Viaje etnobotánico a la sierra Otomí-Nahua-Tepehua del norte de Veracruz

El pasado mes de julio tuve la oportunidad de aventurarme en un viaje etnobotánico a la parte norte del estado de Veracruz, más específicamente a la sierra donde convergen tres culturas: la Otomí de las sierras orientales, la Nahua de la Huasteca y la Tepehua.

Anduve visitando los municipios de Ixhuatlán de Madero, Chicontepec de Tejeda, Zontecomatlán de López y Fuentes, Huayacocotla, Zacualpan y Texcatepec. Algunos de manera fugáz, pero llevándome gratos recuerdos y valiosísima información en cada uno de ellos, brindada cordialmente por sus habitantes Otomíes.
El primer día llegué de Linares a Álamo Veracruz en un autobús de la línea Futura de Estrella Blanca, a las 5 de la mañana, de ahí tomé un autobús local de Álamo a la comunidad de Llano de Enmedio municipio de Ixhuatlán de Madero, ahí llegó por mi mi Maestro Otomí el Dr. Luis Pérez Lugo, su primo Don Mayolo y su sobrino Omar, para posteriormente dirigirnos a la cabecera del municipio de Chicontepec y después a la comunidad de Limontitla, en el municipio de Zontecomatlán. Se habló con unas cuantas personas y se levantó el registro de las especies útiles más conspicuas. El tipo de vegetación en Limontitla es Selva Alta Perennifolia, o lo que queda de ella…

Palacio municipal de Chicontepec de Tejeda, El Balcón de las Huastecas, Veracruz.

Calles de Limontitla, Zontecomatlán, Veracruz, y pensar que alguna vez todas estas laderas estuvieron cubiertas de Selva Alta Perennifolia.

Chinche transmisora de la enfermedad de Chagas.

Un amigo muy fresco.
 Después de ahí nos dirigimos a Zontecomatlán donde cenamos, para después partir hacia Huayacocotla, cruzando prácticamente la sierra por todo el espinazo, viendo desde selvas tropicales hasta bosque mesófilo de montaña. De Huayacocotla, donde por cierto hacía mucho frío aquella noche, partimos a la comunidad de Atixtaca por una brecha sinuosa que baja desde Huaya hasta un valle amplio con bosques de niebla y varias plantaciones forestales, ahí pernoctamos en una hermosa cabaña con el mejor de los anfitriones: Doña Clarencia, la madre de mi Maestro Otomí. Ahí conocí a demás a Reyna, la hermana menor del Dr. Lugo, quién me sorprendió que también sea bióloga y se encuentre estudiando la vegetación de la Sierra de Otontepec, una  hermosa serranía aislada en el centro norte de la llanura veracruzana. Aquí hice otro levantamiento de información.

La cabañita donde dormí. De verdad que es un lujo dormir en esta casa en medio del bosque de niebla.

El patio de la casa de Doña Clarencia.

Una yegua.

Aquí las personas suelen criar borregos.

La casa donde me hospedé. Atixtaca, Zacualpan, Veracruz. Tipo de vegetación: bosque mesófilo de montaña.
 Posteriormente partimos en la camioneta hacia la comunidad de Agua de la Gallina, tambien en Zacualpan, pero de ahí bajamos a pie a un rancho privado en la congregación de la Guayaba en donde me mostrarían los famosos Pezmones, helechos arborecentes del género Cyathea, que alguna vez fueron bastante abundantes en toda la franja nubosa de la sierra madre oriental desde Veracruz hasta Oaxaca y que ahora se encuentran en peligro de extinción principalmente por el cambio de uso de suelo. Aquí pude observar uno de los mejores bosques de niebla que he visto en mi vida, pero muy a mi pesar, es solo un pequeño cañón fragmentado de unos cuantos cientos de hectáreas.
Pezmon, helecho arborescente del género Cyathea. Zacualpan, Veracruz.

Bosques de niebla de Zacualpan, Veracruz. Los helechos más pequeños se llaman pezmas.

Pezmas y pezmones, bosques de niebla, Zacualpan, Veracruz.
 Si hay algo que abunda en los bosques húmedos de Veracruz son los hongos, sin embargo, son organismos bastante desconocidos y desafortunadamente no cnozco sus nombres, pero si alguien quiere colaborar para identificarlos, se los vamos a agradecer todos quienes nos interesa conocer más acerca de la diversidad micológica mexicana. 

 Fue aquí donde he visto los liquidámbares más corpulentos y longevos de la sierra, aquí son llamados mirras, y los lugares donde abundan se les denomina mirrales.

Mi maestro Otomí, el Dr. Luis Pérez Lugo al lado de los liquidpambares más grandes del área.

El cayado de un helecho arborescente.

Helechos por todas partes. Nunca había visto tantos, sin embargo los más altos los vi en los bosques de niebla de  Tlanchinol, Hidalgo.

Se dice que aquí manda una mafia maderera lidereada por un solo dueño que no aprovecha, más bien explota la madera sin importar la integridad de los bosuques más biodiversos de la Sierra Madre Oriental. Desafortunadamente la CONAFOR está de acuerdo y premia las horribles plantaciones forestales sin dilucidar que éstas son un simple huerto de árboles, sin un ápice de biodiversidad como la tendría un bosque natural maduro.
 Después de ver los mejores bosques de niebla de la zona, partimos a la comunidad precisamente de la Pezma. Aquí también pude recavar mucha información y especies diferentes que la gente usa en su devenir cotidiano y además varias de ellas con un significado ritual. Esa tarde en la Pezma cayó un fuerte aguacero que al sonar sobre el techo de lámina en la casa de Doña Victoria, nuestra anfitriona, creaba un fuerte estruendo que sobresaltaba, sin contar que un gato noviero que nunca pude ver, se la pasó maullando incesantemente después de la tormenta y aún en las primeras horas de la mañana. Aquí además pude ver una gran variedad de animales domésticos que conviven de diaro con los habitantes de la Pezma.
La comunidad de la Pezma en un límpido amanecer de julio.

Vista desde la comunidad de la Pezma.

Lana secándose al sol.

Borregas.

Marranos bebés que para impedir que escapen entre las cercas, se les amarran al cuello horcones de diferentes tipos de madera.

De los compañeros más antiguos que tiene nuestro pasado indígena, el guajolote.

Una postal bizarra.

En ningún rincón de México pueden faltar las gallinas, que sin bien son asiáticas, se han adaptado perfectamente a nuestro entorno.

El Piojo, perro campero, raza criolla común en la zona.
Las vacas tampoco faltan en la geografía mexicana, desafortunadamente la dependencia a la carne traída por los españoles ha resultado en la apertura de muchos potreros para mantener hatos de ganado, que ha resultado en un intenso cambio de uso de suelo. Se acaba la salud humana y se acaban los bosques por creer que consumir carne a diario es saludable…

Y con los excrementos vacunos llegan más hongos.

Con los españoles también llegó el ganado equino.

Y deambulando por ahí, un montón de gatitos.
Las flores abundan ambién en los solares de las casas, en los caminos vecinales, las milpas y las brechas, la gran mayoría nativas y algunas malezas.

Orquídea.
Flor sin id.
Una huele de noche del género Mirabilis.

No me olvides, sin id.

Florifundio, Brugmansia sanguinea.

Hierba del zopilote, Ageratina sp.

Salvia sp.
Flor sin id.
Flor sin id.
La siguiente comunidad muestreada fue Cerro Chato, al pie de un imponente cerro de roca caliza que se considera sagrado.
El cerro Chato.
Vista desde Cerro Chato.
Parvadita de guajolotes en la comunidad de Cerro Chato.

Un gallo solitario en la comunidad de Cerro Chato.

Milpa al borde del abismo. Comunidad de El Tundó.
La siguiente comunidad fue Zacualpan, bajando por Agua Blanca en el estado de Hidalgo. Aquí hay varias minas de caolín y la extracción maderera es sumamente intensa, el tipo de vegetación es bosque de coníferas en su mayoría. El plan original era bajar de nuevo a Atixtaca y de ahí a las comunidades con selva tropical, pero un derrumbe adelante de la comunidad de Tzocohuite nos lo impidió, así que rodeamos por la cabecera de Zacualpan. Realmente pensaba que todas las cabeceras municipales de México tenían acceso pavimentado, me di cuenta de mi error, pues Zacualpan carece de carretera, solo se accede por brecha. Algunas comunidades por las que pasamos fueron Cruz de Ataque, Monte Obscuro (que de obscuro no tiene nada, solo hay plantaciones jóvenes de Pinus patula, muy deprimente, la verdad), Canalejas de Otates y El Manzanal. 
Deslave hacia Atixtaca adelante de la comunidad del Tozocohuite. En verdad que mis respetos al Dr. Lugo quien se sabe todos los caminos de la zona y sobre todo maneja muy bien de noche. Nada lo detiene.
Tiendita de paso en la comunidad de Tzocohuite.
Barranca cerca de la comunidad Tzocohuite. De las pocas zonas con bosques conservados debido principalmente a la inaccecibilidad para aprovechar la madera.

Tan cerca y tan lejos, Atixtaca se ve en el fondo de las barrancas pero debido al deslave tuvimos que rodear por la cabecera de Zacualpan.

Desafortunadamente en esta parte del municipio de Zacualpan hay muchísima extracción maderera, a mi parecer, bastante inadecuada.

