La Sierra Huasteca desde mi perspectiva

Hace unos días que no he pensado en otra cosa, aunque he estado atiborraba de asuntos académicos, no se me sale de la cabeza la idea de hacia donde será el siguiente paso.

Desde hace muchos años, recuerdo las historias fantásticas de un compañero entrañable al que tengo más de 20 años de conocer, me contaba de castillos en medio de una selva espesa, de cascadas de aguas turquesas, de cerros interminables cubiertos siempre de niebla… Algún tiempo después, con ayuda del Atlas Geográfico de los libros de Texto Gratuitos de la SEP, supe que esos lugares se ubicaban en la región cultural llamada Huasteca. Y me hechizó la idea de conocer aquel nombre que tanto mencionaba: Xilitla
No fue sino hasta el 2006 cuando terminé mi carrera de biología (frustrada porque mis compañeros no quisieron organizar un viaje y en su lugar hicieron un costoso tradicional cena-baile) que me decidí a ir fuese como fuese a conocer la Huasteca. Otro entrañable amigo cuyo nombre no hay necesidad de mencionar, porque él sabrá quién es y cuanto conocimos los dos en aquel viaje, fue quien me acompañó, apenas íbamos con una Guía Roji tomando autobuses aquí y allá, acampando en donde se hiciera de noche, cargando sleeping, comiendo bocoles y zacahuil en los mercados, en fin  solo Dios sabe como mi madre en aquellos años de oro sin balaceras me dejó ir sola, y así  llegamos a la Sierra Gorda de Querétaro y de ahí a la maravillosa Xilitla, donde conocí el castillo fantástico de quien me hablaba mi otro amigo: el castillo de Sir Edward James, un personaje espléndido rodeado de un halo de locura seductora que me hubiese encantado conocer en vivo y a todo color. En verdad que añoro otros tiempos que no son míos, acepto que a menudo me siento incómoda en esta modernidad tan amenazante…
Apenas y supimos de la cercanía de aquella garganta palpitante en medio de la montaña, aquel abismo magnífico, una puerta hacia las profundidades insondables de la Sierra Madre Oriental, sí, el Sótano de las Golondrinas, emprendimos emocionados el viaje hacia Aquismon en un autobús destartalado, yo llamé a mi casa desde un teléfono de tarjeta en la plaza de Aquismon y no estaba mi madre en casa, recuerdo bien que le dejé el recado a mi tío, que por las buenas creo que no se imaginaba en que rincones lejanos andaba de vaga, todo el viaje en  aquel autobusito ruidoso fue un constante ir plasmada en el vidrio, con la mirada que se me salía de los ojos, con tanta selva, con tanto frescor, tantas caras de un color moreno rojizo tan hermoso, tan auténtico: Tanzozob, Tamapatz, Zopope… poco me faltó para llorar de la emoción al llegar al mentado sótano. 
Llegamos y no lo podíamos creer, era imposible la magnitud de aquella vista, un vértigo inimaginable, tan  terrorífico como fascinador, la montaña exhalaba un viento entrecortado por las guaguas y los periquitos que literalmente nos peinaban la cabeza con su vuelo al ras, estaba ahí ante nuestros ojos, una de las cosas que me ha marcado más en mi vida. Quedé flechada y jamás volvió mi corazón a estar tranquilo, siempre pensando en volver a aquellas sierras Huastecas, siempre.
Poco después me fui a Chihuahua dos años a trabajar, ahí conocí al biólogo que ahora es mi esposo, y fue tanta mi obstinación por volver, que yo no se si fue tanto desearlo o tanto soñarlo, que mis súplicas internas rindieron su fruto y recibí un correo de aceptación para trabajar ambos en la Reserva de la Biósfera de la Sierra Gorda de Querétaro por parte de otra persona especial que poco tiempo después sería mi amigo, al que estimo mucho aunque nuestra forma de ver el mundo sea tan distinta. 
Cuando viví ahí en Jalpan fui la persona más plena, más feliz y más completa del mundo, pero aún así, anhelaba el momento en que por angas o mangas tuviéramos que ir a Río Verde, a Xilitla, a Ciudad Valles  etc. por algún encargo, esa carretera nacional 85 de su tramo de Llera, Tamaulipas a Tamazunchale, S. L. P. era todo un placer para mi recorrerla, aquellas murallas hasta el cielo a la altura de Huichihuayan, con la sierra Montecristo enmarcando el paisaje siempre verde, nuboso y las orillas del camino llenas de plantas de ornato y sabrosos Litchies, la Y griega siempre activa, los tramos selváticos de Matlapa, Tamazunchale con sus cerros tropicales, el tramo de Gómez Farías en Tamaulipas, con sus pays de mango, la cueva del abra impresionante, y ni se diga la carretera que va de Tamazunchale para Pachuca, pero por el lado de Huejutla, un verdadero manjar a los sentidos, esa otra hermosísima Huasteca, la Hidalguense, agreste e indomable, esa escarpada serranía colmada de niebla y vasijas de barro colorado, un paraíso.
Pero tiempo después tuve que volver a Nuevo León, en donde vivo hasta la fecha, pero juro que no hay día que no sufra la lejanía de esas tierras prodigiosas y la dulzura de su gente, tan dulce como el pilón de los cañaverales color verde nuevo.
Y entonces recordé que mientras viví en Chihuahua, mi supervisor-jefe-maestro-amigo, me contaba que si uno desea trascender en la conservación de las tierras que amamos no es necesario querer salvar el mundo, hay que casarse de tiempo completo con ese sitio al cual amemos, con su bioculturalidad, hay que comprenderle, hay que gozarle y hay que protegerle y amarle. Sus palabras no tenían del todo sentido para mi en aquel entonces, él había nacido en Castaños, Coahuila y estaba “casado” por así decirlo, con el Santuario de la Cotorra Serrana en Madera, Chihuahua desde hacía en aquel entonces, 14 años…
Y entonces comprendí…
Que toda esta serie de eventos, uno tras otro, me han llevado de aquí para allá, y creo que haga lo que haga, me manden a donde me manden, me invite a donde me inviten, me replieguen a donde me replieguen, mi entera voluntad, mis esfuerzos, mis pensamientos, mis anhelos, mis ojos siempre están dirigidos hacia un mismo lugar: la Sierra Madre Oriental,sí, pero muy especialmente la Sierra Huasteca desde el Soto La Marina, hasta el Tuxpan, a donde muy pronto, estoy segura he de volver para no moverme de ahí nunca jamás.
Cascada cercana al castillo de Sir Edward James, Xilitla, San Luis Potosí (Abril, 2006).

