Viaje etnobotánico a la Sierra Huasteca – Día uno

Actualmente me encuentro cursando el Doctorado en Manejo de Recursos Naturales acá en Nuevo León, mi temática de tesis de investigación versa sobre la diversidad de flora y tipos de vegetación que hay en la cadena montañosa de la Sierra Madre Oriental, desde Coahuila hasta Veracruz; mucho de mi trabajo consistirá en la revisión de especímenes depositados en diferentes herbarios en México y Estados Unidos, eso será solo uno de los capítulos, por lo que atendiendo a la necesidad de volver las investigaciones de flora mucho más prácticas que teóricas en beneficio de la conservación y el buen manejo de nuestras plantas, otro capítulo se basará en aquellas especies sobre todo de árboles que las comunidades etno-mestizas aprecien y que a su vez puedan servir para crear un programa de restauración en los bosques tropicales de la región Huasteca, que es la que en entradas anteriores, he señalado como la región más transformada de esta sierra mexicana.

En base a lo anterior, los días 31 de mayo, 1 y 2 de junio se organizó  una salida de campo de la materia de etnobotánica para los compañeros de Maestría de la Facultad de Ciencias Forestales de la UANL a favor del cumplimiento de sus créditos y no está de más decirlo, que también con la finalidad de echarme un poco la mano en mi proyecto de invstigación, por lo cual les estoy infinitamente agradecida. Sin contar que este tipo de experiencias abren mucho el panorama a los estudiantes, sobre todo a aquellos que así como salen de la licenciatura se embarcan en la maestría sin haber conocido el “mundo real” de como se mueven las cosas en este país. 
El intinerario era llegar a desayunar a las puertas de la Huasteca, comunidad de Guayalejo, Llera de Canales, Tamaulipas.

Dicen por ahí que del Guayalejo en delante, ya todo es Huasteca.

Aquí se ubica un restaurant a orilla de carretera cuya especialidad es el consomé y la barbacoa de borrego, bastante rústico y pintoresco, bardeado de carrizos del género Arundo donax, una especie invsora de nuestros ríos y arroyos, pero que sabiéndola secar se usa bastante bien en muchísimas acciones. Aquí empezó la faena de ver cómo es que las personas utilizan sus recursos vegetales. Además de las instalaciones el menú ofrece plantas de temporada como los taquitos de chochas, que son las inflorecencias de las palmas Yucas, en cuyo caso podemos saborearlas de marzo a junio en toda la región semiárdida de Nuevo León, Coahuila y Tamaulipas.

Los compañeros desayunando en Guayalejo. (Fotografía del Dr. E. Estrada).

Barda de carrizo Arundo donax. (Fotografía del Dr. E. Estrada)

Poste de madera de Vidrioso, una especie que desconocemos. (Fotografía del Dr. E. Estrada).

En el Restaurant sirven tortillas de maíz recién hechas, el aplanador es de madera de mezquite. (Fotografía del Dr. E. Estrada).
Ya habiendo comido, el siguiente punto era llegar a comer un postre en La Morita, donde tienen extensas huertas de mango y con ellas hacen pays y agua, además de tener un vivero con plantas nativas y exóticas, sobre todo frutales. Aquí algunos les tocó conocer los jobos o también llamados ciruelos (Spondias mombin), una especie nativa muy diseminada por la llanura Huasteca (Todas las fotos de La Morita son propiedad del Dr. E. Estada).

La Morita, Xicoténcatl, Tamaulipas.

Viendo El vivero.

Jobos (Spondias mombin).

El vivero de la La Morita.

Plantas de ornato y frutales.

También plantas para fines agroforestales.

Mucha variedad.

Lomo de tigre.

Los compañeros muy interesados en la gran variedad de plantas.

