del atardecer crean espacios idóneos para reflexionar y abrir la mente.

 El orígen del nombre Tambaque como ya les había comentado en otra entrada tiene varios orígenes, uno de ellos es debidoa que antes cuando hubo la hacienda cañera, al moler la caña se generaba el gabazo que en el dialecto Teenek se conoce como le nombra T’ambax, (el cual se pronuncia tambach) y se dice que los mestizos al no poder pronunciar correctamente la palabra le llamaban “Tambache” y de aquí el nombre actual de Tambaque. La segunda acepción es proveniente de la palabra tzabac, que es el nombre Teenek de un árbol local, que no he podido identificar aún.

El agua va en un nivel muy bajo, pero ello ayuda a formar agradables espejos de agua donde la fauna silvestre baja a abrevar por las noches.

Conforme uno va avanzando por sobre el empedrado de la ladera sur, vamos viendo los manantiales por donde el agua que se colecta en las partes altas de la sierra, viene a salir en estos afloramientos de aguas kársticas que en geografía física se les denomina fuentes vauclusianas, sumamente sagradas para los compañeros Teenek. 

Fuente vauclusiana en Tamabaque, Aquismón, S.L. P.

Ya en su libro de “Un viaje a la Huasteca” el francés Guy Stresser Péan habló de la importancia irremplazable que estos manantiales tienen en la cosmogonía del pueblo Teenek

Los Teenek, saben que los cerros están huecos y es morada de los dioses del rayo, donde hacen fiestas y bailes cuyo eco se puede escuchar entre el rumor de las aguas subterráneas.

Y a pesar de la resequedad de esta ríspida primavera que llegó con múltiples incendios a la región huasteca, el agua sigue firme brotando de las profundidades de la roca, extasiada con tanta luz y tantos colores después de haber permanecido en la completa oscuridad quién sabe desde cuando. Nadie sabe en realidad cuanto es que el agua permanece dentro del cerro al caer como lluvia, hasta que sale por algún manantial.
Y el agua sige brotando con todo y lo seco de la primavera.

Y Tambaque no se seca, marzo 2013.
 Cuando la época de lluvias llega a la región, el caudal crece y trae consigo la revoltura de aguas escandalosas que vienen desde arriba. Mucha de la la lluvia vertida en el espinzao de los cerros colindantes con la Sierra Gorda de Querétaro se infiltra por entre las rugosidades de la roca caliza creando cavernas y sótanos. Es curioso pensar que allá arriba en aquellos parajes tan boscosos como Rancho Nuevo, Lagunita de San Diego o Valleverde, no corra río alguno porque toda el agua se va por los resumideros y viene a inundar puntualmente la llanura Huasteca, el agua siempre encontrará manera e irá a escurrir de nuevo al mar por la boca grande del Pánuco, justo en el Puerto de Tampico.

Al término de las fiestas y las orgías, los dioses del rayo salen cansados de las cuevas a través de los manantiales y van de nuevo con Mamlab, hasta su reino en el mar de oriente, para rejuvenecer y de nuevo emprender su viaje por las nubes hasta las montañas y de nuevo a las profundidades de la tierra.

La selva celosa guarda bien el camino de los dioses del rayo.

Un guardián del río.

Espejo líquido.
Al término del sendero está lo que venimos a ver, un tanto decepcionados por el bajo caudal, pero nunca deja de impresionar la magnificencia de aquellos portales por los cuales ingresar al interior de nuestra madre tierra.

Abertura por donde el agua escapa muy despacio.

Arriba se puede observar la oquedad que en época de lluvia escupe agua a raudales.

Y aquí termina el cañón, justo en una monda pared de roca caliza.

El musgo es la prueba de la humedad que guardan las rocas, son pioneros y crean sustrato para que otras plantas se afiancen durante la época de sequía, pues en época lluviosa, las aguas todo lo cubren.

Chorreadero de piedras arrastradas por la corriente.

Ahora es posible bajar a explorar, pero en época lluviosa todo es un estruendo de aguas que manan implacables de la sierra.