Camino por la comunidad de Monte Obscuro.

La piedra parada, curioso mogote de roca caliza.

Monte Obscuro, de las pocas partes con bosques más o menos maduros.
Hornos para hacer carbón.
Riscos casi llegando a la comunidad de Zacualpan.

Pinguiculas sp. pequeñs plantas carnívoras creciendo en una pared por donde escurre agua durante la temporada de lluvias.
Pasamos Zacualpan y dimos vuelta por el camino que va para Atixtaca, pero antes de eso pasamos por un vivero que la CONAFOR tiene en la comunidad de Pueblo Viejo, donde realmente quedé impactada y decepcionada de lo que los cargos forestales del país son capaces de hacer. Pues a grandes rasgos resulta que el vivero produce una especie de pino que ni siquiera es de la zona: Pinus chiapensis, que si bien es una especie nativa de México y América Central y está asociado al bosque mesófilo de montaña, no se distribuye naturalmente tan al norte de Veracruz, más bien se ubica en los estados de Oaxaca y como su nombre lo indica: en Chiapas, y de ahí hacia Centroamérica. ¿Entonces porqué la CONAFOR siembra y distribuye esta especie en lugar de usar especies nativas? Son preguntas cuya respuesta solo atiende al mercado y al bolsillo…Pues por lo general a CONAFOR le resulta molesto investigar qué especies son las que crecen naturalmente en la zona, y además, mucho menos o nada les importa lo que los antiguos y originales pobladores Otomíes y Tepehuas de estas sierras tengan para decirnos acerca de cuáles son los árboles o las plantas que ellos más valoran y además son excelente candidatos para hacer reforestaciones, restauraciones e incluso plantaciones.

Vivero Forestal en Pueblo viejo, Zacualpan, Veracruz.
De hecho de eso versará el capítlo II de mi tesis de Doctorado, y el motivo de este viaje, expresamente para conocer los árboles nativos y valorados por los Otomíes que tengan potencial para la restauración de las zonas degradadas, y que, de lograrlo, sirva como guía para que la CONAFOR se acostumbre a escuchar la opinión de los pobladores locales y biólogos y aprenda a hacer los proyectos adecuadamente usando especies nativas desde el principio.
Además, me comentaban los forestales que atienden el vivero, que ellos tampoco no comprenden las órdenes de sus superiores, debido a que las personas acudían al vivero en busca de especies como el tlacuilo (Ulmus mexicana) y el palo escrito (Dalbergia palo-escrito), árboles de maderas que podrían considerarse preciosas y que en la actualidad son extremadamente escasos en la sierra de la región. 
Tallado en madera de talcuilo. Tlacuilo quiere decir en náhuatl: el que pinta escribiendo, el veteado de esta dura madera tropical es extraordinario y parece precisamente que está pintado.
Semillas de Palo escrito.
Aunque, he de aceptar que hubo gratas sorpresas. En la misma zona hay una cabaña muy confortable para que vengan a quedarse los investigadores, al lado corre un arroyo entre helechos arborescentes y mirras (Liquidambar stryraciflua) y además hay un hermoso orquidario obra de un biólogo investigador orgullosamente originario de Zacualpan, que logró colectar más de 70 especies de orquídeas, bromelias y helechos epífitos. Espero pronto ponerme en contacto para leer detenidamente su tesis que debe ser una joya única en esta zona de Veracruz. Por lo pronto les dejo las fotos para que se animen a conocer este interesante orquidario. 

Después de dejar Pueblo viejo, pasamos al recorrido que va de Atixtaca a bajar de nuevo a la llanura costera veracruzana a Llano de Enmedio y de ahí de nuevo a Álamo – Linares. Todas las localidades tuvieron lo suyo, pero este recorrido en especial que baja desde el bosque de niebla  a la llanura, me resultó espectacular. Tuve la oportunidad de ver desde arriba los bosques de niebla con helechos en donde estuve unos días antes, desde un puerto donde se divisan los relictos mejor conservados en el Rancho Las Guayabas, un poco antes del atardecer.

Vista del Rancho de Las guayabas, con los mejores bosques de niebla de la zona.
Desde Atixtaca hasta el punto donde pernoctamos pasamos las siguientes localidades por el lomo de los cerros: Las Mesillas, El Mezquite, El Manzano, El Batda, Agua Linda, El Tomate, El Capulín, Texcatepec (Cabecera municipal del mismo nombre que tampoco tiene carretera pavimentada para acceder), Las Canoas y finalmente Pie de la Cuesta a donde llegamos a dormir en medio de un tremendo aguacero. Aquí nos atendió de lo lindo una familia allegada al Dr. Lugo, he de aceptar que  en la sierra después de un viaje ajetreado es donde mejor se duerme. Bajamos de 1874 msnm en Atixtaca a 1446 en Pie de la Cuesta.

Pie de la Cuesta, Texcatepec, Veracruz. Los cerros calizos me recurdan mucho a Xilitla, S. L. P. Al fin Huasteca, todo es carso.
Aquí trabaje parte de la mañana y seguimos bajando, descubriendo por mi parte que estábamos cruzando por en frente de los cerros en donde se ubica el Cerro Chato, localidad en la que habíamos estado días antes y en medio una cañada profundísima por donde escurre el río Vinazco. Más abajo pasamos por La Mirra, Ayotuxtla, El Jabal, Cumbre del lindero y finalmente nuestro otro objetivo de ese día: Tzicatlan, totalmente de vuelta al sofocante clima del trópico que tanto amo.

El Cerro Chato visto desde “en frente”, y en medio la cañada por donde escurre el río Vinazco.

Señora Otomí de la comunidad de Ayotuxtla recargada en un cedrito rojo, que amablemente nos compartío del desayuno que aquel día le llevaba a su esposo a la labor.

Hermoso río Vinazco. De vuelta al magnífico clima tropical del faldeo de las sierras.
En Tzicatlan, hice más búqueda de información, ese día fue día de plaza y el mercado estaba lleno de comerciantes Otomíes y Nahuas con sus productos de todos lados y muchos de ellos cultivados en sus propios solares, además aquí la vegetación ofrecía otras posibilidades y otros nombres de plantas distintos. Pude ver una especie de “pata de cabra” (Bauhinia sp.) en floración que nunca había visto y además conocí un médico-curandero otomí, quedando a ratos inmersa en una conversación castellano-otomí que me hubiese encantado comprender. Aquí conocí también los cacahuates crudos sin tostar, bastante sabrosos. Y no faltó la foto a un pollito solitario que de no ser porque no me dejan subir con animales al autobús, me lo hubiese traído desde Veracruz a Linares 🙂

Bauhinia sp. en floración. Nueva para mi.
Polluelo solitario en la comunidad de Tzicatlan, Texcatepec, Veracruz.
Desde Tzicatlan son aproximadamente hora y media hasta la carretera que va de Llano de Enmedio hasta Chicontepec, para bajar pasamos las comunidades de Agua Fría, El Cuayo, La Esperanza, La Pahua, El Naranjal, Otlayo, Escuatitla, Tepetzintla, Rancho Nuevo, Ixtacahuayo, Tlaltzintla, Hueyhuatl, El Crucero, Azoquitipa, Tlamaya, Otlatempa, Huexoco, El Puente y El Paraje en donde se  acaba la terracería y comienza la carretera, de ahí nos fuimos hasta Llano de enmedio en donde la travesía continuaría al municipio de Tlachichilco y después al vecino estado de Hidalgo a los municipios de Huehuetla y San Bartolo Tutotepec, pero que desafortunadamente a causas ajenas a mi interés no pude seguir el viaje, pero prometí volver el diciembre. Así será…

Algo que me dejó profundamente desilusionada fue la gran devastación que ha sufrido esta parte de Veracruz, no es novedad que dicho estado de la república sea de los que menos vegetación primaria conservan, pero es muy triste debido a que irónicamente es uno de los más biodiversos.
Comunidad de La Pahua, rumbo a Ixtacahuayo y la Carretera de Chicontepec a Llano de Enmedio, Veracruz.
Al final del viaje tomé el último autobús que sale de Llano de enmedio en Ixhuatlán de Madero a las 7 de la tarde con destino a la cabecera del municipio de Álamo y de ahí el autobús a Monterrey de las 9 y media de la noche, llegando a las 5 de la mañana a Linares, Nuevo León. El próximo viaje será en vehículo propio saliendo de Linares y tendré la posibilidad de llevar 2 pasajeros extras que estén realmente interesados en conocer estos parajes desde su bioculturalidad. 
Sin embargo, si desean conocer esta zona de Veracruz por su parte, no duden en contactarme para proporcionarles la información y los contactos necesarios para llegar. Eligan hacer etno, agro y ecoturismo.

Le agradezco infinitamente a todos quienes colaboraron para que mi visión etnobotánica otomí se enriqueciera, pero especialmente al Dr. Luis Pérez Lugo por llevarme con él y tenerle la suficiente paciencia a mi inquisitiva, inexperta y débil persona, por eso  y mucho más es un gran maestro.

