Aguas subterráneas de la sierra madre oriental

Las aguas subterráneas son aquellas que se confinan al subsuelo y contrario a la creencia popular de que bajo nuestros pies corren extensos ríos entre cavernas, los acuíferos o el agua subterránea suele estar contenida entre los poros de las rocas que funcionan como esponjas y su acumulación por la filtración del agua superficial hacia el subsuelo es un proceso muy lento que puede avanzar unos pocos milímetros al día. Sin embargo existe una excepción a la regla, en donde ciertos tipos de rocas solubles permiten que el agua las horade a través del proceso de karstificación y forme en ellas profundas galerías subterráneas bajo las montañas en donde efectivamente pueden correr ríos. 
Las rocas solubles suceptibles a la karstificación son los yesos y las rocas carbonatadas mejor conocidas como calizas. La sierra madre oriental está formada de calizas, rocas provenientes de las conchas de los animales marinos, por lo que el agua ligeramente ácifidicada proveniente de la lluvia ha sido capaz de labrarles una red extensa de galerías, cavernas, simas, grutas y cuevas en donde también a veces podemos encontrar ríos subterráneos y surgencias de agua, llamadas fuentes vauclusianas o mejor conocidas como manantiales.
Una fuente vauclusiana es una surgencia de agua que brota intermitentemente y que se da en regiones kársticas a través de un conducto subterráneo que funciona como sifón y que requiere que el agua alcance un determinado nivel para recargarse, dependiendo de las lluvias que caigan en la región. El nombre de vauclusiana procede de un manantial cerca de Avignon, en Vaucluse, Francia.
Ya en anteriores entradas he hablado del cañón de jaures y la fuente vauclusiana del volcancito un ubicado cerca de éste cañón dentro del municipio de Linares, Nuevo León, el manantial del volcancito, el cual presenta caras muy diferentes depndiendo de la época del año. En febrero del 2013 lo encontramos vacío y debido a que no tenemos equipo ni experiencie en espeleología decidimos no continuar para encontra el fondo.
Cueva del volcancito el 6 de febrero del 2013.

Posteriormente acudimos a verlo en octubre del 2013. En septiembre de ese año hubo unos increíbles aumulados de lluvia en la zona al paso del huracán Ingrid, por lo que la surgencia estaba llena y pudimos ver el volcancito lleno.

El volcancito el 9 de octubre del 2013.

Corriente del volcancito el 13 de octubre del 2013.
El invierno del 2013-2014 fue anormalmente húmedo, históricamente no se tenía registro de tanta lluvia en épocas invernales, sin contar que fue el más prologadamente frío y con más tormentas invernales por lo que era obvio que el 4 de enero que fuimos de nuevo lo encontrásemos lleno de agua, tanta que no nos fue posible acercarnos a la bocacueva. 
El volcancito, 4 de enero del 2014.

En nuestra última visita al sitio el nivel del agua había bajado después de 10 meses y la corriente se encuentraba calma, tanto que fue posible ver a través de la claridad del agua hasta donde se pierde el fondo de la cueva, la cual continúa.

El volcancito el 9 de noviembre del 2014.
 
Entrada a la cueva del volcancito. 9 de noviembre del 2014.
Profundidades de la cueva inundada, 9 de noviembre del 2014.

En la primera fotogrfía de la serie se observa la misma cueva sin agua.
Y es así como la sierra madre oriental es una muestra de los procesos geológicos propios de las formaciones calizas y existen en ella una variedad de fuentes vauclusianas como la surgencia de Tambaque en San Luis Potosí y la cueva de Jalpan, más todas aquellas que están en el carso huasteco y de donde nacen ríos y arroyos. Son tanta la fascinación hacia estas zonas donde nace el agua que incluso se les asocia a deidades que habitan en las profundidades y de cuyo folklore ha escrito el antropólogo francés Guy Stresser Péan.
La cueva de Tambaque, San Luis Potosí, en época de secas.
Cueva de Jalpan, Querétaro.
El folclor de las fuentes vauclusianas entre los huastecos
En la parte sureste del estado de San Luis Potosí, México, las montañas calcáreas de la sierra madre forman una serie de pliegues paralelos, similares a los de la región de Jura, en Francia, que abarcan toda la gama de fenomenos kársticos clásicos: cuevas, simas en la superficie de las mesetas, llanuras superficiales cavadas por el agua (lapíaz), etc. Un línea de potentes fuentes vaculusianas-situadas a la salida de un sifón cártstico- de flujo a menudo muy variable, marca el límite oriental de esta región caracterizada por el plegamiento del terreno.
Dichos fenómenos geológicos así como el hecho de que las nubes arrastradas por los vientos alisios parezcan dirigirse siempre hacia la sierra madre – en cuyas laderas terminan deteniéndose, por regla general- han dejado una fuerte impresión entre los huastecos.
Lo anterior ha dado lugar a diversos mitos, según los cuales los cerros están huecos y en ellos eligen su morada los dioses del rayo. Éstos últimos organizan fiestas y balies cuyos ecos creen escuchar los indios en el eco de las aguas subterráneas. Los alegres convidados salen después a la superficie a través de las fuentes vauclusianas, para acompañar hasta el mar las aguas a su cargo. A estas alturas se trata ya de seres degenerados y envejecidos por los placeres sexuales, embriagados por el agua preciosa que vertieron y bebieron anteriormente. Sin embargo, a su llegada al mar, esa agua -imagen del licor de inmortalidad- les garantiza finalmente el sueño mágico de la embriaguéz, seguido por una resurección y un retorno a la juventud.
Guy Stresser-Péan