El agua amolda las raíces de los hijos que sustenta y los hace a su antojo, contra ella nadie puede.
Y antes de que oscurezca nos despedimos de tan grata holgura de la tierra profunda, deseando volver para conocerle en su faceta violenta despues de algún huracán.

Meztli feliz de probar el agua kárstica.
Y para no perder la costumbre: buscando zopilotes, tlacuaches o ardillas.
 Ya de regreso del cañón oscuro, de nuevo se hizo la luz y pudimos ver con más calma los señalamientos de la entrada y lo agradable de la arquitectura ecoturística, que para nada me pareció fuera de lugar, ni tampoco agresiva con el entorno, pues se usó piedra del mismo sitio y debido a la humedad, ésta ha ido llenándose de musgos.

Senderos, con plazoletas y áreas de descanso.

Afortunadamente nadie nos impidió entrar con nuestros perros, lo cual me parece excelente para quienes viajamos siempre con ellos. Puntos buenos para el ecoturista no convencional.
Ahí vamos.
El sendero que nos lleva hacia el manantial.

Amar el árbol es comprender la vida.

Plaza del frijolillo. Tamabaque, S. L. P.
La plaza del Frijolillo.
Preservación del agua.
Y como toda buena selva, la estructura de su flora le hace honor con esta interesante epífita.

Más epífitas.
Un habitante finamente ornamentado de la selva de Tamabque.
Las sierras que se yerguen al occidente del territorio Teenek, son  barreras de vida, de una diversidad biocultural magnífica que se abre como un abanico mesoamericano que muy pocos valoran en la geografía mexicana. Pero de nuevo lo reafirmo, éstas selvas son las más norteñas de la vertiente del Golfo, más al norte aún las de Tamaulipas, pero de este porte y estas magnificencias, solo las que le quedan a San Luis Potosí, porque su vecino Veracruz ya ha perdido lamentablemente las suyas a manos de un agrarismo desenfrenado y mal educado.
 
Selva mediana subperennifolia en Tamabaque, AQuismón, San Luis Potosí.

Nótese la estructura arbórea, la presencia de epífitas y los contrafuertes de las raíces.

Y sin embargo, a la tala no se le ve un final en la Huasteca. Ya no siento coraje, siento pena porque esto es causado por la ignorancia y la necesidad.
Pero esperemos que las selvas que quedan se sigan viendo así  y las que ya fueron destruídas, puedan volver a ser selvas y no potreros ni cañaverales.
 Cayendo la tarde nos apresuramos a salir con luz de Tambaque pues todavía nos faltaba encontrar un lugar en donde pudiéramos dormir con los perros, pues por las prisas olvidamos llevar tienda de campaña. Debo mencionar que por una módica cantidad uno puede acampar en las orillas del río Coy, obviamente río abajo del nacimiento de Tambaque.
Y va cayendo la tarde.

Y el sol lo baña todo con su suave luz crepuscular.

Aferrado en el borde, siempre atento del paso del agua. 

Y así ve el árbol, el eterno devenir de la corriente, bebiendo los sueños que le dejan los dioses del rayo al pasar.

Y el sol sigue bañando de luz los paisajes de Tambaque.

Raíces con contrafuertes, prueba de que la vegetación pertenece a un entorno tropical.
Últimos rayos de sol del día.
Al término del recorrido hay venta de comida típica como los bocoles, además pan casero, dulces, plantas ornamentales sembradas en macetas de bambú, y hasta vainilla de Papantla.
Al salir del recorrido, está el Restaurant Tambaque, una edificación de piedra maciza al cobijo de una ceiba y rodeada de plantas exuberantes en donde se pueden comer deliciosos platillos regionales, recomendando así el caldo tres huastecas y las acamayas, así como unas originales y creativas bebidas llamadas Aguas de Afrodita, todo ello atendidos por su propietario el Prof. Mauricio, conocedor de la región, sus leyendas y sus andares. Ahí mismo se pueden hospedar y comprar bebidas para pasar un poco el calorcito de la zona.

Fluír sin un fin más que fluír sin un fin. Gustavo Cerati en su canción Río Babel.

Si desean información sobre restaurantes, hospedaje o camping pueden escribir al correo electrónico:  tambaquecamyrest@yahoo.com.mx o llamar al 482 1034538 y 4821008597.