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Viaje al ejido La Trinidad y paraje El Butano, Montemorelos, Nuevo León

Panorámica de la sierra de Montemorelos, hacia el ejido la Trinidad, Nuevo León. Vista hacia el sur-poniente.
Para los botánicos locales, el camino a La Trinidad y El Butano enclavados en una de las sierras más hermosas de Nuevo León, son parajes de especial interés por sus elementos de orígen neotropical y holártico, varios de ellos relictos de bosques mesófilos de montaña muy antiguos que quedaron varados en lo recóndito de la serranía, con especies que están en peligro de extinción, raras, hermosas y muy escasas, pero sobre todo, por ser de los pocos sitios que albergan una gran diversidad genérica de coníferas, en este sitio podemos hallar desde la parte más baja sabinos (Taxodium mucronatum), pinos (Pinus sp.), cedros (Juniperus y Cupressus), pinabetes (Picea martinezii), tejos (Taxus globosa) y oyameles (Abies sp.), faltando solamente los hayarines (Pseudotsuga sp.) para estar completos todos los géneros de coníferas oriundos de Nuevo León.
El viaje comienza desde el municipio de Allende, por el paraje Raíces en la carretera Nacional 85, donde típicamente las familias locales van a pasar días de campo en el Río Ramos, un paraje agradable y lleno de sabinos, no obstante si te gusta la privacidad y le huyes al bullicio, te recomiendo no ir los fines de semana, semana santa o vacaciones, debido a la gran afluencia de paseantes. 
Brazo del Río Ramos, Allende, Nuevo León. Vegetación riparia con Taxodium mucronatum, la primera de nuestras coníferas y la única que le gusta vivir en los valles y no sobre las montañas.

Entre semana, el río luce solitario y es el tiempo perfecto para ir a tomar fotografías.
Siguiendo la carretera, se va viendo el panorama distinto, dejamos atrás el bosque de galería y los matorrales submontanos van tomando forma. La carretera termina y comienza la brecha de terracería en mediano estado de conservación, no apta con lluvia o vehículos bajos. Hay una parte de la brecha donde es posible ver un meándro del río Ramos que baja desde las pozas del Chipitín en Santiago, es llamado la media luna y es lugar también de especial interés escénico al cual se accede siguiendo el cauce del río y no desviándose hacia La Trinidad.
En la esquina inferior izquierda es posible observar un poco borrosa la poza de la media luna, un meándro del Río Ramos que baja desde las Pozas del Chipitín en Santiago, Nuevo León.
La foto es de baja calidad, pero aquí se aprecia mejor la media luna.
 Conforme vamos adentrándonos en las cañadas cálidas de la montaña, empezamos a ver elementos interesantes presentes en nuestra flora neolonesa como la Esenbeckia berlandieri, el cual es un árbol pequeño de 3 a 6 m de altura, de corteza blanquecina, con hojas color verde oscuro y brillante de punta es redondeada, cuyas flores se encuentran en las puntas de las ramas y los frutos son unas cápsulas leñosas y gruesas. Esta planta es endémica de México y está asociada a climas cálidos entre los 100 y los 300msnm en concordancia con el bosque tropical caducifolio y subcaducifolio, no obstante aquí en el estado se asocia a los matorrales submontanos, que es lo más cercano que tenemos a los bosques tropicales en el estado. Es considerado además el árbol más raro de Texas.

Rama de Esenbeckia berlandieri, llamada también hueso de tigre e ipté en la Huasteca.
Una Esenbeckia berlandieri en el camino, puede verse su porte pequeño y elegante.
En el mismo ecosistema también se encuentra además un girasolito muy especial, endémico del estado y de la Sierra Madre Oriental, y además el único representante de su género: la Vigethia mexicana, o girasol mexicano de Vigeth. 

Vigethia mexicana, girasol endémico de Nuevo León y de la Sierra Madre Oriental.
Siguiendo la ruta de terracería, los ecosistemas comienzan a cambiar, así como el clima que se vuelve más fresco y húmedo. Aquí es donde la transición entre matorral submontano y bosque de encino permite que aparezcan nuevos elementos relevantes como los nogales, que hallan en estas sierras gran diversidad. Solo en el camino de acceso en la trinidad hay tres especies de siete que hay en el estado de Nuevo León.
Juglans major o nogal cimarrón.

Carya ovata.
Carya myristiciformis.
Ya en un entrada anterior hablé de las especies de plantas ornamentales nativas que están presentes en muchos hogares por tradición y que originalmente fueron sustraídas de los ecosistemas para formar a ser parte de nuestros hogares. Unas de ellas es la pata de vaca Bauhinia macranthera, leguminosa muy atractiva parienta de la que vemos en la ciudad con sus flores rosas o blancas durante la época de secas (Bauhinia purpurea), que si bien las especies de la sierra no tienen esas flores tan grandes y brillantes, son lo suficientemente atractivas para resaltar en la vegetación y ser sustento de múltiples polinizadores. Además encontramos especies herbáceas como la comunmente llamada barca de la niña, aquí se desarrollan en áreas de roca bajo condiciones ecológicas a veces muy paupérrimas de extremo sol y ausencia de agua, y embellecen por igual, jardines, maceteras y promontorios rocosos. Otras más son florecitas silvestres llamativas que engalanan las orillas de las brechas, los potreros, los baldíos y todo aquel sitio expuesto que reciba bastante luz.
Patas de vaca (Bauhinia macranthera) en el precipicio, floreciendo después de las lluvias de mayo.
Bauhinia macranthera, parienta de Bauhinia purpurea, en Nuevo León hay 5 especies de Bauhinias.
Flor de Bauhinia macranthera.
Tradescantia sp. o barca de la niña, especie ornamental sumamente diseminada en Nuevo León.

Erigeron sp. con un escarabajo longicornio de la familia de los cerambícidos.

Scutellaria suffrutescens de la familia de las lamiaceas, salvias, mentas y poleos son de la misma familia.

Ageratina sp. de la misma familia de los girasoles, es decir las asteráceas o compuestas, debido a sus infloresencias llamadas capítulos que están rodeadas de brácteas, que serían lo que coloquialmente conocemos como pétalos. Esta es la familia de  las angiospermas con más diversidad biológica en el mundo.

Otra asterácea del género Helenium, con su capítulo abultado a punto de florecer.
Una pequeña fresa silvestre comestible del género Fragaria, que se distingue por ser rastrera y no tener espinas.
Zarzamora silvestre del género Rubus, caracterizada por tener tallos espinosos a diferencia de Fragaria. Ambas son de la misma familia: Rosaceae, la misma de las manzanas, peras, duraznos y ciruelos.

Prunella vulgaris una plantita invasora que le encanta la frescura y la humedad de los bosques proveniente de Europa, también de la familia de las lamiáceas, usada en medicina tradicional para curar heridas e inflamaciones en la piel.

Bouvardia ternifolia, llamada también trompetilla por la forma de sus flores, una rubiácea como la planta del café.

Otra asterácea, esta vez una de porte un poco arbustivo, llamada Senecio roldana.

Geranio silvestre, Geranium sp.
Ranunculus sp. de la familia Ranunculaceae, llamado botón de oro en la zona.

Trébol del género Oxalis, familia Oxalidaceae.
Un Desmodium sp. de la familia de las leguminosas como los frijoles, las habas y los garbanzos.
Desmodium sp., Ranunculus sp. y Bouvardia ternifolia creciendo juntos.
Después de las lluvias salen las flores del género Tigridia, sus camotes se quedan en dormancia mientras la humedad y la temperatura son propicias para desarrollarse.
Siguiendo el camino, curiosamente después de subir al bosque de encino, la brecha baja a un cañón muy angosto que vuelve internarse en zonas cálidas en un bosque ripario muy particular. Otras rarezas se encuentran aquí, como una especie endémica de álamo y la tila mexicana.
Puente para cruzar el arroyo, en días de junio bastante seco. Este es otro arroyo que baja de la sierra y se junta con el Río Ramos. Aquí se pueden ver además mucha fauna asociada a las corrientes de agua.

Populus mexicana, un álamo difícil de ver en Nuevo León. En México, se encuentra reportado en la parte este de la planicie costera del Golfo de México, desde Nuevo León hasta Chiapas y el municipio de Álamo, Veracruz debe su nombre a esta especie.
Tilia mexicana, especie originaria de México que habita en climas templados entre los 1000 y los 2000msnm de altura asociada a bosques tropicales, mesófilos de montaña, de encino y de pino. Aquí se encuentra en la vera del arroyo.

Detalles del musgo que crece en las rocas que se humedecen a la orilla del arroyo.
De nuevo el camino remonta el cerro y le da la vuelta, ya en el horizonte de la serranía se alcanza ver la enigmática Piedra parada, promontorio calizo de exuberantes proporciones que enmarca el panorama único en la zona y a cuyo flanco se ubica una cueva que según rumores, fue explorada por un europeo hace algunos años, quien llegó con la promesa de encontrar un pterodáctilo, reptil fósil volador. Son leyendas, pero le dan un toque cómico e intrigante al sitio.
La cueva del pterodáctilo.

La piedra parada.
Más arriba, el agua brota a raudales de la sierra, cada montaña es una esponja que capta las aguas de lluvia guardando una proporción y dejando correr paulatinamente otra tanta a través de ojos y manantiales, que es donde se abastece la gente que vive allá arriba. Ya en estas altitudes pudimos ver un tejocote (Crataegus rosei), derivado del Náhuatl, en la que “texocotl” significa fruta dura, la cual es muy apreciado por la fauna silvestre, sobre todo los osos negros que hay en la región, además considero que es una especie elegante y bonita para considerarla como ornamental en las zonas templadas del noreste de México, solo en Nuevo León hay 11 especies, de las 13 que hay en el norte y centro de México. Aquí pueden leer o descargar un artículo acerca de este género en Mexico.