Mi hermana y yo en otra de las cascadas (Abril, 2008).
Castillo de Sir Edward James (Abril, 2006).
Los pasadizos del castillo de Sir Edward James (Abril, 2008).
En el castillo, Xilitla, S. L. P. (Abril, 2008).
Plaza de Xilitla al atardecer, atrás las impresionantes anticlinales (Abril, 2006).

Semana Santa 2009, Xilitla, San Luis Potosí.
Iglesia de Aquismon, San Luis Potosí (Abril, 2006). 

Mi regalo de cumpleaños, Febrero 2009, Cascadas de Tamasopo, San Luis Potosí. 

El Puente de Dios, Tamasopo, S. L. P.  Febrero 2009. 

Laguna Atezca, Molango de Escamilla, Hidalgo, mayo 2009. 

Plaza frente a la iglesia de Molango de Escamilla, Hidalgo. 

Remanente de bosque de niebla con helechos arborescentes, Tlanchinol, Hidalgo. 

Huejutla, Hidalgo, mayo 2009. 

Cañón del Río Santa María visto desde San Antonio Tancoyol, Sierra Gorda de Querétaro, al otro lado es Aquismon, San Luis Potosí. 

Cañón de la Servilleta, Gómez Farías, Tamaulipas, Semana Santa, 2009. 

Cañón de la Servilleta, Semana Santa, 2009. 

Enchiladas Huastecas cerca del mercado de Ciudad Valles, Abril, 2012.