 Después de dejar la Morita, cruzamos Ciudad Mante en la parte sur de Tamaulipas, aquí la Sierra Madre Oriental se aleja de la carretera y la vista se pierde entre los cañaverales de la zona que abastecen al Ingenio Mante, con sus camiones cargados de caña que localmente les denominan “Las despeinadas”, por obvias razones. Toda esta parte del estado está llena de cultivos de caña, y la monotonía se interrumpe en la Sierra del Abra  en cuyos flancos se han abierto minas de cal que entristecen el paisaje polvoriento y semiárido de la selva baja en los meses de secas, cruzando esta sierra está Antiguo Morelos y posteriormente la frontera con San Luis Potosí, para pasar por en medio de Ciudad Valles.

Las despeinadas. (Fotografía del Dr. E. Estada).

Cañaverales y al fondo la Sierra alagartada del Abra  (Fotografía del Dr. E. Estrada).

Pasando el tórrido Valles, seguimos por la carretera hacia Tamazunchale y nos desviamos en la entrada a Aquismón, con la finalidad de ir a Tambaque, en donde Juan y yo estuvimos hace un par de meses y ya hice una crónica de dicho viaje, aquí nace el Río Coy y además se puede nadar, acampar y preparar buenos días de campo, pero si a ti como a mi no te gusta el tumulto de gente, no vayas en Semana Santa o en fin de semana.

Para llegar hay que pasar por el centro de Aquismón y en el camino podemos ver los tianguis donde se ofrece variedad de plantas que las personas traen de sus huertas en la sierra. Esta parte de la Sierra de Aquismón es la Sierra de los Teenek, porque es aquí donde se concentra la mayor cantidad de sus centros poblacionales en comunidades como Tamapatz, Tantzobtzob, Tampaxal y Zopope.

Tianguis de Tanchanaco (Fotografía de E. Estrada).

Además el camino ofrece múltiples vistas de cómo se usan las plantas como cercas vivas en los numerosos  potreros de la zona.

Cerca viva en el camino a Tambaque (Fotografía de E. Estrada).

Potreros. (Fotografía de E. Estrada).

 En el sitio hay un restaurant muy pintoresco construído de piedra y cobijado por una magnificente ceiba a la orilla del río de aguas turquesa.

Restaurant Tamabaque (Fotografía de E. Estrada).
Río Coy (Fotografía de E. Estrada).
En el restaurant venden aguas frescas de frutas de temporada como la zarzamora y capulín cutlivadas en la región, además de mango, limón, piña etc., todas mezcladas en una fusión fresca que el propietario del restaurant, el Prof. Mauricio, bautizó: Aguas de Afrodita. Además ofrece platillos regionales como el caldo tres huastecas, las acamayas y las ecnhiladas en su versión huasteca y potosinas.
Agua de zarzamora (Fotografía de E. Estrada).

Ceiba que cobija al Restaurant (Fotografía de E. Estrada).

La distribución más norteña de las Ceibas está en Llera, Tamaulipas, en la huasteca es común encontrarlas creciendo en valles al pie de las montañas, sobre todo en áreas húmedas (Fotografía de E. Estrada).

Brazos de ceiba (Fotografía de E. Estrada).

Pasada la comida y la nadada, nos dirigimos de nuevo a Aquismón para tomar otra vez la carretera nacional 85, de aquí rumbo al municipio de Huehuetlán, a conocer y probar las nieves artesanales de más de 50 sabores entre los que destacan frutas autóctonas tropicales o cultivadas como jobo, capulín y lichi (de orígen Chino), además de los sabores más conocidos como mango, limón, chocolate, vainilla, fresa, cajeta, rompope, queso con frambuesa, nuez y muchísimas más.

Comiendo nieve artesanal en Huehuetlán, San Luis Potosí.
Después de ahí, partimos a lo que sería nuestro destino final y base de operaciones: Xilitla, y en donde pernoctamos en el Hotel Guzmán, lugar económico y confortable a media cuadra del centro y con una vista envidiable a la serranía Xilitlense, en donde justo a nuestra llegada pudimos apreciar el atardecer del 31 de mayo en todo su esplendor, y lejano y altivo el cerro de T´idhach en voz Teenek o Huitzmalotepetl en voz Náhuatl, erróneamente denominado “silleta”.