Especies de tejocotes de Nuevo León:

  1. Crataegus aurescens
  2. Crataegus baroussana var. barrousana
  3. Crataegus crus-galli
  4. Crataegus cuprina
  5. Crataegus gracicolor
  6. Crataegus grandifolia var. potosina
  7. Crataegus greggiana var. greggiana
  8. Crataegus greggiana var. pepo
  9. Crataegus rosei ssp. parrayana
  10. Crataegus sulfurea
  11. Crataegus tracyi var. madrensis

Chorro de agua que baja de la sierra.

Tejocote, Crataegus rosei ssp. parrayana
 Subiendo un poco más la vegetación se vuelve boscosa y comenzamos a ver los pinos moctezuma (Pinus montezumae), los cuales son escasos y no tan fáciles de encontrar. Se caracterizan por tener fascículos de 5 a 6 acículas y sus conos de color orce se curvan lugeramente en la parte terminal.
Pinus montezumae.
Conos y ramas de Pinus montezumae.
Rama con conos de Pinus montezumae. Nótese la ligera curvatura en la parte terminal del cono.
Después de una hora y media de subida en camioneta, finalmente arribamos a La Trinidad, que se ubica en un valle intermontano amplio y boscoso con un increible buen grado de conservación a pesar de ser un ejido con aprovechamiento forestal. Actualmente está dentro del programa de pago de servicios ambientales y las personas que lo conforman han aprendido a preciar más el turismo como fuente de ingresos, aunque incipientemente debido a que no muchas personas saben de su existencia. El objetivo de esta entrada además de informar acerca de los hallazgos botánicos de nuestros estudios, pretende incentivar la afluencia de turistas consientes que les permita apreciar la verdadera escencia de estos parajes tan únicos en México.

Llegando y viendo los Cupressus lusitanica del camino.
Cabaña en construcción, el turismo se va volviendo una realidad en el sitio, esperemos sea en beneficio de sus pobladores y no para unos cuantos adinerados habitantes de la ciudad.
 
Viviendas típicas.
 
Vista oriental del valle de la Trinidad, Montemorelos, Nuevo León.

Calles de La Trinidad, Montemorelos, Nuevo León.

Iglesia católica de La Trinidad, Montemorelos, Nuevo León.
Casa de adobe y madera, una buena combinación bio-arquitectónica debido a su aislamiento en esta zona templada.

Después de haber comido una deliciosa comida serrana en casa de Doña Rosalinda, habitante de La Trinidad, nos enfilamos al Butano, que está todavía a una hora o cuarenta minutos en camioneta a buena velocidad, un paraje realmente recóndito donde conviven elementos propios de los bosques mesófilos de montaña como las magnolias (Magnolia dealbata), los pinos colorados (Pinus patula), así como especies de bosques templados como los pinabetes (Picea marinezii) y los tejos (Taxus globosa).
Existe una investigación que señalan que en el paraje el Butano hay relictos de bosque de niebla o bosque mesíflo de montaña, tomado del documento, textualmente expresan lo siguiente:

“En el ejido La Trinidad, de Montemorelos, N. L., específicamente en el paraje conocido como El Butano, existen algunos rodales de bosque mesófilo de montaña. En las partes bajas y en las cañadas de esta área, con exposiciones este y noreste en los 1500 msnm, se detecta una nueva localidad en la distribución de Magnolia aff. dealbata, en contacto con bosques húmedos de Quercus rysophylla y de Q. affinis; y en íntima relación con el incremento altitudinal, se han observado otros elementos como Cornus florida, Carpinus caroliniana, Quercus coccolobifolia y Pinus spp. En la cota altitudinal de los 2100 msnm se inicia la distribución de Picea martinezii con Cornus florida, Ilex rubra, Quercus greggii, Abies duranguensis var. coahuilensis, Carya ovata y Taxus globosa. En estos lugares las especies detectadas muestran mayor afinidad hacia los elementos y las condiciones templados.”

Así que, un poco incrédula, aquel día vi que efectivamente el área puede llegar a presentar periodos de niebla, aunque escasos, dejan la sensación de que estamos en un bosque de niebla estructuralmente bien definido, aunque bueno, no olvidemos que si bien no son bosques de niebla como los de Tamaulipas, Veracruz o Puebla como, son importantes relictos que nos dan pistas de como fue la vegetación en un pasado lejano.

Camino al Butano, bosque de oyamel (Abies vejarii), pino moctezuma (Pinus montezumae) y pino colorado (Pinus patula).

Sauco en floración (Sambucus mexicana), especie también rara y asociada a bosques húmedos y templados.
Hongo del género Lycoperdon, en España llamados cuescos o “pedos” de lobo.

Debido al tiempo, aquella ocasión nos enfocamos en ir a ver las coníferas dejando la cañada de las Magnolias en un paraje llamado “Cuchilla parada” para otro día. Conforme nos adentramos en la brecha comenzamos a ver los primeras pinabetes, esas raras y hermosas coníferas únicas en el estado, con tan solo tres especies en México que aún están en debate debido a nuevos hallazgos genéticos: Picea chihuahuana, Picea mexicana y Picea martinezii (en honor al botánico Hidalguense Maximino Martínez), ésta última solo presente en Nuevo León y en ninguna otra parte del mundo. Aquí más info del pinabete de Nuevo León.

La entrada a la cañada de las Piceas martinezii, Taxus globosa y Abies vejarii.

Una pequeña Picea martinezii.

Una subida ligera en un bosque ancestral de pinabetes.

Un cono de pinabete.
Taxus globosa, usado en la medicina moderna para extraer el componente anticancerígeno Taxol.

Rama de Picea martinezii con cono, sus acículas son sumamente afiladas y “pican” al tocarlas, además si se corta una rama, en cuanto se seque, todas esas pequeñas acículas se caerán dejando la rama como un esqueleto, característica única de los pinabetes.
Después de quedar satisfechos con la colecta fotográfica, nos enfilamos de nuevo hacia La Trinidad para alcazar a llegar con luz a la carretera, ese día estuvo nublado, así que nos apresuramos. No obstante no todo en el viaje fueron alegrías, pues al regreso pudimos ver mondos campos sin pinos debido a la plaga del descortezador del pino del cual hablé anteriormente. Es lamentable la situación, y esperemos quede controlada a sus parámetros normales, puesto que las ondas cálidas provocadas por el cambio climático propician que estos insectos sigan depredando el bosque sin control natural ni de los factores meteorológicos como los frentes fríos, las masas de aire polar o incluso las heladas y nevadas en la zona. 

Bosques plagados con descortezador del pino (Dendroctonus sp.).

Al secarse los pinos se notan rojizos y son derribados, para que su madera sea quemada apilada en montones. Es un método bastante rudimentario, pero hasta la fecha es el más efectivo.
Pudimos bajar sin percances y la ida al Butano nos dejó maravillados. Si no eres fan de las plantas, te recomendamos ir a disfrutar de la tranquilidad del pueblo, saborear sus comidas típicas, sobre todo las salsas de chile de monte, los frijoles de olla y las tortillas recién hechas. Ademas puedes acampar, ir a la cueva del pterodáctilo, conocer de cerca la piedra parada y respirar el aire más limpio cerca de Monterrey y su área metropolitana. Preferible subir en camioneta de doble tracción o vehículo alto. Si necesitas más información puedes contactar vía Facebook la página de La Trinidad o a la compañera Ana Soriano que este 3 y 4 de Agosto organizará un viaje al ejido bastante económico para que conozcas uno de los bosques más importantes del noreste de México.

Nueva AICA Cerro El Viejo- Puerto Purificación

Esta entrada de la dedico al ornitólogo Coahuilense Javier Cruz Nieto de Pronatura Noroeste. Que sin él y sus anécdotas de atávicas montañas con jaguares, cícadas y magnolias, no me hubiera sido posible conocer a fondo esta maravillosa zona de la SMOr.
Recientemente un compañero biólogo especializado en ornitología logró elevar a la categoría de Área de Importancia para la Conservación de las Aves la zona serrana colindante de los municipios de General Zaragoza y Aramberri en el estado de Nuevo León en donde se encuentra el Cerro del Viejo, una de las prominencias más altas del Estado con aproximadamente 3500 metros sobre el nivel del mar, así como los municipios de Guémez e Hidalgo en el Estado de Tamaulipas en donde nace el Río Purificación y están los relictos de bosque mesófilo de montaña más desconocidos de la Sierra Madre Oriental. El AICA se denominó como Cerro del Viejo-Puerto Purificación.
El lado Neolonés

Explanada en la base del Cerro del Viejo, cara oriente. Un sitio ideal para acampar y nótese la predominancia de los bosques mixtos, de un lado pinos y del otro encinos
Cerro del Viejo en temporada seca. Estas cumbres son el sitio donde se congregan las cotorras serranas orientales en enero y febrero.

