Viaje etnobotánico a la sierra Otomí-Nahua-Tepehua del norte de Veracruz

El pasado mes de julio tuve la oportunidad de aventurarme en un viaje etnobotánico a la parte norte del estado de Veracruz, más específicamente a la sierra donde convergen tres culturas: la Otomí de las sierras orientales, la Nahua de la Huasteca y la Tepehua.

Anduve visitando los municipios de Ixhuatlán de Madero, Chicontepec de Tejeda, Zontecomatlán de López y Fuentes, Huayacocotla, Zacualpan y Texcatepec. Algunos de manera fugáz, pero llevándome gratos recuerdos y valiosísima información en cada uno de ellos, brindada cordialmente por sus habitantes Otomíes.
El primer día llegué de Linares a Álamo Veracruz en un autobús de la línea Futura de Estrella Blanca, a las 5 de la mañana, de ahí tomé un autobús local de Álamo a la comunidad de Llano de Enmedio municipio de Ixhuatlán de Madero, ahí llegó por mi mi Maestro Otomí el Dr. Luis Pérez Lugo, su primo Don Mayolo y su sobrino Omar, para posteriormente dirigirnos a la cabecera del municipio de Chicontepec y después a la comunidad de Limontitla, en el municipio de Zontecomatlán. Se habló con unas cuantas personas y se levantó el registro de las especies útiles más conspicuas. El tipo de vegetación en Limontitla es Selva Alta Perennifolia, o lo que queda de ella…

Palacio municipal de Chicontepec de Tejeda, El Balcón de las Huastecas, Veracruz.

Calles de Limontitla, Zontecomatlán, Veracruz, y pensar que alguna vez todas estas laderas estuvieron cubiertas de Selva Alta Perennifolia.

Chinche transmisora de la enfermedad de Chagas.

Un amigo muy fresco.
 Después de ahí nos dirigimos a Zontecomatlán donde cenamos, para después partir hacia Huayacocotla, cruzando prácticamente la sierra por todo el espinazo, viendo desde selvas tropicales hasta bosque mesófilo de montaña. De Huayacocotla, donde por cierto hacía mucho frío aquella noche, partimos a la comunidad de Atixtaca por una brecha sinuosa que baja desde Huaya hasta un valle amplio con bosques de niebla y varias plantaciones forestales, ahí pernoctamos en una hermosa cabaña con el mejor de los anfitriones: Doña Clarencia, la madre de mi Maestro Otomí. Ahí conocí a demás a Reyna, la hermana menor del Dr. Lugo, quién me sorprendió que también sea bióloga y se encuentre estudiando la vegetación de la Sierra de Otontepec, una  hermosa serranía aislada en el centro norte de la llanura veracruzana. Aquí hice otro levantamiento de información.

La cabañita donde dormí. De verdad que es un lujo dormir en esta casa en medio del bosque de niebla.

El patio de la casa de Doña Clarencia.

Una yegua.

Aquí las personas suelen criar borregos.

La casa donde me hospedé. Atixtaca, Zacualpan, Veracruz. Tipo de vegetación: bosque mesófilo de montaña.
 Posteriormente partimos en la camioneta hacia la comunidad de Agua de la Gallina, tambien en Zacualpan, pero de ahí bajamos a pie a un rancho privado en la congregación de la Guayaba en donde me mostrarían los famosos Pezmones, helechos arborecentes del género Cyathea, que alguna vez fueron bastante abundantes en toda la franja nubosa de la sierra madre oriental desde Veracruz hasta Oaxaca y que ahora se encuentran en peligro de extinción principalmente por el cambio de uso de suelo. Aquí pude observar uno de los mejores bosques de niebla que he visto en mi vida, pero muy a mi pesar, es solo un pequeño cañón fragmentado de unos cuantos cientos de hectáreas.
Pezmon, helecho arborescente del género Cyathea. Zacualpan, Veracruz.

Bosques de niebla de Zacualpan, Veracruz. Los helechos más pequeños se llaman pezmas.

Pezmas y pezmones, bosques de niebla, Zacualpan, Veracruz.
 Si hay algo que abunda en los bosques húmedos de Veracruz son los hongos, sin embargo, son organismos bastante desconocidos y desafortunadamente no cnozco sus nombres, pero si alguien quiere colaborar para identificarlos, se los vamos a agradecer todos quienes nos interesa conocer más acerca de la diversidad micológica mexicana. 

 Fue aquí donde he visto los liquidámbares más corpulentos y longevos de la sierra, aquí son llamados mirras, y los lugares donde abundan se les denomina mirrales.

Mi maestro Otomí, el Dr. Luis Pérez Lugo al lado de los liquidpambares más grandes del área.

El cayado de un helecho arborescente.

Helechos por todas partes. Nunca había visto tantos, sin embargo los más altos los vi en los bosques de niebla de  Tlanchinol, Hidalgo.

Se dice que aquí manda una mafia maderera lidereada por un solo dueño que no aprovecha, más bien explota la madera sin importar la integridad de los bosuques más biodiversos de la Sierra Madre Oriental. Desafortunadamente la CONAFOR está de acuerdo y premia las horribles plantaciones forestales sin dilucidar que éstas son un simple huerto de árboles, sin un ápice de biodiversidad como la tendría un bosque natural maduro.
 Después de ver los mejores bosques de niebla de la zona, partimos a la comunidad precisamente de la Pezma. Aquí también pude recavar mucha información y especies diferentes que la gente usa en su devenir cotidiano y además varias de ellas con un significado ritual. Esa tarde en la Pezma cayó un fuerte aguacero que al sonar sobre el techo de lámina en la casa de Doña Victoria, nuestra anfitriona, creaba un fuerte estruendo que sobresaltaba, sin contar que un gato noviero que nunca pude ver, se la pasó maullando incesantemente después de la tormenta y aún en las primeras horas de la mañana. Aquí además pude ver una gran variedad de animales domésticos que conviven de diaro con los habitantes de la Pezma.
La comunidad de la Pezma en un límpido amanecer de julio.

Vista desde la comunidad de la Pezma.

Lana secándose al sol.

Borregas.

Marranos bebés que para impedir que escapen entre las cercas, se les amarran al cuello horcones de diferentes tipos de madera.

De los compañeros más antiguos que tiene nuestro pasado indígena, el guajolote.

Una postal bizarra.

En ningún rincón de México pueden faltar las gallinas, que sin bien son asiáticas, se han adaptado perfectamente a nuestro entorno.

El Piojo, perro campero, raza criolla común en la zona.
Las vacas tampoco faltan en la geografía mexicana, desafortunadamente la dependencia a la carne traída por los españoles ha resultado en la apertura de muchos potreros para mantener hatos de ganado, que ha resultado en un intenso cambio de uso de suelo. Se acaba la salud humana y se acaban los bosques por creer que consumir carne a diario es saludable…

Y con los excrementos vacunos llegan más hongos.