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El manantial del Volcancito, Linares, Nuevo León

Ya hace tres años que llegué a Linares y uno de los primeros sitios que fui a conocer fue el Cañón de Jaures y la Cueva del Volcancito, de los cuales hice una entrada del blog en aquel entonces.
A principios de año volví a frecuentar el sitio del Volcancito, pero a diferencia de hace tres años, ahora estaba casi seco, había que bajar unos 40 metros por un sótano estrechoy aún así no pudimos sondear el sitio exacto hasta donde había agua. Estas son las imágenes, aunque borrosas por falta de tripié:

Cueva profunda del Volcancito.
Los compañeros sondeando el sitio hasta donde llegó el agua.

Vista desde adentro de la cueva.

Con flash de la cámara nos fue más fácil ver los detalles desde adentro.

Un poco más abajo y no encontramos rastros de agua. 
Esta vez regresamos con la promesa de encontrar por fin el volcancito con agua, pues en la temporada de lluvia suele pasar que se llena y brota a raudales, cuál fuente vauclusiana, sin embargo, con el paso del huracán Ingrid durante el 14, 15 y 16 de septiembre la cantidad de agua superó nuestras expectativas y el agua al salir de la cueva formó una cascada uniéndose al río que baja por el cañón de Iturbide y solo lleva agua después de los huracanes. Todo un espectáculo. Aquí les dejo las fotos, igual un poco borrosas por falta de luz.

Cañón de Iturbide con su río intermitente después del Huracán Ingrid, octubre del 2013.
Cascada de agua que brota de la cueva del volcancito al fondo.

Agua brotando del cerro.
Al ir subiendo por un costado de la cascada pudimos llegar hasta la bocacueva, sitio que durante el estiaje estuvo totalmente seco y ahora rebosaba de agua llegando casi al techo de la cueva. Nos imaginamos la cueva sumergida de aguas turquesas, la impresionante cavidad repleta de agua que no deja de salir durante semanas.


El compañero Humberto, colega botánico, cerca a la bocacueva.
Agua brotando a raudales desde las profundidades sumergidas de la cueva.

Actualmente nadie ha sondeado las profundidades de esta cueva.
Al paso de las lluvias la sierra se embebe y llena los mantos acuíferos, pues en ella por su orígen calcáreo más que en otras sierras, hay una súper red subterránea de cuevas, sotanos y cavernas que sirven como resguardo del líquido y los van suministrando poco a poco hacia la superficie como en el caso de la cueva del volcancito.
Cascada que se forma al pie de la cueva del volcancito.
Y al agua fluye por algunas semanas o meses, dependiendo qué tan copiosas hayan sido las lluvias previas y posteriores que mantienen vivo el afluente.
Aquel día se nos llegó la hora de volver y dejamos atrás el paraje con un clima fresco ya típico del fin de la temporada de lluvias, esperando que el agua que brota de la sierra siga presente hasta que las lluvias vuelvan el próximo año en el mes de julio.
Atardecer en el Cañón de Iturbide.

Cañón de Iturbide, vista al poniente.

Álamo de río (Platanus rzedowski) a la vera del río Iturbide.

Tambaque, donde los dioses del rayo vuelven al mar

El nacimiento de Tambaque es un sitio que se interna en la Sierra Madre Oriental y donde nace el Río Coy, tributario del Río Tampaon, que a su vez viertes sus aguas en el imponente Pánuco.
Este sitio queda a unos cuantos km de distancia al noroeste de la cabecera municipal de Aquismon, municipio de orígen Teenek, al sureste del estado de San Luis Potosí.
El recorrido no tiene ningún costo y se puede andar por agradables senderos al lado del río hasta donde el agua nace de una cueva al pie de un talud en donde el cañón se cierra entre las profundidades de la Sierra.