Los últimos Chichimecas vivos en México

Sierra Gorda de Guanajuato. Foto de Víctor Ildefonso.

La Sierra Gorda de Guanajuato es una región montañosa perteneciente a la Sierra Madre Oriental en la subprovincia del Carso Huasteco. El área abarca la zona Noreste del municipio de San Luis de la Paz, Victoria, Xichú, Atarjea y Santa Catarina.

Presa El Realito rumbo a Río Verde, San Luis Potosí. Foto de Víctor Ildefonso.
Alberga hacia el occidente áreas propias del semidesierto en buen estado de conservación, mientras que en los cañones colindantes con San Luis Potosí y Querétaro podemos hallar bosques templados así como bosques tropicales y matorrales submontanos. 
Matorral crasicuaule, Santa Catarina, Guanajuato. Foto de Víctor Ildefonso.
Debido a su naturaleza cárstica el área representa una esponja que funciona como receptora del agua de lluvia, recargando así los mantos acuíferos del subsuelo, que asimismo ha condicionado la morfología de su paisaje, caracterizado por la abundancia de dolinas hacia Xichú y Atarjea (conocidas localmente como “sótanos”), impresionantes mogotes kársticos, así como la presencia de sierras de laderas abruptas con una secuencia estratigráfica de rocas de alta permeabilidad y drenajes principalmente endorréicos y subterráneos, además de la presencia de laderas de pronunciadas pendientes.

Cerro de las Letras-Mesa Escalante, San Luis de la Paz, Guanajuato. Foto de Víctor Ildefonso.
Cerro de los Picachos camino al Realito. Foto de Víctor Ildefonso.
Fue recientemente promovida como Área Natural Protegida Reserva de la Biósfera Sierra Gorda de Guanajuato.

Xichú, Guanajuato. Foto de Víctor Ildefonso.
Aunque su biodiversidad es variada e interesante por tratarse de un municipio cuya vegetación natural ha sido transformada casi en su totalidad, hay en la Sierra Gorda de Guanajuato otras cuestiones de interés sobre todo antropológico, etnológico, histórico y social. 

Los Chichimecas

 
En realidad los Chichimecas es una palabra acuñada por los pueblos mesoaméricanos para denominar de forma despectiva a todos aquellos grupos humanos de nómadas que habitaron aridoamérica. Se les rechazaba por el hecho de vivir “en el monte”, de no hacer centros de población, de ser rudimentarios cazadores-recolectores y por su puesto por su reputación de bárbaros guerreros. Ahora sabemos que los Chichimecas no fueron en realidad tan salvajes como los pintan. 

En el estado de Guanajuato la historia de los chichimecas parece remontarse al año 1200 d.C., cuando los chichimecas de Xólotl procedentes del norte sometieron a los antiguos pobladores de la región: los chupicuaros y otomíes. Poblaron los territorios de Nattahí (Celaya) y Xidoo (Salamanca) numerosas tribus chichimecas y teochichimecas. Según algunos antropólogos estos grupos eran belicosos y crueles.
Su manera de cazar se basaba en el uso del arco y la flecha. Toda su indumentaria, herramientas, chozas, alimento etc. era obtenido directamente de los recursos que obtenían de su entorno circundante, aunque también comienzan a surgir vestigios de que ciertos grupos de Chichimecas practicaron el intercambio de bienes con otros grupos vecinos como los Huastecos y los Otomíes, éstos últimos emparentados a los Chichimecas. 
Como recolectores, los cactus y los mezquites les proporcionaban otra parte importante de su alimentación, ya que comían tunas crudas, secas o en licor (colonche). Las hojas, flores y corazón de cactus los cocían en hornos subterráneos. Con los mezquites hacían un pan que aguantaba mucho tiempo y elaboraban a su vez un licor. Otros alimentos eran el agave, el maguey, el zapote, las pitayas, la borrachita. Asimismo comían raíces parecidas a las papas o a la yuca, semillas de una planta llamada cimatl (frijol rojo). En algunos sitios se cultivaba rudimentariamente el maíz y las calabazas. Es conocido que consumían además la miel que producen la avispa, la hormiga y el jicote. 
Estos grupos en general no construyeron ningún tipo de viviendas permanentes; se limitaron a utilizar cuevas naturales o a edificar sencillos albergues hechos de lodo, pencas de maguey, palma o zacate. En la época prehispánica, los Chichimecas eran sumamente temidos por su belicosidad y fiereza por los demás pueblos. Nunca pudieron ser sometidos por nadie, ni aún por los poderosos aztecas. Al arribar los españoles, tampoco ellos lograron vencerlos por las armas. 
Sin embargo, su indómita libertad y alma belicosa, prefirió la muerte antes que la conquista por parte de los españoles.
Es así que los conquistadores se enfrentaron a la más larga y cruenta lucha en América, la cual duró cuatro décadas, de 1550 a 1590. Casi todos los Chichimecas de aridoamérica fueron prácticamente exterminados, no obstante algunos grupos fueron finalmente pacificados, a través de tratados en los que se intercambiaban favores a cambio de un territorio para que su cultura no se extinguiese del todo.
Fue aquí en la Sierra Gorda de Guanajuato en donde hasta nuestros días sobrevive la última población de Chichimecas en todo México, específicamente en la localidad Misión de Chichimecas, en el municipio de San Luis de la Paz, muy cerca de la cabecera municipal. 