Con los españoles también llegó el ganado equino.

Y deambulando por ahí, un montón de gatitos.
Las flores abundan ambién en los solares de las casas, en los caminos vecinales, las milpas y las brechas, la gran mayoría nativas y algunas malezas.

Orquídea.
Flor sin id.
Una huele de noche del género Mirabilis.

No me olvides, sin id.

Florifundio, Brugmansia sanguinea.

Hierba del zopilote, Ageratina sp.

Salvia sp.
Flor sin id.
Flor sin id.
La siguiente comunidad muestreada fue Cerro Chato, al pie de un imponente cerro de roca caliza que se considera sagrado.
El cerro Chato.
Vista desde Cerro Chato.
Parvadita de guajolotes en la comunidad de Cerro Chato.

Un gallo solitario en la comunidad de Cerro Chato.

Milpa al borde del abismo. Comunidad de El Tundó.
La siguiente comunidad fue Zacualpan, bajando por Agua Blanca en el estado de Hidalgo. Aquí hay varias minas de caolín y la extracción maderera es sumamente intensa, el tipo de vegetación es bosque de coníferas en su mayoría. El plan original era bajar de nuevo a Atixtaca y de ahí a las comunidades con selva tropical, pero un derrumbe adelante de la comunidad de Tzocohuite nos lo impidió, así que rodeamos por la cabecera de Zacualpan. Realmente pensaba que todas las cabeceras municipales de México tenían acceso pavimentado, me di cuenta de mi error, pues Zacualpan carece de carretera, solo se accede por brecha. Algunas comunidades por las que pasamos fueron Cruz de Ataque, Monte Obscuro (que de obscuro no tiene nada, solo hay plantaciones jóvenes de Pinus patula, muy deprimente, la verdad), Canalejas de Otates y El Manzanal. 
Deslave hacia Atixtaca adelante de la comunidad del Tozocohuite. En verdad que mis respetos al Dr. Lugo quien se sabe todos los caminos de la zona y sobre todo maneja muy bien de noche. Nada lo detiene.
Tiendita de paso en la comunidad de Tzocohuite.
Barranca cerca de la comunidad Tzocohuite. De las pocas zonas con bosques conservados debido principalmente a la inaccecibilidad para aprovechar la madera.

Tan cerca y tan lejos, Atixtaca se ve en el fondo de las barrancas pero debido al deslave tuvimos que rodear por la cabecera de Zacualpan.

Desafortunadamente en esta parte del municipio de Zacualpan hay muchísima extracción maderera, a mi parecer, bastante inadecuada.

Camino por la comunidad de Monte Obscuro.

La piedra parada, curioso mogote de roca caliza.

Monte Obscuro, de las pocas partes con bosques más o menos maduros.
Hornos para hacer carbón.
Riscos casi llegando a la comunidad de Zacualpan.

Pinguiculas sp. pequeñs plantas carnívoras creciendo en una pared por donde escurre agua durante la temporada de lluvias.
Pasamos Zacualpan y dimos vuelta por el camino que va para Atixtaca, pero antes de eso pasamos por un vivero que la CONAFOR tiene en la comunidad de Pueblo Viejo, donde realmente quedé impactada y decepcionada de lo que los cargos forestales del país son capaces de hacer. Pues a grandes rasgos resulta que el vivero produce una especie de pino que ni siquiera es de la zona: Pinus chiapensis, que si bien es una especie nativa de México y América Central y está asociado al bosque mesófilo de montaña, no se distribuye naturalmente tan al norte de Veracruz, más bien se ubica en los estados de Oaxaca y como su nombre lo indica: en Chiapas, y de ahí hacia Centroamérica. ¿Entonces porqué la CONAFOR siembra y distribuye esta especie en lugar de usar especies nativas? Son preguntas cuya respuesta solo atiende al mercado y al bolsillo…Pues por lo general a CONAFOR le resulta molesto investigar qué especies son las que crecen naturalmente en la zona, y además, mucho menos o nada les importa lo que los antiguos y originales pobladores Otomíes y Tepehuas de estas sierras tengan para decirnos acerca de cuáles son los árboles o las plantas que ellos más valoran y además son excelente candidatos para hacer reforestaciones, restauraciones e incluso plantaciones.

Vivero Forestal en Pueblo viejo, Zacualpan, Veracruz.
De hecho de eso versará el capítlo II de mi tesis de Doctorado, y el motivo de este viaje, expresamente para conocer los árboles nativos y valorados por los Otomíes que tengan potencial para la restauración de las zonas degradadas, y que, de lograrlo, sirva como guía para que la CONAFOR se acostumbre a escuchar la opinión de los pobladores locales y biólogos y aprenda a hacer los proyectos adecuadamente usando especies nativas desde el principio.
Además, me comentaban los forestales que atienden el vivero, que ellos tampoco no comprenden las órdenes de sus superiores, debido a que las personas acudían al vivero en busca de especies como el tlacuilo (Ulmus mexicana) y el palo escrito (Dalbergia palo-escrito), árboles de maderas que podrían considerarse preciosas y que en la actualidad son extremadamente escasos en la sierra de la región. 
Tallado en madera de talcuilo. Tlacuilo quiere decir en náhuatl: el que pinta escribiendo, el veteado de esta dura madera tropical es extraordinario y parece precisamente que está pintado.
Semillas de Palo escrito.
Aunque, he de aceptar que hubo gratas sorpresas. En la misma zona hay una cabaña muy confortable para que vengan a quedarse los investigadores, al lado corre un arroyo entre helechos arborescentes y mirras (Liquidambar stryraciflua) y además hay un hermoso orquidario obra de un biólogo investigador orgullosamente originario de Zacualpan, que logró colectar más de 70 especies de orquídeas, bromelias y helechos epífitos. Espero pronto ponerme en contacto para leer detenidamente su tesis que debe ser una joya única en esta zona de Veracruz. Por lo pronto les dejo las fotos para que se animen a conocer este interesante orquidario. 

Después de dejar Pueblo viejo, pasamos al recorrido que va de Atixtaca a bajar de nuevo a la llanura costera veracruzana a Llano de Enmedio y de ahí de nuevo a Álamo – Linares. Todas las localidades tuvieron lo suyo, pero este recorrido en especial que baja desde el bosque de niebla  a la llanura, me resultó espectacular. Tuve la oportunidad de ver desde arriba los bosques de niebla con helechos en donde estuve unos días antes, desde un puerto donde se divisan los relictos mejor conservados en el Rancho Las Guayabas, un poco antes del atardecer.