También hay manera de escalarlo, de hecho Hinton, un botánico reconocido por ser especialista en la flora de Nuevo León acampó solo en la cima muchas veces
Existen dos maneras de acceder a la zona, por Nuevo León y por Tamaulipas. Ambas poco accecibles por lo quebrado del terreno. Yendo de la parte alta hacia las partes bajas, se accede por el pueblo de General Zaragoza en el estado de Nuevo León, subiendo por la terracería que va a la localidad de Dulces Nombres. Aquí, en cuanto comenzamos a subir podemos percatarnos de la imponencia del Cerro del Viejo.
Cerro del Viejo, una de las montañas más altas de Nuevo León y de la Sierra Madre Oriental.
En esta parte del AICA podemos encontrar bosques mixtos así como también franjas de bosques de coníferas. Una de estas coníferas emblemáticas es la Picea martinezii, una especie de pinácea sumamente rara y escasa, que viene a inyectarle tintes de floras neárticas a una zona que conforme nos acercamos a la llanura de Tamaulipas, presenta rasgos netamente tropicales. Esta  planta es endémica del estado de Nuevo León y hasta la fecha solo se le conoce en dos localidades aisladas: El Bútano, en las faldas de la Sierra La Cebolla en el municipio de Montemorelos, y aquí en el Cerro del Viejo, en varias localidades a su alrededores, una de ellas en Aramberri y la otra en Zaragoza.
Material para la colecta botánica: Prensa, GPS, pluma y libreta.
Estróbilo de Picea martinezii en el Cerro del Viejo, Zaragoza, Nuevo León.

 En México existen dos especies de Piceas, la martinezii en la Sierra Madre Oriental de Nuevo León y la chihuahuana en la Sierra Madre Occidental del estado de Chihuahua. Es decir, cada sierra tiene su Picea, lo curioso es que la Oriental, es mucho más jóven que la Occidental, lo que nos hace pensar en que quizá al principio solo era una sola especie en los bosques antiguos que tuvo que viajar de alguna manera hasta las serranías orientales en alguna etapa de la historia natural del planeta, cuando obviamente la sierra ya había emergido del mar y cuando las condiciones climáticas de frío permitieron a la picea conquistar nuevos espacios.

Picea martinezii.
Pequeña Picea martinezii. Un atisbo de esperanza para la sobrevivencia de la especie.
Las poblaciones de esta especie se encuentran dispersas entre las cañadas húmedas, no es sencillo verlas todas y creemos que existan muchos más individuos que aún no han sido descubiertos ni mucho menos estudiados. Hay que meterse por cañones oscuros y angostos y franquear piedras y relices verticales que están cubiertos de plantas rupícolas

Bosques mixtos de Quercus, Abies, Pinus, Pseudotsuga y Picea en las faldas del Cerro del Viejo, Zaragoza, N. L.

Piedras monolíticas de orígen kárstico cubiertas de plantas rupícolas.

Agave celsii, maguey de hábitos rupícolas, bastante común en las sierras kársticas de la Sierra Madre Oriental y endémico de México.
Una de sus múltiples sinonimias es Agave rupícola (Regel), así como también uno de sus nombres vulgares es maguey de las peñas por su hábito de crecer sobre los mogotes calizos.

 En los alrededores del bosque donde se hallan las Piceas también hay bosques mixtos de coníferas y latifoliadas, además también se encuentra como flora acompañante del dosel especies como los madroños (Arbutus xalapensis), cuya característica principal es su corteza papirácea de color rojo intenso, mostrando su madera tersa y de color pálido, la cual tiene múltiples usos.

Arbutus xalapensis en un bosque mixto de coníferas y latifoliadas en las faldas del cerro del Viejo, Zaragoza, N. L.

Conforme rodeamos al “Viejo” llegamos a un aserradero abandonado en un sitio que le denominan La Escondida. Aquí hay unas cuantas casitas rurales en estado de aparente abandono, aunque poseen propietarios que muy posiblemente vienen a habitarlas por temporadas.

Antiguo Aserradero en las faldas del Cerro del Viejo. Las casas tienen luz gracias a un programa de gobierno para adquirir celdas solares.

Aunque la zona tiene un buen grado de conservación, cerca a las localidades siempre hay potreros bastante erosionados.

 Más adelante, rumbo a la ranchería Paso del Niño y Garza hay divisaderos desde donde se puede ver la serranía colindante con el estado de Tamaulipas. Un oleaje de sierras interminables que no dejan ver aún hasta la llanura, aunque posiblemente desde la cima del Cerro del Viejo eso si sea posible. Hay ocasiones, sobre todo durante la época de lluvias, que las nubes provenientes del Golfo de México chocan con las sierras bajas de la parte de Puerto Purtificación y pareciera como si la punta de las sierras flotara en un mar blanco de nubes.

AICA Cerro del Viejo- Puerto Purificación, México.

Mar de nubes. Del lado neolonés, el más alto y con especies de orígen neártico, se puede ver el mar de nubes bajas que cubren las sierras del lado tamaulipeco, el lado bajo y cálido, donde están los relictos de bosque de niebla y las especies tropicales del AICA.
En general la zona representa un área clave en la distribución de elementos florísticos de orígenes heterogéneos, debido a que por un lado representan el límite sur de muchos taxones de origen neártico, así como el límite norte de otros taxones de ascendencias neotropicales que se distribuyen hacia el sur del país.
Del lado neolonés podemos encontrar bosques mixtos, bosques de coníferas, chaparrales y matorrales submontanos. En todos los ecosistemas se hace presenta además la flora mexicana como los magueyes.
También está presente el elemento endémico mexicano, como lo denominara Rzedowski, al definir el orígen de las floras que hay en el territorio nacional. En resumen, el AICA, tiene una gama amplia de biodiversidad.
 El lado Tamaulipeco

Para acceder por el lado de Tamaulipas, es necesario entrar por la Carretera Nacional 85 a la altura del entronque a la comunidad de Santa Engracia unos km al noroeste de Ciudad Victoria, donde está la vieja hacienda. Siguiendo la brecha que se interna en la sierra se llega a la comunidad de Guayabas, ahí hay que subir hasta la comunidad de los Mimbres, y más adelante atravesar el llamado “Paso de la muerte”.
 
Paso de la muerte visto hacia el sur.

Este paraje de la brecha es llamado así porque cuando ésta se realizó cortando la piedra viva, quedó el camino al lado de un reliz vertical que se abre hacia el fondo de un cañón bastante profundo, imposiblitando hacia ambos lados, cualquier intento de ampliarla, por lo que si un vehículo se topa de frente con otro, alguno de los dos tendrá que irse de reversa para poder abrir el paso. Se necesita suma pericia y sangre templada para no equivocarse.

El paso de la muerte es una parte de la brecha que conecta Tamaulipas con Nuevo León, en donde el camino se estrecha y de un lado hay un reliz vertical y del otro el desfiladero hacia un cañón profundo.

Solo cabe una vehículo y si se topan dos de frente, uno tendrá que volver de reversa para abrir el paso.

Después del paso de la muerte se prosigue hacia el poblado de Puerto Purificación, de ahí el nombre del área, además de que en las profundidades de las montañas nace el río Purificación que más tarde será tributario del Río Soto La Marina e irá a perderse al mar. Son estas montañas un reservorio de agua kárstica que se guarda dentro de las montañas y brota de cuando en cuando en pequeños nacimientos o manantiales.

Estas montañas guardan agua kárstica que dependiendo de la temporada del año, aflora en pequeños nacimientos que salen de entre las paredes de roca.

Aunque en época de lluvias, y especialmente como pasó en julio del año 2010 cuando el huracán Alex pasó justo por encima del AICa y fue a desvanecerse en Charcas, S. L. P, los caminos y brechas se vuelven ríos, imposibilitando aún más el acceso a estas montañas.

Las brechas se convierten en bajadas de agua después de las tormentas y los huracanes.

 Más adelante comienzan los relictos de bosques de niebla, pero nuestro objetivo es primero llegar a comer al paraje conocido como Los Caballos, ahí hay una cabaña y una mesa ampliaque usan los madereros para comer y descansar cuando les agarra la noche en la serranía.

Comiendo en Los Caballos, Tamaulipas.
Después de comer hay que llegar a la comunidad de Conrado Castillo, un ejido de vocación forestal que se ubica en el municipio de Hidalgo, Tamaulipas. muchas de las actividades del estado de Tamaulipas están bajo la tutela del presidente de la Unión de Silvicultores y Empresarios Forestale, Carlos Diez Gutiérrez Coleman, quien dicen por ahí, es una aguzado maderero que ha mermando insaciablemente los bosques mixtos de la Sierra Madre Oriental a lo largo de los años. 
Afortunadamente, el pago de servicios ambientales ha resguardado un poco la integridad de estos bosques, debido a que las comunidades ham comenzado a ver más redituable que se les pague por proteger y seguir así proveyendo de agua a los campos de sorgo y los naranjales que hay en la llanura, que por la ingrata faena de talar árboles y terminar malbaratando su madera.

Pago por servicios ambientales hidrológicos en el ejido Conrado Castillo, Hidalgo, Tamaulipas.

Finalmente se llega al ejido. De ahí sigue el camino sinuoso que conecta hacia las comunidades de Nuevo León, pero en sus alrededores están los bosques de niebla, los cuales se limitan solo al estado de Tamaulipas y por ende, aunque muy cercanos, privan del gozo de ostentar estos bosques tan raros a los neoloneses.

Acampando en el Ejido Conrado Castillo, Hidalgo, Tamaulipas.