La Misión de Chichimecas

El “Rancho Uza” comunidad indígena “Misión de Chichimecas”, es reconocido por la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas (CDI) como el último asentamiento indígena Chichimeca Jonaz del país en el Estado de Guanajuato, en el municipio de San Luis De La Paz en honor de San Luis Rey de Francia y la Paz por el tratado de pacificación entre otomíes y Chichimecas

Establecida en un terreno semiárido de 1818 km2 conformado por valles y lomas que habitan aproximadamente 600 familias (4000 habitantes, de acuerdo con el ultimo diagnóstico realizado por la CDI Local) conservando su idioma Ézar, sus costumbres y sus tradiciones.

En abril del 2012, tuve la oportunidad de conocer la Misión de Chichimecas, y no solo eso, sino que también conocí a varios de sus habitantes, personajes inigualables, que llevan con orgullo el matiz de su estirpe, apropiado además con una mezcla de sabores regionales como el gusto por el huapango.
Aquí les dejo unas fotos. 
Don Gonzalo Alvarado, originario de Los Naranjos, Guanajuato, es autor de canciones inéditas con la quinta Huapanguera, guitarra y la armónica, un verdadero artista que incluso llegó a grabar un cassette en la ciudad de México pero que aún sigue en el anonimato. ¿Algúna persona inmersa en el tema de la música folklórica que recomiende qué hacer antes de que estas melodías se queden en el olvido?

 
Don Trinidad González, otro personaje inconfundible de la Misión de Chichimecas, un verdadero tesoro, toca el violín, sabe muchas historias  y hasta hizo un “cinito”,  con ayuda de una tira de dibujos hechos por el, atados a una varilla e iluminados por una vela, mientras narra la historia.
Música que alegra el alma.

El guardían de la casa de Don Gonzalo.
Atardecer en la Misión de Chichimecas.

Fuente: Bautista, A. Socialización y apropiación de tecnologías mediáticas en el ámbito familiar y comunitario chichimeca en San Luis de la Paz, Guanajuato. Tesis Doctoral. Posgrado en Ciencias Antropológicas de la Universidad Autónoma Metropolitana, Iztapalapa, D. F. Más información del trabajo del autor aquí. 

Historia del Balneario Tambaque, Aquismón, S. L. P.