Vista del Rancho de Las guayabas, con los mejores bosques de niebla de la zona.
Desde Atixtaca hasta el punto donde pernoctamos pasamos las siguientes localidades por el lomo de los cerros: Las Mesillas, El Mezquite, El Manzano, El Batda, Agua Linda, El Tomate, El Capulín, Texcatepec (Cabecera municipal del mismo nombre que tampoco tiene carretera pavimentada para acceder), Las Canoas y finalmente Pie de la Cuesta a donde llegamos a dormir en medio de un tremendo aguacero. Aquí nos atendió de lo lindo una familia allegada al Dr. Lugo, he de aceptar que  en la sierra después de un viaje ajetreado es donde mejor se duerme. Bajamos de 1874 msnm en Atixtaca a 1446 en Pie de la Cuesta.

Pie de la Cuesta, Texcatepec, Veracruz. Los cerros calizos me recurdan mucho a Xilitla, S. L. P. Al fin Huasteca, todo es carso.
Aquí trabaje parte de la mañana y seguimos bajando, descubriendo por mi parte que estábamos cruzando por en frente de los cerros en donde se ubica el Cerro Chato, localidad en la que habíamos estado días antes y en medio una cañada profundísima por donde escurre el río Vinazco. Más abajo pasamos por La Mirra, Ayotuxtla, El Jabal, Cumbre del lindero y finalmente nuestro otro objetivo de ese día: Tzicatlan, totalmente de vuelta al sofocante clima del trópico que tanto amo.

El Cerro Chato visto desde “en frente”, y en medio la cañada por donde escurre el río Vinazco.

Señora Otomí de la comunidad de Ayotuxtla recargada en un cedrito rojo, que amablemente nos compartío del desayuno que aquel día le llevaba a su esposo a la labor.

Hermoso río Vinazco. De vuelta al magnífico clima tropical del faldeo de las sierras.
En Tzicatlan, hice más búqueda de información, ese día fue día de plaza y el mercado estaba lleno de comerciantes Otomíes y Nahuas con sus productos de todos lados y muchos de ellos cultivados en sus propios solares, además aquí la vegetación ofrecía otras posibilidades y otros nombres de plantas distintos. Pude ver una especie de “pata de cabra” (Bauhinia sp.) en floración que nunca había visto y además conocí un médico-curandero otomí, quedando a ratos inmersa en una conversación castellano-otomí que me hubiese encantado comprender. Aquí conocí también los cacahuates crudos sin tostar, bastante sabrosos. Y no faltó la foto a un pollito solitario que de no ser porque no me dejan subir con animales al autobús, me lo hubiese traído desde Veracruz a Linares 🙂

Bauhinia sp. en floración. Nueva para mi.
Polluelo solitario en la comunidad de Tzicatlan, Texcatepec, Veracruz.
Desde Tzicatlan son aproximadamente hora y media hasta la carretera que va de Llano de Enmedio hasta Chicontepec, para bajar pasamos las comunidades de Agua Fría, El Cuayo, La Esperanza, La Pahua, El Naranjal, Otlayo, Escuatitla, Tepetzintla, Rancho Nuevo, Ixtacahuayo, Tlaltzintla, Hueyhuatl, El Crucero, Azoquitipa, Tlamaya, Otlatempa, Huexoco, El Puente y El Paraje en donde se  acaba la terracería y comienza la carretera, de ahí nos fuimos hasta Llano de enmedio en donde la travesía continuaría al municipio de Tlachichilco y después al vecino estado de Hidalgo a los municipios de Huehuetla y San Bartolo Tutotepec, pero que desafortunadamente a causas ajenas a mi interés no pude seguir el viaje, pero prometí volver el diciembre. Así será…

Algo que me dejó profundamente desilusionada fue la gran devastación que ha sufrido esta parte de Veracruz, no es novedad que dicho estado de la república sea de los que menos vegetación primaria conservan, pero es muy triste debido a que irónicamente es uno de los más biodiversos.
Comunidad de La Pahua, rumbo a Ixtacahuayo y la Carretera de Chicontepec a Llano de Enmedio, Veracruz.
Al final del viaje tomé el último autobús que sale de Llano de enmedio en Ixhuatlán de Madero a las 7 de la tarde con destino a la cabecera del municipio de Álamo y de ahí el autobús a Monterrey de las 9 y media de la noche, llegando a las 5 de la mañana a Linares, Nuevo León. El próximo viaje será en vehículo propio saliendo de Linares y tendré la posibilidad de llevar 2 pasajeros extras que estén realmente interesados en conocer estos parajes desde su bioculturalidad. 
Sin embargo, si desean conocer esta zona de Veracruz por su parte, no duden en contactarme para proporcionarles la información y los contactos necesarios para llegar. Eligan hacer etno, agro y ecoturismo.

Le agradezco infinitamente a todos quienes colaboraron para que mi visión etnobotánica otomí se enriqueciera, pero especialmente al Dr. Luis Pérez Lugo por llevarme con él y tenerle la suficiente paciencia a mi inquisitiva, inexperta y débil persona, por eso  y mucho más es un gran maestro.

Anuncios

Viaje al ejido La Trinidad y paraje El Butano, Montemorelos, Nuevo León

Panorámica de la sierra de Montemorelos, hacia el ejido la Trinidad, Nuevo León. Vista hacia el sur-poniente.
Para los botánicos locales, el camino a La Trinidad y El Butano enclavados en una de las sierras más hermosas de Nuevo León, son parajes de especial interés por sus elementos de orígen neotropical y holártico, varios de ellos relictos de bosques mesófilos de montaña muy antiguos que quedaron varados en lo recóndito de la serranía, con especies que están en peligro de extinción, raras, hermosas y muy escasas, pero sobre todo, por ser de los pocos sitios que albergan una gran diversidad genérica de coníferas, en este sitio podemos hallar desde la parte más baja sabinos (Taxodium mucronatum), pinos (Pinus sp.), cedros (Juniperus y Cupressus), pinabetes (Picea martinezii), tejos (Taxus globosa) y oyameles (Abies sp.), faltando solamente los hayarines (Pseudotsuga sp.) para estar completos todos los géneros de coníferas oriundos de Nuevo León.
El viaje comienza desde el municipio de Allende, por el paraje Raíces en la carretera Nacional 85, donde típicamente las familias locales van a pasar días de campo en el Río Ramos, un paraje agradable y lleno de sabinos, no obstante si te gusta la privacidad y le huyes al bullicio, te recomiendo no ir los fines de semana, semana santa o vacaciones, debido a la gran afluencia de paseantes. 
Brazo del Río Ramos, Allende, Nuevo León. Vegetación riparia con Taxodium mucronatum, la primera de nuestras coníferas y la única que le gusta vivir en los valles y no sobre las montañas.