 La comunidad de Conrado Castillo está a 1958 msnm y tiene aproximadamente 36 habitantes. Su clima es el templado subhúmedo, aunque en enero es común que se presenten heladas. Es aquí donde se pernocta para proseguir con las labores de detectar las rutas migratorias de las cotorras serranas.

Joya con vestigios de hielo debido a las bajas temperaturas de enero.

Cristales de hielo en la hierba.

Musgos y herbáceas cubiertas de hielo. Este fenómeno se le denomina “candelillear”, en donde solo baja unas horas la temperatura abajo de los cero grados y es suficiente para cristalizar el agua de rocío nocturno.

En las cercanías de Conrado Castillo hay zonas sumamente interesantes desde el punto de vista fitogeográfico. Son zonas desnudas entre las peñas, donde la insolación es directa y se yergue un laberinto de rocas calizas horadadas por el paso de las lluvias sobre el suelo rocoso de las montañas. Aquí hay especies más bien de hábitos rupícolas como cactáceas, magueyes y flores de peña, acostumbrados a sustratos pobres y a fuertes expociciones de sol, viento y frío.

Mammillaria sp. encontrada en las cercanías de un afloramiento rocoso en el ejido Conrado Castillo.

Echeveria sp. Hermosas plantas crasas que se desarrollan entre las grietas de las rocas calizas.
Abertura hacia las profundidades de un sótano. En esta ladera hay muchos de ellos, unos realmente impresionantes pero que por seguridad es necesario no acercarse si no se tiene el equipo necesario para introducirse en ellos.
Y a porpósito de sótanos y cavernas, hay que poner especial mención en el sistema cavernario purificación. Este es un sistema de ríos que corren por cavernas que bajan desde la parte alta de Nuevo León hasta las sierras de Tamaulipas. Hasta donde se  ha sondeado es el segundo sistema de cavernas más extenso de México con 94,889 m después del de Ox Bel Ha en Quintana Roo con 96, 800 m. Son los espeleólogos texanos quienes han estudiado más a fondo el ramaje subterráneo de este sistema e incluso tienen una organización no lucrativa que se dedica enteramente a su investigación a través del Proyecto Espeleológico Purificación.
Proyecto Espeloelógico Purificación.

Ahora si, lo que para mi es lo más espectacular son los bosques de niebla. Los cuales se distribuyen en manchones irregulares en las laderas barlovento de las sierras de la parte tamaulipeca, entre 1300 y 1500 m de altura en contacto con bosques de pino y encino.

Bosques de niebla de Puerto Purificación, Tamaulipas.
El trabajo más reciente que hace mención de los bosques de Puerto Purificación esta publicado en el libro “El Bosque Mesófilo de Montaña en México, Amenazas y Oportunidades para su Conservación y Manejo Sostenible” de León, L., Luna, I., Martínez, M. y Trejo, D. (2010).

Pinguicula moranensis, una plantita carnívora que busca las áreas húmedas para crecer.

Una particularidad de los bosques de niebla o bosques mesófilos de montaña es su abundancia de helechos y epífitas.

Los autores realizaron un análisis que dividió a la subprovincia de la Gran Sierra Plegada en función de la división estatal, la hidrografía y el nivel de aislamiento o distancia entre los bosques mesófilos de montaña en tres subregiones: El Cielo, Vestigios de San Luis Potosí y Cañadas de Nuevo León y Tamaulipas, ésta última incluyendo por su puesto a los bosques de Puerto Purififación correspondiendo además a la distribución más septentrional de este tipo de vegetación en México, debido a que los bosques de niebla de la Sierra de San Carlos, así como los del Bútano en Montemorelos no tienen todos los elementos florísticos para considerarlos verdaderos bosques de niebla con toda su estructura y correlaciones climáticas.

Bosques de niebla de Puerto Purificación, Tamaulipas, México.
Y por si fuera poco, estos bosques también albergan a la rara magnolia de Tamaulipas, una especie arbórea de suma belleza y gran porte, de una historia que deleita a cualquier fitogeógrafo por ser de las primeras plantas con flor que existieron sobre la tierra, la gran abuela de las flores podría decirse. Para mi, la planta más rara de esta zona, solo equiparable con la Picea martinezii y ambas confluyendo a menos de 25 km en línea recta desde las alturas de Nuevo León, hasta las sierras húmedas de Tamaulipas.

 Magnolia tamaulipana.
De lado izquierdo un liquidámbar y de lado derecho una magnolia. La verdad que ver estas cosas me hacen muy dichosa.

Magnolia de Tamaulipas en Puerto Purificación.

Los autores mencionan que estos bosques están restringidos a las cañadas y zonas húmedas del bosque de encino y coníferas, donde las comunidades de flora y fauna están bien conservadas, por ende reafirman el hecho de que los bosques de esta subregión presentan un valor de calidad alto debido principalmente a su inaccesibilidad, pero además a que la densidad humana es baja así como las actividades turísticas.

Además hay muchas especies de hongos, siendo una de ellas la carismática Amanita muscaria.

Amanita muscaria en Puerto Purificación. Una compañera bióloga oriunda de Ciudad Victoria, Tamaulipas realizó su tesis de licenciatura acerca de la micofagia de pequeños mamíferos como ratones y musarañas en esta zona de la SMOr.

El primordio de una nueva vida, por cierto, bastante efímera.

Además presenta la distribución más norteña de Liquidambar stryraciflua en México, un árbol característico de estos bosques y que le confieren por lo tanto el honor de ser los bosques de niebla más norteños.

Bosque de Liquidambar styraciflua en la zona de Puerto Purificación, Tamaulipas.

Los bosques de niebla más norteños de México.

Con base a los criterios anteriormente descritos, los autores consideraron a la subregión de prioridad alta y recomendaron que es importante emprender estudios sistemáticos en los bosques de la zona debido a que los trabajos publicados son escasos y no recientes.

Como vemos, es un tremendo logro el haber consolidado la importancia que estos bosques no solo para la conservación de las poblaciones de aves, sino por toda su herencia florística. Felicidades al Biol. René Valdés Peña.

En lo personal estas sierras son otro motivo de ímpetu por la investigación de la flora mexicana, porque aunque la inseguridad de los alrededores me impidieron realizar mi tesis de maestría en ellos hace dos años, pronto reanudaremos las investigaciones.

Bosques y sierras de Río Verde S. L. P. Viaje II

Después de un par de meses a partir del viaje anterior, nos dimos a la tarea de volver a los bosques de los Ejidos San Diego y El Nacimiento, con la finalidad de inventariar la flora y fauna pero ahora a inicios de primavera, durante los últimos días del mes de marzo del 2010, finales de la estación seca.

Es muy interesante visitar los mismos bosques en las diferentes estaciones del año, en México son solo dos: la  húmeda y seca que se funden en diferentes matices y disponibilidad de recursos a lo largo del año, por lo tanto resulta erróneo concebir cuatro estaciones marcadas como en los países más nórdicos pues la realidad de los bosques de la sierra madre se limita a la disponibilidad de agua más que al clima, además, contrario a lo que la mayoría de las personas suelen pensar, los bosques que están en la sierra no son entidades estáticas pues experimentan un tránsito constante de elementos y recursos orgánicos e inorgánicos, el agua de lluvias que se acumula durante la época húmeda irriga los manantiales subterráneos y hace fluir los ríos y arroyos arrastrando sedimentos, las plantas presentan su crecimiento más conspicuo al término de las lluvias y por ende hay mas disponibilidad de alimento vegetal y la fauna, los descomponedores, hongos etc. hacen uso de ella eficientemente sin desperdiciarse biomasa.
En marzo, el trayecto fue el mismo, solo que esta vez nos fue posible acampar sierra adentro lejos del ejido, en un lugar entre la ranchería de Los Montesumas y Paso del Agua, justo al lado de un encino imponente que apenas y estaba mudando sus hojas, en espera de los nuevos brotes. 
Sitio de acampado al lado de un imponente encino (Quercus rugosa), nótese
el color del follaje, caracteristico de la estación seca.
 Aquel día se fue rápido, llegamos a media tarde y se nos pasó el tiempo preparando la comida, la cual consistió en unos huevos con chile, tomate, cebolla y un poco de jamón, tortillas de maíz y agua natural. Ese día nos dispusimos a recorrer el área cercana. Fotografiando algunas especies:
Lupinus sp. una leguminosa herbácea y terrestre bastante carismática, con sus flores color azul violeta.
Conopholis alpina una planta parásita de la familia de las Orobanchaceae muy fácil de encontrar creciendo en el sotobosque, le agrada alimentarse de los nutrientes que le provee su relación parásita con las raíces de los encinos.
Lagartija rayada del género Sceloporus.
El día siguiente amaneció radiante de sol, por lo que nos dirigimos a las partes altas de la sierra en busca de los bosques de pino. En cierta parte de la brecha que va al Cerro de La Cruz, el camino se corta y se desprende una  vereda mas o menos angosta en torno a una loma vecina por el mismo perfil del cerro, rumbo al suroeste. Poco a poco conforme uno se adentra más en la misma, se escucha mejor el rumor del agua corriente que baja, y en breve nos encontramos con una particular caída de agua, demostrando que hay sitios en la sierra en los que el agua posiblemente corra de manera permanente, o posiblemente no.
Pequeña caída de agua oculta al final de la vereda.