Cerro de T´idhach o Huitzmalotepetl visto desde Xilitla (Fotografía de E. Estrada).
Anuncios

La diversidad cultural de la Sierra Madre Oriental

El primer mapa de la Huasteca de Abraham Ortellius. Nótese la toponímia en su mayoría Hasteca.

De nuevo una entrada haciendo alusión a la Región cultural de la Huasteca. Suelo hacer mucho hincapié en la zona porque dentro de la Sierra Madre Oriental, que como ya he explicado en antiguas entradas (Subprovincias fisiográficas de México, Regionalización  fisiográfica de la Sierra Madre Oriental), la sierra abarca prácticamente todo el noreste de México, pero su parte más meriodional o sureña, la Huasteca, es el área con mayor diversidad de especies y culturas,  que bien es equiparable a mencionar el bajío, la sierra tarahumara, la región mayense, la mesa purépecha, la sierra huichola, la mesa del Nayar o la selva lacandona. Todas estas regiones culturales tienen el común denominador de una gran riqueza en biodiversidad y en cultura.
Desafortunadamente el pasado cultural del norte de la SMOr, fue destruido casi en su totalidad, y no quedan muchos vestigios vivos de su existencia, salvo la étnia Kikapú de Coahuila, todo lo demás son grabados y pinturas rupestres como las que recientemente se encontraron enclavadas en unas cuevas en la sky island Sierra de San Carlos, al norte del Estado de Tamaulipas.

Kikapúes de Coahuila, México.
 
Pinturas rupestres en las cuevas de la Sierra de San Carlos al noroeste del estado de Tamaulipas.
Sin embargo, estas piedras incomprendidas nada nos dicen acerca del acervo vivo de cómo eran las relaciones del humano y la naturaleza. Toda esa riqueza solo quedó plasmada en fragmentos en algunos escritos de los conquistadores. Fue entonces que por sus condiciones climáticas de aridéz y lejanía, las sierras septentrionales son las mejor conservadas de la SMOr.

Sierra de Menchaca al norte del Valle de Cuatrociénegas Coahuila, en perfecto estado de conservación.

Prácticamente todas las serranías que surcan el estado de Coahuila pertenecen a ella y lo constatan, así bien, la Sierra de Picachos y el cinturón de sierras de Nuevo León, como también la parte que cruza el estado de Tamaulipas, donde comienza la Huasteca cruzando el río Guayalejo en el municipio de Llera, encontramos todavía buenos vestigios de conservación como la reserva de la Biósfera el Cielo, y aunque en menor medida, también ciertas zonas serranas rodeadas de tierras cañeras al norte de San Luis Potosí como la Reserva de la Biósfera de Abra Tanchipa, y las serranías del Naranjo, Ciudad del Maíz y Tamasopo, donde aún hay un excelente hábitat para mamíferos indicadores de conservación como el jaguar (Investigación: Abundancia del jaguar (Panthera onca) y de sus presas en el municipio de Tamasopo, San Luis Potosí).

Ejido San José, Reserva de la Biósfera El Cielo, Gómez Farías, Tamaulipas.
Tomando como base la carretera que cruza de Río Verde a Ciudad Valles en San Luis Potosí y exceptuando la Sierra Gorda Guanajuatense y Queretana, de ahí para abajo, el panorama de conservación de la vegetación primaria de la SMOR es evidentemente muy escaso.

Sierra Gorda Queretana, cuyas sierras se encuentra en su mayoría en buen estado de conservación.
Empero de su devastación, la región Huasteca, hasta la fecha es hogar de 7 grupos culturales: los Teenek o Huastecos, los Nahuas, los Otomíes de la Sierra, los Pames, los Chichimecas Jonáces, los Tepehuas y los Totonacos, más los mestizos.

Pames de Santa María Acapulco, San Luis Potosí.

Chichimecas jonáces de San Luis de la Paz, Guanajuato.

Teenek de Tanlajás, San Luis Potosí.

Otomíes de la Sierra, San Pablito Pahuatlán, Puebla.