Entre semana, el río luce solitario y es el tiempo perfecto para ir a tomar fotografías.
Siguiendo la carretera, se va viendo el panorama distinto, dejamos atrás el bosque de galería y los matorrales submontanos van tomando forma. La carretera termina y comienza la brecha de terracería en mediano estado de conservación, no apta con lluvia o vehículos bajos. Hay una parte de la brecha donde es posible ver un meándro del río Ramos que baja desde las pozas del Chipitín en Santiago, es llamado la media luna y es lugar también de especial interés escénico al cual se accede siguiendo el cauce del río y no desviándose hacia La Trinidad.
En la esquina inferior izquierda es posible observar un poco borrosa la poza de la media luna, un meándro del Río Ramos que baja desde las Pozas del Chipitín en Santiago, Nuevo León.
La foto es de baja calidad, pero aquí se aprecia mejor la media luna.
 Conforme vamos adentrándonos en las cañadas cálidas de la montaña, empezamos a ver elementos interesantes presentes en nuestra flora neolonesa como la Esenbeckia berlandieri, el cual es un árbol pequeño de 3 a 6 m de altura, de corteza blanquecina, con hojas color verde oscuro y brillante de punta es redondeada, cuyas flores se encuentran en las puntas de las ramas y los frutos son unas cápsulas leñosas y gruesas. Esta planta es endémica de México y está asociada a climas cálidos entre los 100 y los 300msnm en concordancia con el bosque tropical caducifolio y subcaducifolio, no obstante aquí en el estado se asocia a los matorrales submontanos, que es lo más cercano que tenemos a los bosques tropicales en el estado. Es considerado además el árbol más raro de Texas.

Rama de Esenbeckia berlandieri, llamada también hueso de tigre e ipté en la Huasteca.
Una Esenbeckia berlandieri en el camino, puede verse su porte pequeño y elegante.
En el mismo ecosistema también se encuentra además un girasolito muy especial, endémico del estado y de la Sierra Madre Oriental, y además el único representante de su género: la Vigethia mexicana, o girasol mexicano de Vigeth. 

Vigethia mexicana, girasol endémico de Nuevo León y de la Sierra Madre Oriental.
Siguiendo la ruta de terracería, los ecosistemas comienzan a cambiar, así como el clima que se vuelve más fresco y húmedo. Aquí es donde la transición entre matorral submontano y bosque de encino permite que aparezcan nuevos elementos relevantes como los nogales, que hallan en estas sierras gran diversidad. Solo en el camino de acceso en la trinidad hay tres especies de siete que hay en el estado de Nuevo León.
Juglans major o nogal cimarrón.

Carya ovata.
Carya myristiciformis.
Ya en un entrada anterior hablé de las especies de plantas ornamentales nativas que están presentes en muchos hogares por tradición y que originalmente fueron sustraídas de los ecosistemas para formar a ser parte de nuestros hogares. Unas de ellas es la pata de vaca Bauhinia macranthera, leguminosa muy atractiva parienta de la que vemos en la ciudad con sus flores rosas o blancas durante la época de secas (Bauhinia purpurea), que si bien las especies de la sierra no tienen esas flores tan grandes y brillantes, son lo suficientemente atractivas para resaltar en la vegetación y ser sustento de múltiples polinizadores. Además encontramos especies herbáceas como la comunmente llamada barca de la niña, aquí se desarrollan en áreas de roca bajo condiciones ecológicas a veces muy paupérrimas de extremo sol y ausencia de agua, y embellecen por igual, jardines, maceteras y promontorios rocosos. Otras más son florecitas silvestres llamativas que engalanan las orillas de las brechas, los potreros, los baldíos y todo aquel sitio expuesto que reciba bastante luz.
Patas de vaca (Bauhinia macranthera) en el precipicio, floreciendo después de las lluvias de mayo.
Bauhinia macranthera, parienta de Bauhinia purpurea, en Nuevo León hay 5 especies de Bauhinias.
Flor de Bauhinia macranthera.
Tradescantia sp. o barca de la niña, especie ornamental sumamente diseminada en Nuevo León.

Erigeron sp. con un escarabajo longicornio de la familia de los cerambícidos.

Scutellaria suffrutescens de la familia de las lamiaceas, salvias, mentas y poleos son de la misma familia.

Ageratina sp. de la misma familia de los girasoles, es decir las asteráceas o compuestas, debido a sus infloresencias llamadas capítulos que están rodeadas de brácteas, que serían lo que coloquialmente conocemos como pétalos. Esta es la familia de  las angiospermas con más diversidad biológica en el mundo.

Otra asterácea del género Helenium, con su capítulo abultado a punto de florecer.
Una pequeña fresa silvestre comestible del género Fragaria, que se distingue por ser rastrera y no tener espinas.
Zarzamora silvestre del género Rubus, caracterizada por tener tallos espinosos a diferencia de Fragaria. Ambas son de la misma familia: Rosaceae, la misma de las manzanas, peras, duraznos y ciruelos.

Prunella vulgaris una plantita invasora que le encanta la frescura y la humedad de los bosques proveniente de Europa, también de la familia de las lamiáceas, usada en medicina tradicional para curar heridas e inflamaciones en la piel.

Bouvardia ternifolia, llamada también trompetilla por la forma de sus flores, una rubiácea como la planta del café.

Otra asterácea, esta vez una de porte un poco arbustivo, llamada Senecio roldana.

Geranio silvestre, Geranium sp.
Ranunculus sp. de la familia Ranunculaceae, llamado botón de oro en la zona.

Trébol del género Oxalis, familia Oxalidaceae.
Un Desmodium sp. de la familia de las leguminosas como los frijoles, las habas y los garbanzos.
Desmodium sp., Ranunculus sp. y Bouvardia ternifolia creciendo juntos.
Después de las lluvias salen las flores del género Tigridia, sus camotes se quedan en dormancia mientras la humedad y la temperatura son propicias para desarrollarse.
Siguiendo el camino, curiosamente después de subir al bosque de encino, la brecha baja a un cañón muy angosto que vuelve internarse en zonas cálidas en un bosque ripario muy particular. Otras rarezas se encuentran aquí, como una especie endémica de álamo y la tila mexicana.
Puente para cruzar el arroyo, en días de junio bastante seco. Este es otro arroyo que baja de la sierra y se junta con el Río Ramos. Aquí se pueden ver además mucha fauna asociada a las corrientes de agua.

Populus mexicana, un álamo difícil de ver en Nuevo León. En México, se encuentra reportado en la parte este de la planicie costera del Golfo de México, desde Nuevo León hasta Chiapas y el municipio de Álamo, Veracruz debe su nombre a esta especie.
Tilia mexicana, especie originaria de México que habita en climas templados entre los 1000 y los 2000msnm de altura asociada a bosques tropicales, mesófilos de montaña, de encino y de pino. Aquí se encuentra en la vera del arroyo.