Por: Dulce María Palacios Rincón
Fotografías: Tomadas de Internet
¿Te ha sucedido que visitas un lugar y no conoces el significado de su nombre y el origen del mismo?
Esta investigación trata de la historia y posibles orígenes del nombre de uno de los balnearios más conocidos de la Huasteca Potosina, situado en el municipio de Aquismón, S.L.P. a 8 km de la cabecera municipal y que cada día aumenta su afluencia turística.
En los años comprendidos de 1920 a 1935 el balneario Tambaque era una selva virgen, no existían viviendas a la orilla del río, solo a unos 200 mts del balneario existía una molienda propiedad del Sr. Carlos de la Garza Cantú originario del estado de Nuevo León, pero en 1938 un movimiento agrario expropia la hacienda; el Sr. Cantú decide entregar su terreno voluntariamente y apoya al Sr. Catarino Garza, que en ese tiempo era su administrador a que obtenga una parte del terreno y forme un grupo organizado para conformar un ejido, el Sr. Catarino Garza apoyado con el Sr. Graciano Ríos promueven que Tambaque forme parte del ejido Santa Cruz, publicándose en 1940 el nombramiento del ejido en el Diario Oficial, en estos años se realizan varios movimientos por parte de la procuraduría agraria y se forman los ejidos Tanchanaco y Santa Cruz, con sus respectivos anexos.
En los tiempos del auge de la Hacienda de la cual se desconoce su nombre, la gente que trabajaba para el Sr. Cantú, sembraba caña de azúcar en grandes cantidades en la región que hoy se conoce como Santa Cruz y ejido Santa Cruz y la transportaba a la molienda por medio de carretas jaladas por bueyes, en la región que ahora es Tanchanaco y una parte de lo que hoy se conoce como Tanute, el arroyo Tanute, además de la parte de Palmira viejo donde todavía existe un molino que era también propiedad del Sr. Cantú también existían grandes plantíos de caña, que igualmente, en carretas jaladas por bueyes era transportada hasta la Hacienda, las carretas atravesaban el rio Tambaque por el lugar que hasta ahora se conoce como“paso de las carretas”, ya que en ese tiempo este paso no era tan profundo como en la actualidad, rodeaban la propiedad del Sr. Garza, en donde ahora se encuentran unas cabañas para hospedaje y llegaba al lugar en donde estaba la molienda y que en la actualidad solo existen restos de un chacuaco (por donde salía el humo) y restos del horno que se tenía para hervir la miel; el molino funcionaba por medio de una rueda con veletas que se movía por la presión de agua, esta agua era transportada hasta este lugar por un canal o sequía que estaba conectado desde el nacimiento y llegaba hasta la rueda.
De esta hacienda se desprende un primer posible origen del nombre de Tabaque ya que al moler la caña se generaba el gabazo que en el dialecto Teenek se conoce como le nombra T’ambax, (el cual se pronuncia tambach) y se dice que los mestizos al no poder pronunciar correctamente la palabra le llamaban “Tambache” y de aquí el nombre actual de Tambaque.
En los años de 1950 a 1960 empezó la población a las orillas del río, el primer habitante fue el Sr. Hilario Resendiz, originario de la Sierra de Tanchanaco, el Sr. Resendiz se dedicaba a curtir cuero en la cabaña donde se encuentra actualmente en el área común del ejido Santa Cruz y que funciona como refresquería, los nativos del lugar cuentan que esta persona tenía tres cajones tipo piletas llenas de agua, cal y cáscara del tallo del jumo o guamúchil, para introducir el cuero y realizar el proceso de curtimiento..
En estos tiempos la gente para poder cruzar el río lo hacía caminando porque no existía puente, en el año de 1950 la región sufre de una sequía prolongada y es entonces que el río Tambaque queda completamente seco, la gente venía al lugar a recolectar pescados enormes que habían quedado varados en las pequeñas pozitas que conservaba el manantial, fue tan prolongado el periodo de sequía del río que llegó a tener arbustos en el interior de su caudal, al no tener señales de lluvia la gente preocupada comenzó a realizar novenas y procesiones desde Santa Cruz hasta el balneario y el 10 de mayo de 1951, el último día de una novena y cuando la gente regresaba a sus casas, comenzó una gran tempestad acompañada de granizo y al día siguiente el balneario estaba lleno de agua.
Después de este acontecimiento se tuvo la necesidad de construir un puente para poder cruzar el río, el primer puente construido fue una parte con durmientes y terminado con simples palos, posteriormente se fueron reforzando los materiales con cables de acero restirados de los árboles cercanos, que en su mayoría eran zabaques, conocidos en la lengua Teenek como Tzabac, de aquí puede derivarse el segundo posible origen del nombre de Tambaque, ya que en esos tiempos y en la actualidad los Teenek cuando se dirigen a Tambaque ellos dicen que van a Bac’Ja’, en donde bac’ proviene de la parte final de la palabra Tzabac (Zabaque) árbol predominante en el balneario y Ja’ que quiere decir agua por lo que nos daría como traducción “agua junto al zabaque”; en la actualidad existe una frase Tan Zab Ja en la entrada al balneario, con la traducción “lugar de agua bajita”, sin embargo los lugareños están en desacuerdo ya que lugar de agua bajita es conocido en el dialecto Teenek como tza at’ ja’.