La corriente es calma porque estamos en época de estiaje.

Podemos ver atrás una vegetación de selva mediana subperenifolia en un estado mas o menos secundario.

El paisaje con sus las luces y sombras del atardecer crean espacios idóneos para reflexionar y abrir la mente.

 El orígen del nombre Tambaque como ya les había comentado en otra entrada tiene varios orígenes, uno de ellos es debidoa que antes cuando hubo la hacienda cañera, al moler la caña se generaba el gabazo que en el dialecto Teenek se conoce como le nombra T’ambax, (el cual se pronuncia tambach) y se dice que los mestizos al no poder pronunciar correctamente la palabra le llamaban “Tambache” y de aquí el nombre actual de Tambaque. La segunda acepción es proveniente de la palabra tzabac, que es el nombre Teenek de un árbol local, que no he podido identificar aún.

El agua va en un nivel muy bajo, pero ello ayuda a formar agradables espejos de agua donde la fauna silvestre baja a abrevar por las noches.

Conforme uno va avanzando por sobre el empedrado de la ladera sur, vamos viendo los manantiales por donde el agua que se colecta en las partes altas de la sierra, viene a salir en estos afloramientos de aguas kársticas que en geografía física se les denomina fuentes vauclusianas, sumamente sagradas para los compañeros Teenek. 

Fuente vauclusiana en Tamabaque, Aquismón, S.L. P.

Ya en su libro de “Un viaje a la Huasteca” el francés Guy Stresser Péan habló de la importancia irremplazable que estos manantiales tienen en la cosmogonía del pueblo Teenek

Los Teenek, saben que los cerros están huecos y es morada de los dioses del rayo, donde hacen fiestas y bailes cuyo eco se puede escuchar entre el rumor de las aguas subterráneas.

Y a pesar de la resequedad de esta ríspida primavera que llegó con múltiples incendios a la región huasteca, el agua sigue firme brotando de las profundidades de la roca, extasiada con tanta luz y tantos colores después de haber permanecido en la completa oscuridad quién sabe desde cuando. Nadie sabe en realidad cuanto es que el agua permanece dentro del cerro al caer como lluvia, hasta que sale por algún manantial.
Y el agua sige brotando con todo y lo seco de la primavera.

Y Tambaque no se seca, marzo 2013.
 Cuando la época de lluvias llega a la región, el caudal crece y trae consigo la revoltura de aguas escandalosas que vienen desde arriba. Mucha de la la lluvia vertida en el espinzao de los cerros colindantes con la Sierra Gorda de Querétaro se infiltra por entre las rugosidades de la roca caliza creando cavernas y sótanos. Es curioso pensar que allá arriba en aquellos parajes tan boscosos como Rancho Nuevo, Lagunita de San Diego o Valleverde, no corra río alguno porque toda el agua se va por los resumideros y viene a inundar puntualmente la llanura Huasteca, el agua siempre encontrará manera e irá a escurrir de nuevo al mar por la boca grande del Pánuco, justo en el Puerto de Tampico.

Al término de las fiestas y las orgías, los dioses del rayo salen cansados de las cuevas a través de los manantiales y van de nuevo con Mamlab, hasta su reino en el mar de oriente, para rejuvenecer y de nuevo emprender su viaje por las nubes hasta las montañas y de nuevo a las profundidades de la tierra.

La selva celosa guarda bien el camino de los dioses del rayo.

Un guardián del río.

Espejo líquido.
Al término del sendero está lo que venimos a ver, un tanto decepcionados por el bajo caudal, pero nunca deja de impresionar la magnificencia de aquellos portales por los cuales ingresar al interior de nuestra madre tierra.

Abertura por donde el agua escapa muy despacio.

Arriba se puede observar la oquedad que en época de lluvia escupe agua a raudales.

Y aquí termina el cañón, justo en una monda pared de roca caliza.

El musgo es la prueba de la humedad que guardan las rocas, son pioneros y crean sustrato para que otras plantas se afiancen durante la época de sequía, pues en época lluviosa, las aguas todo lo cubren.

Chorreadero de piedras arrastradas por la corriente.

Ahora es posible bajar a explorar, pero en época lluviosa todo es un estruendo de aguas que manan implacables de la sierra.

El agua amolda las raíces de los hijos que sustenta y los hace a su antojo, contra ella nadie puede.
Y antes de que oscurezca nos despedimos de tan grata holgura de la tierra profunda, deseando volver para conocerle en su faceta violenta despues de algún huracán.