Detalles del musgo que crece en las rocas que se humedecen a la orilla del arroyo.
De nuevo el camino remonta el cerro y le da la vuelta, ya en el horizonte de la serranía se alcanza ver la enigmática Piedra parada, promontorio calizo de exuberantes proporciones que enmarca el panorama único en la zona y a cuyo flanco se ubica una cueva que según rumores, fue explorada por un europeo hace algunos años, quien llegó con la promesa de encontrar un pterodáctilo, reptil fósil volador. Son leyendas, pero le dan un toque cómico e intrigante al sitio.
La cueva del pterodáctilo.

La piedra parada.
Más arriba, el agua brota a raudales de la sierra, cada montaña es una esponja que capta las aguas de lluvia guardando una proporción y dejando correr paulatinamente otra tanta a través de ojos y manantiales, que es donde se abastece la gente que vive allá arriba. Ya en estas altitudes pudimos ver un tejocote (Crataegus rosei), derivado del Náhuatl, en la que “texocotl” significa fruta dura, la cual es muy apreciado por la fauna silvestre, sobre todo los osos negros que hay en la región, además considero que es una especie elegante y bonita para considerarla como ornamental en las zonas templadas del noreste de México, solo en Nuevo León hay 11 especies, de las 13 que hay en el norte y centro de México. Aquí pueden leer o descargar un artículo acerca de este género en Mexico.

Especies de tejocotes de Nuevo León:

  1. Crataegus aurescens
  2. Crataegus baroussana var. barrousana
  3. Crataegus crus-galli
  4. Crataegus cuprina
  5. Crataegus gracicolor
  6. Crataegus grandifolia var. potosina
  7. Crataegus greggiana var. greggiana
  8. Crataegus greggiana var. pepo
  9. Crataegus rosei ssp. parrayana
  10. Crataegus sulfurea
  11. Crataegus tracyi var. madrensis

Chorro de agua que baja de la sierra.

Tejocote, Crataegus rosei ssp. parrayana
 Subiendo un poco más la vegetación se vuelve boscosa y comenzamos a ver los pinos moctezuma (Pinus montezumae), los cuales son escasos y no tan fáciles de encontrar. Se caracterizan por tener fascículos de 5 a 6 acículas y sus conos de color orce se curvan lugeramente en la parte terminal.
Pinus montezumae.
Conos y ramas de Pinus montezumae.
Rama con conos de Pinus montezumae. Nótese la ligera curvatura en la parte terminal del cono.
Después de una hora y media de subida en camioneta, finalmente arribamos a La Trinidad, que se ubica en un valle intermontano amplio y boscoso con un increible buen grado de conservación a pesar de ser un ejido con aprovechamiento forestal. Actualmente está dentro del programa de pago de servicios ambientales y las personas que lo conforman han aprendido a preciar más el turismo como fuente de ingresos, aunque incipientemente debido a que no muchas personas saben de su existencia. El objetivo de esta entrada además de informar acerca de los hallazgos botánicos de nuestros estudios, pretende incentivar la afluencia de turistas consientes que les permita apreciar la verdadera escencia de estos parajes tan únicos en México.

Llegando y viendo los Cupressus lusitanica del camino.
Cabaña en construcción, el turismo se va volviendo una realidad en el sitio, esperemos sea en beneficio de sus pobladores y no para unos cuantos adinerados habitantes de la ciudad.
 
Viviendas típicas.
 
Vista oriental del valle de la Trinidad, Montemorelos, Nuevo León.

Calles de La Trinidad, Montemorelos, Nuevo León.

Iglesia católica de La Trinidad, Montemorelos, Nuevo León.
Casa de adobe y madera, una buena combinación bio-arquitectónica debido a su aislamiento en esta zona templada.

Después de haber comido una deliciosa comida serrana en casa de Doña Rosalinda, habitante de La Trinidad, nos enfilamos al Butano, que está todavía a una hora o cuarenta minutos en camioneta a buena velocidad, un paraje realmente recóndito donde conviven elementos propios de los bosques mesófilos de montaña como las magnolias (Magnolia dealbata), los pinos colorados (Pinus patula), así como especies de bosques templados como los pinabetes (Picea marinezii) y los tejos (Taxus globosa).
Existe una investigación que señalan que en el paraje el Butano hay relictos de bosque de niebla o bosque mesíflo de montaña, tomado del documento, textualmente expresan lo siguiente:

“En el ejido La Trinidad, de Montemorelos, N. L., específicamente en el paraje conocido como El Butano, existen algunos rodales de bosque mesófilo de montaña. En las partes bajas y en las cañadas de esta área, con exposiciones este y noreste en los 1500 msnm, se detecta una nueva localidad en la distribución de Magnolia aff. dealbata, en contacto con bosques húmedos de Quercus rysophylla y de Q. affinis; y en íntima relación con el incremento altitudinal, se han observado otros elementos como Cornus florida, Carpinus caroliniana, Quercus coccolobifolia y Pinus spp. En la cota altitudinal de los 2100 msnm se inicia la distribución de Picea martinezii con Cornus florida, Ilex rubra, Quercus greggii, Abies duranguensis var. coahuilensis, Carya ovata y Taxus globosa. En estos lugares las especies detectadas muestran mayor afinidad hacia los elementos y las condiciones templados.”

Así que, un poco incrédula, aquel día vi que efectivamente el área puede llegar a presentar periodos de niebla, aunque escasos, dejan la sensación de que estamos en un bosque de niebla estructuralmente bien definido, aunque bueno, no olvidemos que si bien no son bosques de niebla como los de Tamaulipas, Veracruz o Puebla como, son importantes relictos que nos dan pistas de como fue la vegetación en un pasado lejano.

Camino al Butano, bosque de oyamel (Abies vejarii), pino moctezuma (Pinus montezumae) y pino colorado (Pinus patula).

Sauco en floración (Sambucus mexicana), especie también rara y asociada a bosques húmedos y templados.
Hongo del género Lycoperdon, en España llamados cuescos o “pedos” de lobo.

Debido al tiempo, aquella ocasión nos enfocamos en ir a ver las coníferas dejando la cañada de las Magnolias en un paraje llamado “Cuchilla parada” para otro día. Conforme nos adentramos en la brecha comenzamos a ver los primeras pinabetes, esas raras y hermosas coníferas únicas en el estado, con tan solo tres especies en México que aún están en debate debido a nuevos hallazgos genéticos: Picea chihuahuana, Picea mexicana y Picea martinezii (en honor al botánico Hidalguense Maximino Martínez), ésta última solo presente en Nuevo León y en ninguna otra parte del mundo. Aquí más info del pinabete de Nuevo León.