Plaza de Ciudad Valles, Abril, 2012. 

Río Valles, Abril, 2009. 

Cascadas de Micos, Valles, San Luis Potosí. 

Cascadas de Micos. 

Cascadas de Micos, 2012. 

La bióloga Mariana Reyna y yo, en los bosques de enebros de la comunidad de El Cañón, Landa de Matamoros, Querétaro, julio 2009. 

Valle Verde, todos rumbo al sótano de las Golondrinas por el camino que va de Zoyapilca , Querétaro a Tanzozob, S. L. P. 

Sótano de las Golondrinas, Aquismon, San Luis Potosí. 
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Huastecos Teenek

 
La población

La palabra “huasteco” deriva de una voz náhuatl que para algunos autores es el gentilicio de Huaxtlán, “lugar donde abundan los huaxis”, planta leguminosa cuyas vainas son comestibles; otros señalan que proviene de Cuextlán, “en los cues”, montículos o plataformas redondas hechas de piedra y arcilla sobre las cuales los antiguos habitantes de la región erigieron sus templos y viviendas. En su lengua se llaman a sí mismos teenek, “hombres”, y a su territorio Teenek tsabal, “la tierra de los teenek” o “donde habitan los teenek”.

De acuerdo con Swadesh y Arana, la lengua huasteca se clasifica dentro del grupo Maya-Totonaco, tronco y familia Mayense, subfamilia Yaxu. Cabe destacar que es el único idioma separado geográficamente del resto de las lenguas mayenses.

Los datos recabados por el XI Censo general de población y vivienda, en 1990, revelan una cifra global de 14 7264 huastecos a nivel nacional, de los cuales 26 525 entran en el rango de cero a cuatro años y 120 739 son hablantes de la lengua con cinco años y más. De estos últimos, la mayoría se concentra en San Luis Potosí, con 68 733 integrantes, y en Veracruz, con 46 897, además de 1 888 en Tamaulipas y 109 en Hidalgo; en calidad de migrantes, destacan 870 registrados en el Distrito Federal, 788 en el Estado de México, 407 en Nuevo León y cifras menos significativas en otros estados de la república.

El actual Teenek tsabal comprende una porción del noreste de San Luis Potosí, con diez municipios, y otra porción del noreste del estado de Veracruz, ambas contiguas y ubicadas en la región geográfica conocida como la Huasteca. Los municipios potosinos con mayor población teenek son Aquismón, Tanlajás, Ciudad Valles, Huehuetlán, General Pedro Antonio de los Santos (antes Tancanhuitz de Santos), San Antonio, Tamuín, Ébano y Tanquian de Escobedo. En Veracruz, los municipios mayoritarios son Tantoyuca y, en menor proporción Tempoal y Tantima.

El clima que predomina en el territorio huasteco es cálido húmedo con lluvias en verano y una previa temporada de sequía. La temperatura media anual oscila alrededor de los 23.5°C, con un registro mínimo de 0°C y un máximo de 45°C, y variaciones diarias drásticas en los meses de noviembre a febrero. La precipitación pluvial varía año con año en las distintas áreas del territorio, en un rango de 800 a 4 000 mm promedio anual. Las tierras teenek están provistas de una vasta red hidrográfica, compuesta principalmente por una gran cantidad de arroyos estaciónales que alimentan a diversos ríos, entre los que destacan el Moctezuma, el Valles, el Huichiuayán, el Koy, el Puhal, el Tempoal, el Tamuín y el Pánuco.

Los registros altitudinales van desde los pocos metros sobre el nivel del mar hasta los 2 000; sin embargo, la mayoría de los asentamientos huastecos se encuentran de los 60 a los 500 msnm entre la planicie y las elevaciones de la sierra Madre Oriental.