Meztli feliz de probar el agua kárstica.
Y para no perder la costumbre: buscando zopilotes, tlacuaches o ardillas.
 Ya de regreso del cañón oscuro, de nuevo se hizo la luz y pudimos ver con más calma los señalamientos de la entrada y lo agradable de la arquitectura ecoturística, que para nada me pareció fuera de lugar, ni tampoco agresiva con el entorno, pues se usó piedra del mismo sitio y debido a la humedad, ésta ha ido llenándose de musgos.

Senderos, con plazoletas y áreas de descanso.

Afortunadamente nadie nos impidió entrar con nuestros perros, lo cual me parece excelente para quienes viajamos siempre con ellos. Puntos buenos para el ecoturista no convencional.
Ahí vamos.
El sendero que nos lleva hacia el manantial.

Amar el árbol es comprender la vida.

Plaza del frijolillo. Tamabaque, S. L. P.
La plaza del Frijolillo.
Preservación del agua.
Y como toda buena selva, la estructura de su flora le hace honor con esta interesante epífita.

Más epífitas.
Un habitante finamente ornamentado de la selva de Tamabque.
Las sierras que se yerguen al occidente del territorio Teenek, son  barreras de vida, de una diversidad biocultural magnífica que se abre como un abanico mesoamericano que muy pocos valoran en la geografía mexicana. Pero de nuevo lo reafirmo, éstas selvas son las más norteñas de la vertiente del Golfo, más al norte aún las de Tamaulipas, pero de este porte y estas magnificencias, solo las que le quedan a San Luis Potosí, porque su vecino Veracruz ya ha perdido lamentablemente las suyas a manos de un agrarismo desenfrenado y mal educado.
 
Selva mediana subperennifolia en Tamabaque, AQuismón, San Luis Potosí.

Nótese la estructura arbórea, la presencia de epífitas y los contrafuertes de las raíces.

Y sin embargo, a la tala no se le ve un final en la Huasteca. Ya no siento coraje, siento pena porque esto es causado por la ignorancia y la necesidad.
Pero esperemos que las selvas que quedan se sigan viendo así  y las que ya fueron destruídas, puedan volver a ser selvas y no potreros ni cañaverales.
 Cayendo la tarde nos apresuramos a salir con luz de Tambaque pues todavía nos faltaba encontrar un lugar en donde pudiéramos dormir con los perros, pues por las prisas olvidamos llevar tienda de campaña. Debo mencionar que por una módica cantidad uno puede acampar en las orillas del río Coy, obviamente río abajo del nacimiento de Tambaque.
Y va cayendo la tarde.

Y el sol lo baña todo con su suave luz crepuscular.

Aferrado en el borde, siempre atento del paso del agua. 

Y así ve el árbol, el eterno devenir de la corriente, bebiendo los sueños que le dejan los dioses del rayo al pasar.

Y el sol sigue bañando de luz los paisajes de Tambaque.

Raíces con contrafuertes, prueba de que la vegetación pertenece a un entorno tropical.
Últimos rayos de sol del día.
Al término del recorrido hay venta de comida típica como los bocoles, además pan casero, dulces, plantas ornamentales sembradas en macetas de bambú, y hasta vainilla de Papantla.
Al salir del recorrido, está el Restaurant Tambaque, una edificación de piedra maciza al cobijo de una ceiba y rodeada de plantas exuberantes en donde se pueden comer deliciosos platillos regionales, recomendando así el caldo tres huastecas y las acamayas, así como unas originales y creativas bebidas llamadas Aguas de Afrodita, todo ello atendidos por su propietario el Prof. Mauricio, conocedor de la región, sus leyendas y sus andares. Ahí mismo se pueden hospedar y comprar bebidas para pasar un poco el calorcito de la zona.

Fluír sin un fin más que fluír sin un fin. Gustavo Cerati en su canción Río Babel.

Si desean información sobre restaurantes, hospedaje o camping pueden escribir al correo electrónico:  tambaquecamyrest@yahoo.com.mx o llamar al 482 1034538 y 4821008597.

"Origen y Distribución de las Cavernas en México"

por Ramón Espinasa
Las cuevas que existen en México pueden separarse en dos grupos importantes, de acuerdo a su origen: volcanico – formadas durante el emplazamiento de derrames de lava de tipo pahoehoe -, y kárstico – cuando el agua disuelve la roca caliza a lo largo de fracturas, excavando drenajes y conductos subterraneos. Estas últimas son las más importantes en número y dimensiones. Hace 65 millones de años, durante el periodo Cretácico, la mayor parte de nuestro país se encontraba sumergido bajo el mar, formando una serie de cuencas profundas y plataformas limitadas por arrecifes de rudistas.