La entrada a la cañada de las Piceas martinezii, Taxus globosa y Abies vejarii.

Una pequeña Picea martinezii.

Una subida ligera en un bosque ancestral de pinabetes.

Un cono de pinabete.
Taxus globosa, usado en la medicina moderna para extraer el componente anticancerígeno Taxol.

Rama de Picea martinezii con cono, sus acículas son sumamente afiladas y “pican” al tocarlas, además si se corta una rama, en cuanto se seque, todas esas pequeñas acículas se caerán dejando la rama como un esqueleto, característica única de los pinabetes.
Después de quedar satisfechos con la colecta fotográfica, nos enfilamos de nuevo hacia La Trinidad para alcazar a llegar con luz a la carretera, ese día estuvo nublado, así que nos apresuramos. No obstante no todo en el viaje fueron alegrías, pues al regreso pudimos ver mondos campos sin pinos debido a la plaga del descortezador del pino del cual hablé anteriormente. Es lamentable la situación, y esperemos quede controlada a sus parámetros normales, puesto que las ondas cálidas provocadas por el cambio climático propician que estos insectos sigan depredando el bosque sin control natural ni de los factores meteorológicos como los frentes fríos, las masas de aire polar o incluso las heladas y nevadas en la zona. 

Bosques plagados con descortezador del pino (Dendroctonus sp.).

Al secarse los pinos se notan rojizos y son derribados, para que su madera sea quemada apilada en montones. Es un método bastante rudimentario, pero hasta la fecha es el más efectivo.
Pudimos bajar sin percances y la ida al Butano nos dejó maravillados. Si no eres fan de las plantas, te recomendamos ir a disfrutar de la tranquilidad del pueblo, saborear sus comidas típicas, sobre todo las salsas de chile de monte, los frijoles de olla y las tortillas recién hechas. Ademas puedes acampar, ir a la cueva del pterodáctilo, conocer de cerca la piedra parada y respirar el aire más limpio cerca de Monterrey y su área metropolitana. Preferible subir en camioneta de doble tracción o vehículo alto. Si necesitas más información puedes contactar vía Facebook la página de La Trinidad o a la compañera Ana Soriano que este 3 y 4 de Agosto organizará un viaje al ejido bastante económico para que conozcas uno de los bosques más importantes del noreste de México.

La vida del biólogo norteño

Hace mucho que no escribo. Esto es debido a la gran cantidad de trabajo que he estado armando para la conformación de mi tesis de Maestría con especialidad de Ciencias Forestales, inclinada por su puesto a la flora de la sierra y a la fitogeografía de los elementos que la componen.

Cuando eres estudiante de biología, todo parece como estar en una juguetería, cada laboratorio es un portal a otro mundo, con la maravillosa particularidad que todo tiene una conexión, porque somos estudiosos de la vida, desde las ínfimas bacterias, hasta la más grande y longeva secuoya, entonces bacteriólogos y botánicos compartimos esa pasión inigulable que produce el estar tan enamorado de la vida a tal grado de volverse todo un estilo de vida que muy pocos comprenden.

Reserva de la Biósfera Pastizales de Janos, Chihuahua, México.

Yo soy bióloga y me titulé hace poco más de cinco años trabajando con tres especies de aves migratorioas y carismáticas de pastizal en el estado de Chihuahua (el tecolitito llanero Athene cunicularia, el chorlito llanero Charadrius montanus y el Zarapito picolargo Numenius americanus), más especificamente en los pastizales del municipio de Janos de enero a marzo del 2006 en la Reserva Ecológica Rancho El Uno con sus 18,500 hectáreas, actual sede de la Reserva de la Biósfera, y a escasos km de distancia de la frontera con Nuevo México, fue una experiencia espectacular, los pastizales son ecosistemas muy ricos contrario a lo que se piensa por verlos áridos y sin árboles, son un acerbo de gramíneas impresionante y son el hogar de muchísimas especies de mamíferos y aves sobre todo migratorias, al parecer su riqueza mastozológica solo es superada por la de la Selva Lacandona, con la diferencia de que en Janos, cualquier día puedes ver con facilidad perritos de la pradera, hurones, coyotes, tejones, liebres, conejos, zorrillos, zorritas, puercoespines, gatos monteses y actualmente hasta bisontes.

Cría de gato montés (Lynx rufus) Foto de J. Cruz Nieto.

Tlalcoyote (Taxidea taxus) Foto de J. Cruz Nieto.

Zarapito pico largo (Numenius americanus). Foto de J. Cruz Nieto.
Perrito de las praderas de cola negra (Cynomys ludovicianus) el habitante más carismático de los pastizales de Janos y un verdadero ingeniero del entorno. Foto de J. Cruz Nieto.
Zorrita norteña (Vulpes macrotis) descansando en su madriguera, son muy activas de noche.
Bisonta recien parida en el 2010, su cría fue otra hembra. Foto de Jose Luis García Loya.

Puercoespín (Erethizon dorsatum), un habitante difícil de hallar, pero fácil de fotografiar debido a su lentitud y su carácter tolerante, pues sus espinas son su mejor defensa y no precisa escapar. Foto de  J. Cruz Nieto.
Pollos de búho cuernos largos (Asio otus), registrado por primera vez anidando en Janos en el 2007.

 Estando en Janos, a mi consideración, en uno de los estados más agrestes y maravillosos de México, en Chihuahua, no pude evitar el volver para quedarme a trabajar ahí todo un año entre el pastizal, los hemedales y los bosques antiguos de la sierra. Llegué un 14 de octubre del 2006, después de una santa paseada con el gremio ornitológico de la Facultad de Ciencias Biológicas en el North American Ornithological Conference en Boca del Río Veracruz, fue aquí donde vi por primera vez el espectacular Río de Rapaces. Aquel día de llegada al Rancho en Janos me recibió este atardecer.

Un día cualquiera en el pastizal de Janos puedes ver de todo, desde águilas reales cazando, jaurías tremendas de coyotes aullando al unísino que hasta la piel se enchina quizás por la remembranza de cuando éramos presa, casas abandonadas con lechuzas de campanario anidando en ellas, tlalcoyotes cavando sus madrigueras, vacas muertas llenas de toda clase de carroñeros y oportunistas, piaras de jabalíes, puntas de flecha también llamadas “chuzos”, cactáceas solitarias, buhúos de cuernos cortos ocultos en medio del pastizal, víboras de cascabel por montones, explosión de flores después de las lluvias, caballos ferales, pedazos de vasijas enterrados, escarabajos peloteros, tortugas de caparazon pintado… un sinfín de seres de las más variadas formas, pero que desafortunadamente ven su hábitat en riesgo debido a la apertura de caminos, la expansión de la frontera agrícola por parte de los mexicanos y las colonias menonitas, así como el uso de pesticidas, y porqué no? también la cacería y envenenamiento de los llamados ” animales indeseables”. Rumbo a Ciudad Juárez, una ciudad en medio de un desierto tórrido y hermoso, pero vejada por la mala fama que le crean las personas y sus problemas, está el desierto de Samalayuca con sus dunas, uno de los paisajes más extraños y hermosos que haya tenido la oportunidad de apreciar en Chihuahua.