Poco más abajo corre el arroyo, dentro del cual vimos ajolotes y cercano a él nos fue posible ver una especie de rana la cual no recuerdo el nombre científico, pues como Juan es el que se dedica a la fauna, suelo aprenderme mas facilmente los nombre botánicos y olvidar los de fauna, pero aquí les dejo la fotografía de todas maneras:

Ranita descansando sobre la corteza de un encino, cercana al cauce del arroyo.
Arroyuelo de poco cauce, pero interesante fauna acuática, se pueden ver creciendo a un lado los alisios  (Alnus sp.) de troncos rectos y con tonalidades grisáceas.

De bajada al campamento, el dosel arbóreo nos ofreció una interesante y colorida vista de sus mejores galas anuales, pues es después de las lluvias cuando sus ramas cambian de hojas y al ir desprendiéndose  y muriendo cambian su composición química de la clorofila verde a los carotenos amarillos, naranjas y rojos, para finalmente tornarse color café al caer y formar parte de la densa hojarasca, protectora de las semillas durante las épocas frías y secas del año.

Dosel multicolor debido a lo caducifolio del follaje de los encinos que componen estos bosques.
Al ir avanzando la edad de las hojas, éstas cambian su clorofila por carotenos lo cual les brinda ese característico color entre amarillo y rojo tan contrastante con el límpido azul de los cielos en días despejados.

Llegando al campamento preparamos una comida rápida y a media tarde nos dispusimos a buscar agua, pues habíamos visto al subir un par de arroyos intermitentes, pero no sabíamos con exactitud su ubicación. Al poco rato de caminar un poco en busca del rumor del agua, efectivamente descubrimos que cerca del campamento aún corrían varios escurrimientos y arroyuelos de lluvia que aparentemente desaparecen en algunos puntos rocosos y refluyen en otros salidos casi mágicamente de entre las piedras bola del cauce. Es importante siempre hallar agua cerca a donde se acampa, y esa vez no tuvimos problemas, pues a unos 20 m del campamento nos hallamos con un estrecho cañón, creciendo es sus flancos magueyes (Agave sp.) y palmitos (Brahea sp.):

Uno de los arroyos se internaba en dicho cañón de piedra caliza, visto desde arriba un tanto profundo
de unos 8 m de altura y en su parte interna mas estrecha de unos 4 m de ancho. Visto hacia el oeste.
  Aquí pudimos abastecernos de agua suficiente. Cañón visto hacia el este. En las imágenes
de abajo mostramos el trabajo que la lenta disolución del agua sobre el carbonato del calcio de la roca
caliza de origen marino (conchas de invertebrados sedimentadas en capas de millones de años) provocan
en la formación de estalactitas y estalagmitas que al final se unen, pues con cada gota que cae, se añade
una capa microscópica de sedimento que va creciendo en miles y millones de años, por eso es un crimen
destruir tales obras magníficas.

Al volver aquella tarde una vez mas a la brecha que conduce al campamento, nos internamos en otra cañada, aquí encontramos otro escurridero intermitente desde lo alto de una pared caliza. Pero lo más interesante fue encontrar la especie de nogal Carya ovata, que a simple vista es una especie más del bosque, no obstante es una especie que suele vivir en conjunto en las comunidades vegetales de bosque mesófilo de montaña, por lo tanto es una pista más de que los bosques de Río Verde ofrecen relictos botánicos de este bosque tan amenazado.
Escurridero intermitente. eEstos escurrideros son cruciales para las aves, pues éstas suelen abrevar aquí debido a que están a salvo de los depredadores y el agua escurre limpia entre las piedras.

Carya ovata, especie vegetal asociada al bosque mesófilo de montaña en la Sierra Madre Oriental.
Mientras investigábamos el área de la cañada oímos a lo lejos la tracalada de un par de perros. Decidimos acercarnos un poco más, pues desconocíamos que allá adelante hubiese poblado alguno. Pero caminando entre la hojarasca nos topamos con un señor, Don Vicente, quién nos pidió que fuéramos a la ranchería de más adelante a ayudarle a echar andar su “ford” para ir a Cd. Fernández a comprar mandado. Al llegar a un rebaje al fondo de un valle aluvial, un “potrero”, estaban un par de casitas de madera y techo de tejamanil y al fondo sobre la brecha, habíamos llegado a la ranchería: Paso del Agua.

Potrero en la ranchería Paso del Agua, un paraíso de silencio y soledad oculto entre las sierras de Río Verde.
Vista al nor- noreste.
La casita de Don Vicente, el adobe es el material de construcción
predilecto en la sierra y  muchas otras áreas rurales de México, siempre disponible,
barato, práctico, manejable, resistente y sobre todo aislante.
“Pasando corriente” La tarde se difunimó y Don Vicente pudo ir de vuelta
a Cd. Fernández, población vecina de Río Verde y parte del área urbanizada de la región.
El día que prosiguió lo teníamos todo completo para recorrer otro cañón aledaño que se abría paso al noroeste. Antes de internarnos en el cañón, entre la hojarasca algo batía sus alas con desesperanza, y en un instante de quietud ya no supimos bien de que se trataba, si ave o insecto, al acercarnos nos fue posible detectar el magnifico mimetismo de una hermosa polilla, tan fusionada al color de las hojas muertas que a simple vista parece formar parte de ellas:

Polilla oculta entre la hojarasca de encino.

 Entonces seguimos nuestro camino. Al principio se veía oscuro, con una tranquilidad muy extraña, pues no había ave alguna que cantase esa mañana, el cañón respiraba, se oía susurrar y solo los pasos pesados entre la alfombra de hojas repercutía en la quietud del paraje.

Un cañón bastante sombrío.

Al ir avanzando por fin nos llegó el sol a eso de las 10 de la mañana, apenas y los rayos penetraron la quietud y sentimos que el aire se respiraba mas cálido y perfumado en un potrero abandonado lleno de árboles de aguacate (Persea ap.).
Las áreas desmontadas con cercos de piedra y presencia de árboles o
plantas útiles al hombre suelen ser los vestigios del uso que los lugareños le brindan
a ciertos parajes serranos.
Seguimos subiendo cada vez mas, encontrando nuevamente un arroyo intermitente que con alevosía ocultaba la elegante efigie de las Coronas de San Pedro (Cornus disciflora) interesante árbol de la familia Cornaceae también gustosa de las cañadas umbrosas y húmedas y presente por su puesto en los bosques mesófilos de montaña.
Corona de San Pedro (Cornus disciflora) oculta en una cañada
por donde corre un arroyo intermitente.
Aún más arriba, dónde las sombras y los recovecos rocosos ya no tienen lugar, aparecieron intempestivas las especies rupícolas, pues se antoja extravagante encontrar una biznaga  (Mammillaria sp.) del tamaño de un melón floreciendo a todo fulgor en el despeñadero de una pared vertical al lado de la abandonada brecha, sin olvidar a una particular “siempre viva” (Echeveria sp.) de hojas angostas y carnosas creciendo entre los escollos pétreos.

Mammillaria magnimama (saxicola) en floración, pleno marzo
y bastante cargada de botones sin abrir.
Siempre vivas
 Al bajar de nuevo al campamento para pasar la última noche, pudimos hablar con un trío de muchachos de la ranchería Los Montesumas, quienes comentaron que la brecha que seguimos pero que no llegamos hasta la parte final, conduce a un paraje donde está la Gruta La Catedral, habilitada para recibir turistas que por lo general provienen de San Luis Potosí. Ya en la mañana y nuestro último día en la sierra, la suerte nos sonrió pues amanecimos con un cielo brumoso y nublado. 
Día nublado en una de las milpas del Sr. Miguel, comisariado ejidal de El Nacimiento.
Rascadero de venado.
Al llegar al ejido, nos comentaron que hacía un par de minutos habían visto unos venados en las milpas, por lo que fuimos a ver si aún andaban merodeando por ahí. Solo hallamos sus “pasadas”, algunas “excretas” y un visible “rascadero”, por lo que creemos que las hembras andaban muy bien acompañadas. 

Aquel día antes de partir desayunamos unos exquisitos tacos de nopalitos silvestres, flor de palma y queso fresco hecho en la región y asi acabó el viaje a las sierras de Río Verde, pero esperamos poder volver a ir este año que apenas comienza.

Nopalitos del monte guisados y en tacos, eso si es alimento para la vida.

Bosques mesófilos de montaña en las sierras de Río Verde, San Luis Potosí. Viaje I

A finales del año 2009, poco tiempo después de dejar mi antiguo hogar en Jalpan Querétaro, tuve oportunidad de trabajar en el inventariado florístico de un ejido al suroeste de la cabecera municipal de Río Verde, estado de San Luis Potosí.
Partiendo de Río Verde hacia el oeste está la carretera Federal México 70 San Luis Potosí- Tampico, actualmente en el desuso debido a que cruza el Área Natural Protegida Sierra de Álvarez, escenario de agrestes montañas, curvas sinuosas e innumerables accidentes, actualmente reemplazada por la “Super carretera de la Huasteca”  que conecta igualmente San Luis Potosí, Río Verde y Ciudad Valles, la cual pasa al norte de la sierra al lado de las comunidades de Cerritos y Villa Juárez. Sigo prefiriendo la carretera libre 70 por su puesto.
      Vista actual de la Hacienda de San Diego (foto tomada de la web México en Fotos).