Así, en prácticamente todo el territorio nacional se depositaron – hasta en varios kilómetros de espesor – sedimentos asociados a esta gran cadena de arrecifes, formandos principalmente por carbonato de calcio procedente de las conchas de los rudistas, moluscos y otros organismos marinos. A principios del Terciario estos sedimentos, transformados en roca caliza, fueron plegados y rotos para formar la Sierra Medre Oriental, las Sierras de Morelos-Guerrero, las Sierras Orientales de Oaxaca y las Sierras de Chiapas. Mientras tanto, el depósito de sedimentos carbonatados continuó en lo que hoy es la Península de Yucatán, y aún sigue en el Caribe.
Desde que las rocas calizas estuvieron expuestas a la erosión subaérea, el agua ha empezado a disolver y erosionar para trazar su cauce subterráneo.
El agua de lluvia absorbe bióxido de carbono de la atmósfera y de los suelos, reaccionando para formar ácido carbónico. El mineral calcita, carbonato de calcio, de que está formada la roca caliza, se disuelve en esta solución levemente ácida, de manera que al penetrar el agua ensancha las fracturas de la roca. Cuando un sistema de fisuras atraviesa un macizo calcáreo, poniendo en comunicación puntos de la superficie a distinta altura, puede establecerse una circulación hídrica, lo que impide la sobresaturación y establece un patrón de conductos que se ensanchan preferementemente, es decir, nace una caverna.
Una vez que el conducto es lo suficientemente grande para que pueda establecerse un flujo turbulento, la disolución progresará en forma acelerada, aumentando aún más el diámetro, aunque el flujo turbulento no es imprescindible para la formación de cuevas. Si el agua fluye con la necesaria velocidad para transportar partículas, la erosión mecánica puede tomar un papel preponderante en la modelación de la galería.
En la zona de absorción, el agua tiende a buscar el camino (o sistema de fisuras) que le permita bajar lo más rápidamente posible hasta el nivel de la resurgencia. Se trata de la zona vadosa, en la que predomina la erosión, lo que produce la excabación de galerías en forma de cañón, separadas por cascadas.
Este tipo de cavidades presenta un desarrollo principalmente vertical, aunque pueden desarrollarse galerias subhorizontales. Alcanzando el nivel de la resurgencia, el agua se encuentra a presión, y seguirá – según se lo permita el grado de fracturamiento de la roca – el camino más corto, lo que puede provocar que el agua se hunda a profundidades de varios cientos de metros antes de volver a la superficie en la resurgencia, aunque frecuentemente tienden a formarse casi horizontales. Es la zona freática, donde predomina la disolución. Los conductos, totalmente inundados, adquirirán secciones con tendencia a lo circular.
Simultaneamente al desarrollo de un sistema de cavernas, la erosión en la superficie también progresa, lo que da por resultado un abatimiento del nivel freático y, en forma paralela, el descubrimiento de nuevos sistemas de fisuras que permiten establecer otro patrón de drenaje, más directo, hacia la antigua resurgencia, e incluso hacia nuevas resurgencias. Las galerías previamente establecidas quedan, así, abandonadas por el agua en su busca de un camino de descenso cada vez más rápido y directo, mientras se desarrollan nuevas galerías a un nivel inferior. El agua saturada en carbonato de calcio, que a través de una fisura llega a estas galerías abandonadas por el agua, pierde – hacia la atmósfera de la caverna – el bióxido de carbono, depositando simultaneamente la calcita disuelta. Así se forman estalactitas – colgantes -, – estalagmitas -, – ascendentes -, cortinajes, columnas, piletas, y demás formaciones que hacen la delicia de los turistas. Se dice entonces que esa galería es fósil.
En México se han encontrado cavernas de este tipo en casi todos los afloramientos de caliza investigados. Al norte de Monterrey el clima es sumamente seco, lo que ha impedido el desarrollo de cavernas actualmente activas. Sin embargo, se ha hallado un gran número de inmensas cavidades de origen freático – actualmente fósiles -, como la Gruta de García y la Gruta de Bustamante, remanentes de un antiguo sistema de drenaje kárstico, probablemente activo durante el Terciario.