Explosión de flores después de las lluvias, al fondo de la foto un presón lleno de agua.

Zinnias.
El Lobo y el Winy, los cuidadores del Rancho El Uno.

Rancho El Uno en la nevada del 2007.

La sierra de Janos nevada.
Después de la nevada, la nieve se va derritiendo y el agua se infiltra a los mantos freáticos.

Madriguera de búho de cuernos cortos (Asio flammeus)
Colección de egrarópilas y restos de plumas y alimentos de búho de cuernos cortos
Musaraña momoficada.
Tecolotito llanero atropellado en el camino que va al ejido Pancho Villa.
Cultivo menonita, la remoción del pastizal para abrir tierra de cultivo, fomenta la erosión,  un problema grave que aqueja a los pobladores janenses y obviamente a la diversidad biológica del área, todo se vuelve polvo y se lo lleva el aire.

Las dumas de Samalayuca, municipio de Ciudad Juárez, Chihuahua.

Pero no todo en Janos es Pastizal, la parte sur y poniente del municipio toma una porción interesante de la Sierra Madre Occidental, localidades como Ojo Frío, Altamirano, Ejido cinco de Mayo, Casa de Adobe y Mesa de las Guacamayas, la barranca de Tasahuinora con sus cuevas con arte rupestre, Cañón obscuro, Presa Casa de Janos, Tres Cruces… son algunos puntos dignos de mención. Aquí fue donde por primera vez vi osos negros y conocí los bosques antiguos con sus abies y preudotsugas de más de dos metros de diámetro increiblemente bien conservados y donde es fácil imaginar que estuvo el carpintero imperial. Además hay mucho venado, cóconos silvestres, ardillas, pintorrabos, mapaches, puma y por ahí dicen que hasta castores. Pero el principal atractivo del área es sin duda Mesa de las Guacamayas, el sitio más norteño del continente donde anida la cotorra serrana occidental, de ahí su nombre pues en la zona la cotorra es llamada guacamaya o guaca. Desafortunadamente lo efectos del calentamiento global se han dejado sentir con fuerza y desde hace unos cuatro años los bosques han comenzado a ser invadidos por álamos del género Populus, han ocurrido incendios, las tinajas y cascadas donde la funa bebe estan secas y ya no ha sido posible la ubicación de nuevos nidos de guacas en el área. Pronto Mesa de las Guayamas ha dejado de ser refugio de esta especie que ya migró a zonas más sureñas en los municipios de Madera, Temósachi, San Juanito y otros lugares en la sierra de Durango.

Rancho Los Arcos, Sierra de San Luis Chihuahua-Sonora, México.
Atardecer en el cerro del Carcay visto por detrás, al fondo está la comunidad de Ojo Frío.
Barranca de Tasahuinora, la más norteña de las barrancas, la cual no está muy explorada.
Agave en la barranca de Tasahuinora.
Primeras nevadas en Mesa de las Guacamayas (Enero del 2007).
Biznaga de la sierra de Janos.
Es curioso, pero en la sierra hay más especies de cactáceas que en el matorral.
Muchas son rupícolas y están adaptadas a vivir en las hendiduras de rocas ígneas o de orígen volcánico.

Allá, cada año por ahí de noviembre se celebra una festa en la localidad fronteriza de “El Berrendo”, en dónde se realizan carreras de caballos con la particularidad de que un carril está del lado mexicano y el otro del lado estadounidense, por lo tanto las carreras toman un sentido especial por volverse binacionales, en donde la música y la convivencia se reparte a ambos lados de “la línea”, en muestra de la solidaridad y el respeto que debiera haber entre los habitantes de ambas naciones. Desafortunadamente en aquella ocasión se anunció también el repudio hacia la porpuesta de George Bush ante la amenaza de la construcción del muro que separe los países, terminando así con esta tradición.

Aquel día hasta salí en el periódico, representando al Rancho El Uno.

En Chihahua, además de Janos conocí los municipios de Nuevo Casas Grandes con su Laguna Fierro donde invernan miles de gansos blancos (Chen caerulescens) y muchas otras aves acuáticas como patos, gallaretas, grullas, gaviotas, cormoranes, garzas, falaropos, alzacolitas, gavias, achichiliques, pijijes etc. Además cerca a Casas Grandes por la carretera que se dirige a Ciudad Juárez conocí el municipio de Ascención, aquí también cada año se forman lagunas las cuales sirven de refugio para miles de aves acuáticas de diferentes especies que vienen migrando del norte de los Estados Unidos para pasar inviernos menos crudos en territorio mexicano, en verdad que si estos humedales desaparecen sería imposible imaginar el destino de  las bandadas de aves migratorias  que año tras año retornan al área a pasar el invierno. Por ello la premura de volver estas áreas reservas RAMSAR.

Bandadas de gansos o localmente llamados ánzaras Chen caerulescens  invernando en la Laguna Fierro, Nuevo Casas Grandes, Chih.
Grullas Grus canadensis en la Laguna La Colorada, Ascención,Chihuahua. Foto de J. Cruz.

Bandada de grullas. Foto de J. Cruz.
Laguna La Colorada.
Atardecer de invierno.
Pato cucharón (Anas clypeata).
Cada año el nivel de las lagunas decrece, lo cual significa una pérdida de áreas de invernacion para las aves, así como la erosion de los suelos.

Al sur de Janos, bordeando la sierra está la comunidad Casas Grandes, con sus vestigios de la cultura Paquimé y sus laberintos de adobe, además del respetable Museo de las Culturas del Norte. Otro punto interesante es la localidad de Mata Ortíz en honor al lugarteniente que junto con Joaquín Terrazas desterró a los apaches de estas tierras. Mata Ortíz es famoso por la elaboración de ollas con motivos autóctonos, piezas de orfebrería únicas en el mundo por sus particulares decorados; así mismo está la Ex Hacienda de San Diego. Se cuenta que hace algunas décadas aún era posible ver perritos de las praderas y bisontes. Actualmente solo vastas extensiones de zacate navajita (Bouteloua sp.) cubren los fértiles valles al pie de la Sierra Madre Occidental.

Paquimé.

Entre sus restos se hallaron plumas de guacamaya roja, por lo que se cree que hubo comercio entre Aridoamérica y Mesoamérica.

Ollas de Mata Ortiz.