A unos 10 km de distancia de Río Verde por dicha carretera está el entronque al ejido San Diego, pintoresca hacienda de antaño, en cuyos alrededores nació  un pequeño pueblo con una presa que tiene vista a la sierra.

A partir de dicha localidad se extiende una brecha hacia el oeste que conduce a los ejidos de San Miguel, La Loma, Los Arcos, Las guayabas y varios mas que no recuerdo su nombre en este momento, pero hasta el final, dónde topa la brecha con la sierra esta el ejido El Nacimiento, una ranchería que palpita entre el ronco cantar de los gallos, los corridos que emanan en la transmisión de radio casi perpetua desde las ventanas de las casas de  sus pobladores (muchos de ellos mojados que trabajan año con año en Estados Unidos), la humedad de la selva baja caducifolia que ahí se arremolina entre las lomas y el apacible rumor del arroyo que baja desde las partes altas de la sierra. Así es el ejido El Nacimiento.
Vista sur del Ejido El Nacimiento, Río Verde, S. L. P. en una prístina mañana de diciembre.
Aquel día pernoctamos en la casa del Comisariado Ejidal el Sr. Miguel, y su esposa la Sra. Fela y con todo y la pena no quisimos dar mas molestias que la de poner nuestra tienda de campaña en su patio, eligiendo como lugar idóneo una gigantesca fortaleza entre frondas de papaya, plátano y caña.

Nuestro campamento al amanecer.










Aquel día partimos rumbo al cerro de la cruz  para comenzar el inventario a eso de las 7 y media de la mañana El trayecto fue ascendiendo abruptamente por entre una cañada al lado del río, para después perderse entre bosques de encino y mas arriba los pinos. No fue sino hasta casi medio día cuando caímos en la sorpresa de estar en una cañada muy húmeda y umbrosa, tan estrecha que apenas y el sol rosaba el dosel quizá unas 5 o 6 horas diarias durante la tarde, fue aquí donde encontramos los famosos liquidámbares. Y como puede verse en la segunda imagen, los ejemplares llegaban a medir mas de 25 m de altura, tal porte implica un bosque mas o menos viejo que hasta la fecha el ejido ha respetado y lo mas sorprendente es que había un grupo de 7 individuos, todos ellos sobre la brecha principal hacía el cerro de la cruz, Paso del agua, Los montesumas y Torrecillas (localidades perdidas en diferentes puntos de la sierra de Río Verde).

Hojas de Liquidambar styraciflua

Árbol de Liquidámbar.

A medida que subimos más el paisaje fue tornándose mas de tipo templado, con infinidad de encinos de varias especies, e incluso el suelo cambio de textura a una mas arenosa, de color mas claro y en cuya hojarasca abundante nos percatamos de la presencia de unos ojillos rosados que al acercarnos resultaron ser un grupo de orquídeas de hábito terrestre.

Orquídeas de hábito terrestre creciendo entre la hojarasca del bosque de encino (Posible Bletia sp.)
Orquídeas terrestres.

Finalmente al cabo de unas 5 horas de intensa caminata de subida llegamos al cerro de la cruz, en dónde está una capilla dedicada precisamente a este ícono de la religión cristiana. Los guías con quienes fuimos nos platicaron que cada año se hace una larga procesión de feligreses que provenientes de las localidades cercanas a venerar a la santa cruz cada 3 de mayo, además es un altar a la Virgen de Guadalupe por lo que en menor medida este pequeño recinto en medio de las montañas se ve repleto de veladoras y flores para honrar la presencia de la Virgen.

Rústica capilla a la Santa Cruz en el cerro del mismo nombre.
La santa cruz. Atrás el buen burrito que cargó fielmente nuestra agua y comida.
Decoración de la capilla. Las flores de textura papirácea son hechas con las bases de
las bromelias que crecen epífitas sobre los encinos y otras especies arbóreas, en el área son
llamadas jarritos, pues guardan agua en su interior.

Después de admirar un poco la rústica capilla, esta es la vista panorámica que nos ofreció la cima del cerro la cruz hacia el sur, indagando posiblemente las inmediaciones fronterizas con la RB Sierra Gorda de Guanajuato.

Vista sur hacia la sierra gorda de Guanajuato.

Después de inventariar la zona y comer unos tacos de barbacoa ofrecidos por los guías, nosotros nos dispusimos a bajar, pues nuestro campamento estaba en el ejido, allá abajo y lo mas prudente era volver con luz para no arriesgar la marcha. A nuestro regreso nos topamos con una población bastante numerosa de pinguiculas, pero como era de esperarse estaban con su roseta de invierno, apenas y preparándose para florear, por lo que nos fue imposible identificar su especie.

Roseta de invierno de pinguicula, con sus hojas adhesivas a la espera
de pequeños insectos, otros más ya cayeron.

De vuelta a las zonas mas húmedas y protegidas encontramos un arroyo con alisos (Alnus sp.) que aunque por si solos no comprenden un bosque mesófilo de montaña, son un elemento conjunto e importante de su estructura arbórea.

Arroyito, se pueden ver los troncos veteados de la derecha, pertenecen a los alisos.

Desde una parte medianamente alta, pude ver la impresionante combinación de vegetación y orografía descendente hasta el valle de Río Verde.

Sierra de Río Verde con sus accidentados perfiles.

Los riscos también se hacen presentes y cuyas cumbres están coronadas de vegetación, sin contar que entre sus grietas y cizalles se agarran firmemente biznagas, zoyates, magueyes y palmitos.

Riscos.
Biznagas rupícolas (Posible Mamillaria sp.)

Antes de caer la tarde, tomé una foto panorámica de las cañadas donde celosamente se guardan los bosques de niebla y no es de extrañarse, pues la temperatura, la orografía, la humedad y el suelo es idóneo para que este tipo de vegetación tan amenazada encuentre un refugio más.

Cañada dónde se ubican los bosques mesófilos de montaña de Río Verde, S. L. P.
Y al volver a las cañadas umbrosas rebosantes de humedad, la tarde cayó lenta y aún se nos presentaron sorpresas, pues entre los helechos y troncos caídos nos fue posible hallar una especie peculiar de invertebrado que desconozco su nombre, pero aquí les muestro la foto.

Helechos (Posible Blechnum sp.)
Invertebrado entre la materia orgánica en descomposición.

Aún más abajo al pie de un cedro capturamos la fotografía de  un escorpión (Gerrhonotus infernalis). Cabe destacar que esta especie es temida en las localidades rurales debido a la creencia de que su mordida posee veneno y puede incluso llegar a causar la muerte, suceso que es totalmente falso, pero la creencia popular apoya mas el miedo que el respeto. Por lo general si este reptil es hallado por cualquier persona autóctona, terminara seguramente muerto a no ser que escape y corra con mejor suerte para la próxima.

Gerrhonotus infernalis, criatura hermosa pero temida por los pobladores
en base a la falsa creencia de que su mordida es venenosa y aunque así fuera,
son bastante tímidos y veloces, prefiriendo huir de la presencia humana.

Casi al término de la jornada de aquel día de diciembre, la tarde nos despidió con un espectáculo interesante, pues un pequeño enjambre de mariposas rayadas se arremolinaba en las ramas colgantes de un cedro seguramente dispuestas a descansar. La verdad, ya bastante repetitiva la imagen de las mariposas monarcas que colman las ramas de los oyameles en Michoacán, la escena de aquella tarde me resultó bastante diferente y grata. Además una imagen extra de una langosta con sus vívidos colores, la cual también ya iba en camino de algún refugio para pasar la noche, debido a sus hábitos diurnos.

Racimo de mariposas en una rama de cedro.
Langosta mostrando sus alas rojo intenso.

Aquella noche como imaginarán, dormimos rendidos aunque un poco adoloridos por la caminata y el suelo duro de la tienda de campaña…las recompensas implican esfuerzos.

A la mañana siguiente nos despertamos con un cielo nuevamente radiante de sol, con un cuarto menguante apuntando al sur por sobre las candelabriformes típicas del bosque caducifolio de la ranchería. Los mugidos alegres de un grupo de cebúes, bastante comunes en estas áreas agrestes y húmedas de San Luis Potosí por presentar pelillo corto y ser especialmente resistentes a las abundantes y molestas garrapatas, aunque reacias y de carácter desconfiado.

Mirada al bosque tropical caducifolio del Ejido El Nacimiento.

Ese día los niños, hijos del comisariado nos ofrecieron llevarnos a la cueva del nacimiento para buscar murciélagos, pues aseguraban que años atrás llegaron un grupo de médicos en busca de estos mamíferos con la finalidad de extraerles sangre y confirmar la presencia de la rabia en aquellas regiones. Al parecer no encontraron rastros de rabia en los murciélagos, no obstante nosotros al menos, tampoco hallamos ningún murciélago, pero les comparto una imagen de la boca  de la entrada desde donde se aprecia el exterior.

Entrada de la cueva de los murciélagos.

Y ya para despedir el viaje, los niños nos mostraron que la sierra te provee de todo lo necesario para vivir: agua, madera, leña, tierra fértil, refugio, piedras, alimentos de origen animal y vegetal, plantas medicinales y ornamentales, paixtle para las épocas decembrinas y hasta dulces tentaciones como las rojas pitahayas.

Y de recompensa unas dulces pitahayas…