En la Sierra Madre Oriental, a la altura de Ciudad Victoria, se encuentran dos de las cavernas más importantes de México. El Sistema Purificación, que con 80 km. de galerías exploradas es la cavidad más larga del país, y la Cueva del Tecolote, que con 32 km. ocupa el cuarto lugar. En ambas, una serie de arroyos de origen vadoso intersectaron y reactivaros galerías freáticas fósiles, probablemente terciarias.
Más al sur, las evidencias de un desarrollo kárstico disminuyen, pues han sido destruidas y o modificadas extensamente por el actual desarrollo kárstico. Mientras, entre Ciudad Valles, Tamazunchale y Jalpan todo el drenaje es subterraneo, y se han catalogado varios cientos de cavidades, destacan el Sótano de las Golondrinas – con un tiro vertical único de 371 m. – y el Sótano de Trinidad, que tiene más de 800 m. de desarrollo vertical.
En la porción de la Sierra Madre Orieltal, el espesor de las rocas calizas disminuye notablemente. No obstante, ahí se encuentra uno de los sistemas de drenaje subterráneo más extensos del mundo, formado por el Sistema Cuetzalan – 33 km. de largo -, el Sistema San Andrés – 11 km. -, y otras cavidades de varios kilómetros de longitud, formadas casi exclusivamente por procesos vadosos en una capa caliza de 100 m. de espesor.
Al sur del eje neovolcánicon están las Sierras Orientales de Oaxaca, formando la región más lluviosa del país. La abundancia de agua ha favorecido el desarrollo de cavidades; la gran altura de las sierras por encima de los valles ha permitido el desarrollo vertical de las cuevas. Las cavernas más profundas del país se encuentran en esta región: destacan el Sistema Huautla – con 1475 m. es la cuarta cavidad del mundo en profundidad: sus 56 km. la convierten en la segunda más larga del país -: el Sistema Cheve, que posee 1386 m. de profundidad explorados, pero con un potencial comprobado de 2600 – cualidad que lo sitúa como el sistema hidrológico conocido más profundo del mundo -, y otras cavidades de 1000 m. de desnivel. En las Sierras de Morelos-Guerrero, aunque de dimensiones más modestas, existen formas kársticas de consideración. Sobresalen los cursos subterraneos de los ríos Chontacoatlán y San Jerónimo, ambos de más de 5 km. de longitud, y el cauce fósil de este último, representado por las Grutas de Cacahuamilpa.
En las Sierras de Chiapas se han hallado también grandes cavidades, cuyo desarrollo se ve favorecido por las intensas lluvias. Destacan a este respecto el Sumidero Yochib, cuya exploración fue especialmente ardua por el gran caudal que fluye por ella; en buena medida, las dificultades de acceso han inibido las exploraciones de cavernas de esta región.
La peninsula de Yucatán representa el afloramiento más extenso de rocas calcáreas en el país. Sin embargo el relieve es muy escaso y sólo existen lomeríos en la porción sur. Las cavidades desarrolladas en la Sierra de Bolonchán presentan desarrollo vadoso, pero la mayoría del resto de la península es de orígen freático. Los frecuentes cambios en el nivel del mar durante el Cuaternario, sucesivamente han inundado y secado estas cavidades: entre los resultados de este fenómeno está el colapsamiento de las partes superficiales del techo de las cavidades, dando origen a los famosos y abundantes cenotes. Con técnicas de buceo, en la costa de Quintana Roo se han explorado algunos cenotes actualmente inundados, encontrándose formaciones estalactíticas y hasta restos arqueológicos, prubas de que las cavidades estuvieron secas en épocas relativamente recientes. Destacan el Sistema Nonhoch-Nah-Chich, que con más de 20 km. de longitus es la mayor caverna inundada explorada en el mundo.
Vale anotar que las cavernas volcánicas se forman durante el emplazamiento de grandes coladas de lava basáltica, por enfriamiento de las superficies externas de la corriente de lava. La rígida costra que cubre a la lava una vez enfriada protege el calor de la interior, que sigue escurriendo. Al terminar la erupción, los conductos quedan vacíos. Casi siempre, las entradas a este tipo de cavidades son colapsos del techo y siguen la pendiente del derrame original, por lo que el espesor del techo es pequeño. Por desgracia, la exploración y estudio de este tipo de cavidades en México ha sido prácticamente nula.
El mayor sistema de cavidades volcánicas conocido se encuentra en el derrame del volcán Suchiooc, en la Sierra Chichinautzin – sur de la ciudad de México -, en donde se han encontrado varios tuvos de lava de hasta 3 km. de longitus y 200 m. de desnivel. Este tipo de cuevas se conoce en prácticamente todas las regiones volcánicas de México, destacando el Eje Neovolcánico.