Patizales de Mata Ortiz rumbo al ejido el Willys, antigua colonia Mormona.
Después de las lluvias todo florece.
Cueva de la Olla. Se dice que en esta cueva vivía la etnia Mogollón, y en la olla guardaban los granos de la cosecha año con año, pero con la llegada del hombre blanco, la zona fue reclamada por una colonia de mormones. Aparentemente uno de ellos econcontró la cueva con la olla y se cayó dentro tratando en vano de pedir ayuda,  pero con ayuda de la hebilla de su cinturón logró raspar un agujero en la base a través del cual pudo salir.
Cueva de la Olla. Nuevo Casas Grandes Chihuahua, México.

Por allá, por el rumbo que seguíamos en la primavera, después de que las aves migratorias retornaban al norte, teníamos que viajar de Janos a Ciudad Madera a monitorear a las cotorras serranas, por ese camino conocí Galeana, Lebarón y Buenaventura con sus filas de nogales interminables. Mas adelante las “Emes”, tramo carretero que visto desde el cielo figura una intrincada red de esa letra por sus curvas y paisajes sinuosos, donde los pastizale y los matorrales van cediendo el paso a los chaparrales de encino, quienes además van de la mano con los cedros en valles suaves y fértiles, pero de clima más agradable, como el valle de Ignacio Zaragoza, o el de Gómez Farías y San José de Babícora, cuyo centro más que un valle es una laguna que cada año se llena después de lluvias y es el albergue de varios miles de grullas grices (Grus canadensis). 

Huella de grulla dejada en el barro de la laguna.

La sierra de San José de Babícora al fondo, en primer plano una casa de adobe abandonada en cuyo techo han crecido gramíneas.

Aguililla descansando en la Laguna de Babícora.

Laguna de Babícora, vista al norte, al fondo se ve Gómez Farías, Chihuahua.
Cabañas Cuack Cuack!!! en San José de Babícora.

La Sierra Madre Occidental es literalmente el sitio en el que viví la otra mitad del año. Ciudad Madera era la base de operaciones por así decirlo y está inmersa en plena sierra a más de 2mil metros sobre el nivel del mar, de ahí nos movíamos hacia el sur en Tutuaca con su suantuario de la cotorra serrana, por una brecha de terracería de 100 km, para lo cual, se hacen aproximadamente entre 5 y 7 horas de camino, pasando por el valle del Papigochi, que también es parte de un Área Natural Protegida. Mas al suroriente esta la barranca de Huápoca, la cual es poco conocida, pero para los que tienen el privilegio de visitarla es posible nadar en sus albercas de aguas termales…toda una experiencia. Es en estos bosques donde la flora de orígen neártico que habita en México toma sentido, es aquí donde por primera vez vi a la escasa y fascinante Picea chihuahuana.

Frutícola que hace alusión a los zarapitos, en Cd. Guerrero, Chihuahua.

Puente del Río Sírupa.

Valle del Papigochi.

Fondo de la barranca por donde pasa el río Huápoca.

Bienvenidos al Santuario Tutuaca.
Cuando la noche cae de imprevista, lo único que nos queda es hacer un fuego y quedarse a pernoctar en la camioneta, es recomendable SIEMPRE traer en ella un buen sleeping. Aquí las temperaturas suelen ser frías todo el año.

Primeras heladas de noviembre. Paraje Cebadillas.
El Yocaibo al fondo de la sierra.

Criadero de trucha arcoíris en la ranchería Chachamuri. El compañero ecólogo  impaciente por sacarlas.

En aquel entonces costaba 15 pesos por trucha.
Truchas fritas en el disco, un verdadero manjar.
Cono de Picea chihuahuana.

Picea chihuahuana.
Cabaña de Bisaloachi. Base de operaciones de Tutuaca.

Nuestro cubil.

Cotorra serrana occidental anidando en un álamo temblón.

Hacia el norte de Ciudad Madera está Cuarenta Casas, vestigios de casas Mogollones enclavadas en una cueva sobre la pared vertical de la sierra que alguna vez quizá fue una ciudad entre pinos y ríos de aguas cristalinas.

Pared donde se ubican las “40 casas”.

Casas mogollones.

Más al norte está Río Chico, la estación del tren de la época del porfiriato, toda una joya cultural y aunque para llegar a ella hay que entrar por el ejido Las Pomas por una brecha de terracería de mas o menos una hora de camino, vale la pena ir a conocer los vestigios de los túneles por dónde retumbaba en aquellos años el ferrocarril que iba a Ciudad Juárez. Más al norte están las famosas localidades madereras de La Mesa del huracán y El Largo Maderal con sus más de mil ejidatarios.

Estación Río Chico, 355 km a Ciudad Juárez…
Riscos en el ejido Las Pomas.

 Boca del túnel por donde hace más de 80 años pasaba el ferrocarril.
Salida al otro lado del túnel

Mis queridos amigos caninos en Río chico.
Al sur de Madera se encuentran otros tantos poblados a lo largo de la carretera que conecta hasta Ciudad Guerrero, destacan Yepómera, Temósachi famoso porque su estación meteorológica muchas veces ha registrado las temperaturas más bajas de México, La Concha, Matachic por donde también se puede acceder a Tutuaca por otra brecha de unos 80 km que pasa por Cocomorachi y Tosánachi, además Tejolócachi, San Martín y La Generala. En Ciudad Guerrero de abre paso la carretera que va hacia las Barrancas del Cobre, más adelante el primer poblado grande es Tomochi y de ahí más adelante está la desviación a Creel, pero mucho antes de llegar a Creel está la desviación a Basaseachi, famoso por su caída de agua.

Sierra rumbo a Tomochi.

Cascada de Basaseachi.
El haber hecho tesis, trabajado y vivido intensamente la vida del biólogo de campo en un estado que aún conserva muchísimo de su integridad biológica como lo es Chihuahua… no tiene precio… y estoy muy consiente que cuando uno es estudiante sueña por lo general en conquistar Chiapas, Oaxaca, Campeche, Yucatan con sus voluptuosos atributos biológicos, con esas selvas tupidas, sus arcoiris de aves selváticas, el olor a tierra mojada por tanto río y tanta cascada y las sonrisas de esos niños de pueblo…pero esa sensación de inmensidad, de kilómetros y kilómetros de ausencia humana, donde ni el efímero hilillo de un fogón solitario logra divisarse a la distancia, esa sensación de soledad humana que no se logra sentir en las selvas del sur desde hace siglos es lo que me cautivó de Chihuahua y créanme que como amante de los ecosistemas de montaña, poco me faltó para quedarme a vivir en estas sierras inmensas y sus bosques milenarios.
Pero… como ya todos conocemos la trillada historia de la inseguridad, pues tristemente tuve que volver a mis terruños a finales del año 2007, para de ahí planear cual sería la próxima parada…