Abundando un poco más sobre el zabaque se dice que este árbol que se da en esta región, se desconoce su existencia en otras regiones y su origen, no se conoce su nombre científico, lo que si se conoce es que alcanza una altura de hasta 30 mts y que existen diferentes variedades las cuales se diferencian por sus frutos, algunos son redondos y algunos ovalados, sus colores son algunos rojo púrpura, amarillos y rallados (amarillo y rojo), con sus frutas se pueden elaborar conservas, piloncillo y también se puede consumir cocido en agua, sus tallos eran ocupados para horcones por ser una madera muy pesada, en sus frutos se desprende una buena cantidad de goma que se torna muy pegajosa la cuál debe quitarse al momento de su cocimiento o elaboración de conserva por medio de ramas, una vez al año se reproducen sus frutos y según la versión de los lugareños cuando este árbol tiene muchas flores para la formación de sus frutos este pronostica el acercamiento de una gran epidemia tal como sarampión, viruela o tosferina entre otras.
En los años 80’s el puente de durmientes se reemplaza por el puente que existe originalmente, construido de material, además de que se construye una pequeña represa en el balneario y un camino empedrado hacia el nacimiento, dándole a Tambaque un cambio que propició mas afluencia de visitantes a este lugar, esta obra se realizó en el periodo del presidente Chayo Gómez, con la colaboración del gobierno federal y estatal.
Los lugareños cuentan que el agua del río Tambaque no sirve para cocinar, se puede probar cocinando una olla de frijoles con esta agua y lo único que se va a conseguir es desperdiciar la leña sin lograr cocinar el alimento, además se dice que si tienes sed el agua del lugar no te la va a quitar, solo te llenará el estómago sin lograr el efecto deseado, esto se debe probablemente a que el agua proviene de lugares subterráneos demasiado profundos que ocasionan que el líquido contenga demasiados minerales.
Sin embargo Tambaque cuenta con dos manantiales que contienen agua muy diferente a la del Balneario, uno de ellos, llamado el pocito, se encuentra en la parte de oeste de donde están actualmente construidos los baños del ejido Santa cruz, este pequeño nacimiento está en forma de cúspide y el agua baja como de una lomita, se dice que el año 1950 cuando el rio se secó completamente, este nacimiento permaneció con agua, otro nacimiento se encuentra en la parte cercana a las cabañas de Tambaque, este nacimiento en la actualidad abastece de agua al ejido Santa Cruz por medio de una bomba; se cree que ambos nacimientos están conectados, pero no se sabe a ciencia cierta ya que en medio de los dos corre el agua del balneario.
Existen algunas creencias que los lugareños cuentan de Tambaque, una de ellas es que en tiempo de sequía, si en la noche los habitantes escuchan al río sonar como si llevara mucha agua (como un torrente), esta es una señal de que en tres días lloverá, otra creencia es que en época de lluvias, si Tambaque está demasiado crecido y de repente baja su caudal (en dos o tres días) a su cauce normal, es señal de que seguirá lloviendo, ya que el tiempo para que el balneario retorne a la normalidad es de entre 10 a 15 días.
En los alrededores de Tambaque existían iguanas, víboras 4 narices y cola blanca entre las más predominantes, existía el búho y el picametate, tejones, mapaches, ardillas, jabalí, venado, changos, y un animal parecido al chango con su cabeza blanca conocido como por los Teenek como thulul, era un animal muy resistente a las balas.
Había diferentes peces como el pez sierra, robalo, mojarras, acamayas, camarones, tortugas, víboras acuáticas, en aves acuáticas estaba el gallerete (ave acuática en forma de gallina), patos en diferentes variedades, garzas blancas y moradas y martín pescador, entre otros.
En cuestión de plantas abundaba el tzabaque, al que hicimos referencia anteriormente y que puede ser el origen del nombre Tambaque, el orejón, aguacate, café, frijolillo, ceibas y árboles de mante de los cuales en la actualidad se conserva un mante cerca del puente, enfrente de un Zabaque.
Existe un lugar que en la actualidad no se conoce tanto y que es parte del ejido Santa Cruz a unos 500 mts al lado poniente del nacimiento de Tambaque, en donde se encuentra un hoyo con una dimensión de un metro o metro y medio de ancho y que e constantemente emana vapores fríos  no se sabe que profundidad tiene este agujero, solo se cree que es un respiradero del mismo manantial de Tambaque, su nombre en Teenek es Tsamay Jol (hoyo frío).
En el lado noroeste del ejido Santa Cruz, existe una peña llamada peña blanca conocida en Teenek como Dhak Tsen, que se localiza a una distancia de hora y media del ejido y en donde al escalar se puede encontrar una parte plana del tamaño de un estadio y en medio de la peña una apertura o grieta; en ese abismo existen colmenas y platanales, se dice que tiene una altura aproximada de 120 mts.
Otro lugar es el llamado Japazum en donde existen peces muy grandes, como cocodrilos, a este lugar no se le ha encontrado la profundidad y el lugar es conocido en Teenek como Ja’ pathu’m (agua del tigre o lugar del tigre en el agua), la gente cuenta que existe un animal muy grande que cuida la laguna y que sale de las profundidades.
Los tres lugares cercanos a Tambaque, podrían ser considerados en un futuro como destinos turísticos alternativos que puede ofrecer el ejido Santa Cruz.
Notas: Este trabajo se realizó a través de la recopilación de información mediante investigación de campo y charlas con la gente adulta vecina del balneario Tambaque.