¿Qué es la espeleología?
El término espeleología se deriva de las palabras griegas spélaion, caverna y logos, tratado; se define formalmente como la ciencia que estudia las cuevas desde un punto de vista topográfico, geológico y biológico.
Se sabe de trabajos espeleológicos importantes realizados desde el siglo XVIII (en Alemania), pero no fue sino hasta finales del siglo XIX, gracias al austriaco Schmidt (navegación de los ríos subterráneos de Reka y Pinka, cerca de Trieste) y más que nada al francés Edouard-Auguste Martel, cuya labor desde 1883 y durante más de cincuenta años fue ejemplar, que se elevó la espeleologíaa rango de disciplina científica. Martel y sus contemporáneos usaban pesadas escaleras de cuerda y peldaños de madera para bajar tiros verticales. En 1931 Robert de Joly (también francés) diseñó las escaleras de electrón de cable de acero delgado y peldaños de aluminio mucho más ligeras y transportables.
Poco a poco la espeleología empezó a adoptar las técnicas y el equipo que se usaban en el alpinismo, desde el punto de vista deportivo y ambas disciplinas mostraban cada vez tener más en común. Sólo hasta años recientes se han abierto las puertas de las cuevas, pasadizos secretos que conducen a muchos rincones, nunca imaginados, de nuestro mundo. Se han explorado alrededor de 40 cuevas de más de un kilómetro de profundidad, 32 de más de 40 km. de longitud, 6 de más de 100 km. de longitud y una de más de 500 kilómetros de longitud (Mamooth Cave Sistem). De cualquier manera, sin temor a exagerar puede decirse que aún falta la mayor parte por explorar. ¿Y quién quiere der el que lleve la luz por primera vez a esos tímidos ambientes y sea el primero en admirar tan caprichosa belleza, y contribuya con un descubrimiento más, revelando la forma y extensión de nuevas porciones del mundo?
La espeleología en México
México es un paraíso para el espeleólogo; alrededor del 20% del territorio nacional es propicio para la formación de cuevas. Se ha explorado mucho durante las dos últimas décadas, pero dada la gran superficie con potencial para encontrar cuevas de dimensiones importantes todavía hay mucho por hacer.
Un gran precursor de la espeleología mexicana fue el español Federico Bonet. Él estudio la carrera de ciencias y en México fue catedrático del IPN e investigador del Instituto de Geología de la UNAM. Junto con Bolivar y Pieltrain realizó gran cantidad de investigaciones bioespeleológicas; publico trabajos sobre su labor en la Sierra de El Abra, en la Sierra de Xiltla y en Cacahuamilpa. Otro gran pionero fue Jorge de Uriquijo, fundador del Grupo Mexicano Espeleológico Mexicano (GEM) e impulsor de gran cantidad de exploraciones, entre las que destaca la del Pozo Meléndez, en las cercanias de Taxco, Guerrero. Esta fue la primera cavidad de más de 200 m. de rpofundidad explorada por mexicanos; para ello se usaron técnicas muy rudimentarias.
Uno de los lugares más famosos en México es el Sótano de las Golondrinas, en la huasteca potosina, en medio de una selva húmeda alta y cafetales. Es el tiro volado más profundo del mundo, con -371 m. ¡Cabrían dentro de este abismo 3 torres latinoamericanas con todo y antena, una encima de la otra! No lejos de allí, está la Hoya de las Guaguas (cotorras) cuyo tiro de entrada es de más de 100 m. y termina en uno de los salones subterraneos más grandes del mundo (en total tiene poco más de 400 m. de profundidad). México se ha vuelto famoso en el ámbito espeleológico internacional por sus numerosos abismos, extraordinariamente bellos y profundos.
Durante la última década, año con año durante la época de secas, México ha recibido numerosas expediciones espeleológicas de muy diversos paises: Estados Unidos, Canadá (Quebec), Francia, Bélgica, Italia, Inglaterra, España y aún Australia. El mayor esfuerzo por recopilar reportes de todas estas expediciones lo han hecho miembros de la Association for Mexican Caves Studies (AMCS), de Austin, Texas, a través de sus boletines y News Letters anuales. La Sociedad Mexicana de Exploraciones Subterráneas ha comenzado un nuevo esfuerzo para que el registro de los trabajos se haga, al menos también, en México y, últimamente, ha contado con la cooperación de muchos grupos de varios paises, incluyendo a la AMCS.