Tepehuas de Pisaflores, Veracruz.

Totonacos de la región del Río Pantepec, Veracruz y norte de Puebla.

Nahuas de la Huasteca.
Mestizos en las festividades de Semana Santa en Tanlajás, San Luis Potosí.
Pero como ya mencioné, esta zona de la sierra ha sido transformada casi en su totalidad; su clima favorablemente húmedo, así como su paisaje boscoso y abrupto ha gestado múltiples relaciones etnobiológicas. Y así había sido por cientos de años sin aparente disturbio, hasta la aparición del yugo español, que dió paso a nuevas tecnologías de aprovechamiento de la tierra, llegando así el ganado bovino y desplazando la usanza ocasional de comer carne de venado, temazate, jabalí y mucha otra fauna silvestre en menor proporción a como se comían hojas, frutos, semillas, insectos, miel, mariscos y muchos otros alimentos, no solo carne. Así se erosionaron los cerros, se extendieron las milpas, se tumbaron los bosques y la parte sureña de la SMOr, la más rica en biodiversidad y cultura, es ahora la más devastada y a la vez marginada.

Lo que antes fue una selva continua se convirtió en potreros en Tancanhuitz de Santos, al fondo la Sierra de Aquismón, San Luis Potosí.
El valle que alguna vez fue selva alta y mediana perennifolia rodeando la SMOr como las mismas selvas que quedan en Veracruz y Chiapas, que se extendían hasta Tampico y Pánuco, ahora son ranchos grandísimos en manos de unos cuantos propietarios, mientras que las montañas a donde el español ahuyentó a los dueños legítimos de aquellos valles, es decir los Teenek, quienes se toparon a su vez con los Nahuas, Otomíes y Tepehuas, ahora es tapiz de contrastantes mizcahuales, o potreros para las vacas, pedazos de selva y bosque de niebla secundarios, miles de comunidades encaramadas en las lomas pelonas, una red telarañezca de tendido eléctrico en todos los rincones y uno que otro pico conservado como el Cerro Grande, La Silleta y los riscos de Tecaya en San Luis Potosí, el Cerro de Lontla , el Cerro de la Aguja y el Cerro de Tehuetlan en Hidalgo, la sierra de Otontepec en Veracruz, etc.
Cerro de Lontla, Hidalgo.
Sierra de Otontepec, Veracruz.

Cerro de La Silleta, San Luis Potosí.

Cerro de La Aguja, Hidalgo.

Digamos que a grandes rasgos Ciudad Valles en el estado de San Luis Potosí, es el umbral de los contrastes. Por un lado hacia el norte, en la sierra ya no quedan muchos vestigios vivos de los antiguos pobladores étnicos, salvo los Kikapúes en las sierras de Múzquiz Coahuila, pero en su mayoría conservan bastante bien su vegetación primaria de bosques mixtos y matorrales, así mismo su biodiversidad, mientras que para el sur hay muchos tipos de vegetación sobre todo tropicales y biodiversidad, además seis étnias (Teenek, Pames, Nahuas, Otomíes de la Sierra, Tepehuas y Totonacos), pero muy escasos sitios conservados.

Ello ha formado ese sincretismo tan particular a partir de una mezcla entre las étnias, los mestizos, su historia, la geografía, la religión y muchos más factores, quienes han visto nacer una gran riqueza cultural y se han autodenominado todos por igual: Huastecos. 

No puede faltar ese sentimiento de pertenencia representado en una de las aves más carismáticas de la franja tropical que surca la región meridional de la SMOr.
Entonces, la SMOr, es por excelencia, una biorregión de contrastes bioculturales intensos y vivos, que engalanan y enriquecen la tierra de México y en apenas 1350 km de distancia hay más especies, más lenguas, más tipos de suelo, climas y geoformas que en toda Inglaterra. Otra razón por la cual sentirme viviendo en un paraíso que no cambio.

Fotografías tomadas de la red y la página de facebook de Tancanhuitz y Tanlajás.