Perfil histórico cultural de Ciudad Mante

Hace poco más de un mes, tuve la fortuna de acompañar a una querida amiga a su tierra natal, Loma Alta, ejido de Gómez Farías, en la mera huasteca Tamaulipeca a la altura de la carretera nacional 85. Además de eso también me invitó a conocer ciudad Mante, bella ciudad por la cual una vez pasé en el 2006 cuando veníamos un amigo biólogo y yo en un autobús desde Ciudad Valles con destino a Monterrey,  en aquel entonces hicimos un viaje de fin de cursos a la Sierra Gorda, y ya veníamos bastante cansados de regreso que ni me percaté siquiera de las calles de la ciudad, por lo que en esta ocasión si tuve la fortuna, comímos ahí unas exquisitas y gigantescas quesadillas, fuimos al mercado, conocí a las despeinadas, esos camiones atiborrados de varitas de caña directo al ingenio, anduvimos en sus callles y hasta nos tomamos una refrescante agua de guapilla!!! Ya en casa de nuestra amiga, cortamos mangos, mangos de todas variedades, además de los ciruelos de la tierra caliente de la especie Spondias mombin, y ni qué decir de las naranjas, chirimoyas, limones, plátanos, aguacates y gran variedad de frutas nativas y naturalizadas.

Leyendo un poco sobre el Mante, me encontré con esta reseña del cronista de la ciudad, espero la disfruten tanto como yo y se animen a conocer tan hermoso municipio del sur del estado de Tamaulipas.

PERFIL HISTÓRICO CULTURAL DE CD. MANTE

Por: Sr. Juan José Mata Bravo (Cronista de la Ciudad)

La región de lo que hoy es el Mante fué conocida por su nombre huasteco de los “cinco potreros de Tamatán”, palabra que ésta en lengua “Tenek” o huasteca que significa “Lugar de canoas”.