Ruth Diamant
Fuente :

Artículo “Origen y distribución de las cavernas en México” escrito por Ramón Espinasa.

El artículo fue obtenido gracias a Julio Rios.

Cañón de Jaures y Cueva El Volcancito

Hola
La semana pasada tuvimos la oportunidad de ir a explorar un lugar en la sierra llamado el cañón de Jaures. Este lugar esta muy cerca de la cabecera municipal de Linares, aproximadamente a unos 28km de distancia al suroeste, por la carretera estatal 31 Linares – San Roberto. Todo fue gracias a un error de cálculos, pues por pláticas de una compañera de la maestría, quien me comentó de un sitio denominado El Volcancito, cueva con un manantial que verte las aguas captadas en las partes altas de la sierra durante las temporadas húmedas de junio a octubre, llegamos sin querer al cañón sin percatarnos que el mencionado “Volcancito” se hallaba casi al pie de la carretera, y paraje del cual mas adelante les comentaré.
Por lo pronto el cañón de Jaures está saliendo de Linares y entrando por el cañón de Santa Rosa, por donde pasa la carretera la cual ha quedado un tanto dañada desde que pasó el meteoro de Alex el mes de julio del 2010, se llega al vado del río, en la desviación hacia los ejidos de Rancho Viejo y La Palma, desde dónde se accesa al cañón por un camino de terracería un poco sinuoso y accidentado. 
 Mapa de ubicación del cañón de Jaures
El cañón se abre hacia el sur, y está rodeado de altas paredes verticales de roca caliza. Entrar al cañón de Jaures es entrar en un reino amurallado, recóndito entre las alturas, pues al comienzo te encuentras a unos 600 msnm, mientras que las cumbres rebasan los 2000 msnm, fundiéndose en una perfecta gama verde de matorrales submontanos, encinares, bosques mixtos de encino y pino, pinares y finalmente valles de orígen sedimentarios, locamente llamados potreros, angostos sitios de topografía plana rodeados de altísimas paredes calizas tapizadas de agaves y cactáceas.
Vista norte del cañón de Jaures entre paredes verticales de caliza.
Aparentemente el lugar no ofrece mucho atractivo para el turista común, quien busca de ríos, cascadas, cavernas y aventuras “extremas”, en cambio para el  turista exigente y amante del entorno natural, es un exquisito viaje serrano, pues en tan solo 8 km de recorrido, 4 de subida y 4 de regreso, pudimos ver halcones cola roja emitiendo su particular llamado en lo alto de las cumbres, ademas de auras, mosqueros y el privilegio incomparable de ver dos hermosos trogones machos, situación bastante afortunada.
Para el botánico, el regalo es la sorpresa de hallar una población significativa de cycadas de la especie Dioon edule, bastante características, protegidas por las leyes mexicanas y  endémicas de la Sierra Madre Oriental, desde Nuevo León hasta Veracruz, comúnmente llamadas Chamales, maíz viejo o maíz de los abuelos por la forma de su órgano reproductivo o cono, del cual se cosechan las semillas para molerlas y elaborar masa para tamales. Además también hay cactáceas que crecen entre la yesca de pino.
 
Dioon edule
 Cactáceas en bosque de pino
Río abajo, justo a la altura de carretera, esta la llamada cueva del Volcancito, la cual está  inundada al pie del talud del cerro, por dónde el agua sale desbordada semejante a la lava surgiendo de la boca de un volcán  durante la época lluviosa. Obviamente en este mes el agua esta en niveles muy bajos, hasta unos 10 m en la profunidad de la oquedad en forma de tunel profundo y solo es posible llegar a ella descendiendo por una peligrosa caída surcada por rocas gigantes que han quedado varadas desde tiempos inmemoriales debido a la fuerza de arrastre del agua, hasta la base de suave y gris arena silícea como el preludio hacia una inundada negrura de dimensiones desconocidas esperando a ser recorrida.
 Caverna El Volcancito durante la temporada seca.
Estando frente a la garganta inundada de agua con tonalidades azul oscuro, frente a nosotros se yergue el techo de la oquedad y pudimos percatarnos con asombro y tristeza de los rayones y graffitis que los turistas sin cultura dejan cuando el agua alcanza sus máximos niveles y es posible tocar el techo de la cueva simplemente nadando dentro de ella. En la imagen siguiente, donde aparecemos mi hermana  y yo,  alcanzan a observarse los graffitis de color rojo y azul en el techo de la cueva, que la verdad dejan mucho que desear de los pseudo turistas que visitan estos parajes solo para dañar y no para admirar y aprender.
Finalmente, caminamos un poco por el cauce seco del río y es sorprendente la fuerza del agua durante el huracán Alex, plasmada en la basura que arrastró río abajo desde Iturbide y que los estoicos alamos de río (Platanus sp.) resistieron al quedar atascada entre sus troncos. Les dejo finalmente el perfil de una hoja de estos alamos, habitantes ineludibles de los ríos de la Sierra Madre Oriental.
Hoja de álamo de río Platanus sp.