Según diversos documentos, era sumamente insalubre a causa de las inundaciones que sufrían las tierras al desbordarse los ríos regionales, principalmente el río Mante, cuyas aguas permanecían meses sin salida dando lugar a la formación de gruesas capas de lama, que se convertían en campo propicio para la proliferación de zancudos, además de que abundaban los “tábanos”, insecto cuya picadura es sumamente dolorosa. Por ésas razones no se produjeron asentamientos humanos de colonos españoles o criollos, ya que no soportaban la insalubridad de la zona, a la que, sin embargo, reconocían como muy fértil y adecuada para diversos cultivos.

Conforme a investigaciones de varios estudiosos, en éstas tierras vivían tribus indígenas de “recolectores-cazadores”, pero con el predominio de pames, chichimecas y janambres. Sobre todo éstos últimos representaban un formidable escollo para los intentos colonizadores, pues atacaban indiscriminadamente a todos los que pretendieran asentarse en cualquier punto de “Tamatán”.

Refieren distintos relatos que los janambres hostilizaban continuamente a los colonos y cuando éstos trataban de repeler los ataques, los indígenas se refugiaban entre el monte formado, entre otras, por una planta muy espinosa, llamada “choveno” o “sinvergüenza’, de donde no había poder humano que los hiciera salir.

Existen, por otra parte, indicios de que desde muy temprano en la conquista de México, la región de El Mante actual fue visitada por varios misioneros agustinos, entre ellos Fray Juan de Mesa, Fray Nicolás de San Paulo (de apellido Witte); Fray Comelio de Bye y Fray Antonio de Roa, quienes misionaron en sitios como el Tamezín (Tamesí, Tanchipa (Tanchipa) y Tanguanchín; ésto según datos aportados por la doctora Patricia Osante en su obra “Orígenes del Nuevo Santander”.

Pero, según las evidencias disponibles, ninguno de ellos estableció alguna misión u otro asentamiento o, por lo menos, ninguna de las fuentes consultadas da razón de ello. Por lo tanto, los “Cinco potreros de Tamatán”, que también se conocían como el “Frondoso paraje de Canoas”, quedaron fuera de las fundaciones oficiales, inclusive de las escandonianas.

La mala calidad de las tierras de San Juan Bautista de Horcasitas (hoy Magiscatzin, municipio de González), fundado por José de Escandón el 11 de mayo de 1749, obligó a varios de sus colonos a incursionar hacia el lado de la Sierra de Tanchipa, incluyendo los alrededores del nacimiento del Río Mante, donde abrieron al cultivo una gran cantidad de tierras fértiles que les garantizaban excelentes cosechas de maíz, frijol, caña de azúcar, chiles y hasta frutales, con lo que aseguraban la subsistencia y obtenían remanentes considerables para comerciar.

Así, en noviembre de 1750, estando Escandón en visita de inspección en Horcasitas, encuentra ya consumado el hecho de la apertura de estas tierras encontrándola justificada y procede a gestionar la donación de las mismas al obispo de Manila, don Manuel Antonio Rojo de la Fuente y Vieyra, quien accedió a lo solicitado por considerarlo de justicia.

Luego de los trámites y de las diligencias requeridas, Escandón ordena al capitán Juan Antonio de Barberena tomar posesión de las tierras de los “Cinco potreros de Tamatán”, lo que según testimonio del propio Barberena ocurre el ocho de marzo de 1764, levantándose la lista oficial de los colonos mercedados, pertenecientes a las parcialidades de indios huastecos y olives que habitaban en Horcasitas. Miguel Velázquez y Ausencio Hemández representaban a los primeros y Andrés Gómez a los segundos. Treinta cinco colonos fueron ubicados en las inmediaciones del nacimiento del Río Mante y sesenta y seis más desde El Abra hasta Tanchipa.

Con base en éstos datos, algunas personas consideran ésta fecha y a éstos colonos como los fundadores de lo que se conocía como “Frondoso paraje de Canoas”, más tarde “Rancho Canoas”, posteriormente Villa Juárez y actualmente Ciudad Mante.

Sin embargo, debernos reconocer que un reparto de tierras no significa, necesariamente, la fundación de un poblado y, en ese sentido, la actual Ciudad Mante no tiene una fecha precisa de fundación.