La variabilidad de las condiciones climáticas y altitudinales en la Huasteca es la responsable de la distribución y diversidad de las asociaciones vegetales. En el área teenek predominan los bosques tropicales en alturas de los 50 a los 800 msnm, donde son elementos arbóreos característicos el ramón, palo mulato, ceiba, palo santo o multé chicozapote, copal, frijolillo, zocohuite, jobo, sabino y palo de rosa, entre muchos otros. En altitudes de los 600 a los 2 000 msnm, la vegetación corresponde a bosques templados con diversas asociaciones de pinos, encinos y liquidámbar. En una reducida área del noreste del territorio teenek se presenta un bosque espinoso en el que ébano cerón y gabilla constituyen las especies dominantes.

La base de la economía familiar del grupo huasteco es la agricultura, practicada bajo la forma tradicional de roza-tumba y quema. Maíz, frijol, calabaza, yuca y camote son sus productos agrícolas y de recolección básicos de subsistencia; entre los de carácter comercial sobresalen los cultivos de caña de azúcar, ajonjolí, arroz y cacahuate, además de frutales como naranja, plátano, piña y mango. En las estribaciones de la sierra el cultivo del café representa una importante fuente de ingresos a la economía familiar. Otras entradas complementarias se obtienen por la venta de artesanías —tales como morrales, petacas, hamacas, mecapales, tapetes y cestos— elaboradas con fibra de henequén, zapupe, maguey y palma, además de diversos artículos de alfarería y prendas tradicionales bordadas con motivos típicos.

Vale la pena destacar que la productividad agrícola de las tierras teenek es cada vez menor debido, entre otros factores, al creciente deterioro y contaminación de su medio ambiente, que aunados a la insuficiencia de tierras en relación con el incremento poblacional, dan pie a un alto índice de migración, principalmente hacia los estados de Nuevo León, Distrito Federal y Estado de México.

La vivienda teenek posee una sola habitación de forma circular que se usa como dormitorio, cocina y almacén, construida con paredes de varas atadas con bejuco y a veces recubierta con barro; el techo es cónico, y se arma con zacate o palma sobre una estructura de horcones de madera. Alrededor de la casa, se encuentra un solar donde se crían animales domésticos y se cultivan diversos árboles frutales, hierbas y hortalizas que complementan las necesidades domésticas.

La disposición de los servicios básicos en los asentamientos de la etnia en cuestión, varía de una población a otra y, al menos en San Luis Potosí, se encuentra muy por debajo de los niveles de bienestar promedio estatal. Por ejemplo, se estima que en el municipio de San Antonio —el más marginado— sólo un 4.8% de las viviendas cuentan con servicio de agua entubada, 3.3% con drenaje y 29% con energía eléctrica.

En relación con las vías de comunicación, la Huasteca potosina posee dos caminos pavimentados: la atraviesa de sur a norte la carretera México-Ciudad Valles-Laredo, y de oeste a este la carretera Xolol-Tamuín, de las cuales parten caminos rurales y de terracería que van a las distintas cabeceras municipales y a otras localidades. En Veracruz, la principal carretera pavimentada que cruza la Huasteca es la de Pánuco-Tuxpan, en la que convergen caminos de terracería, herradura y brechas que conectan con distintos poblados huastecos.

En los últimos años, las instituciones de salud pública han incrementado su cobertura con la apertura de unidades médicas rurales del IMSS-COPLAMAR (actualmente IMSS-Solidaridad), además de los ya establecidos centros de salud de la SSA en cada cabecera municipal. En San Luis Potosí, la atención de segundo y tercer nivel es proporcionada en Ciudad Valles, Tamazunchale y la capital del estado, e incluso en la ciudad de Tampico, en el estado de Tamaulipas. Según datos recabados en la Jurisdicción Sanitaria No. I (Pánuco) del estado de Veracruz, que abarca la zona teenek de dicha entidad, las diez principales causas de morbilidad son las infecciones respiratorias agudas, infecciones intestinales y las mal definidas, ascariasis, amibiasis, traumatismos y envenenamientos, dermatoficosis y dermatomicosis, enterobiasis, hipertensión arterial, angina estreptocócica y tricuriasis.

Con el propósito de presentar una alternativa organizada de salud y legalizar sus prácticas médicas, los terapeutas teenek, junto con otros indígenas de la Huasteca, han conformado tres organizaciones —una en la porción veracruzana y dos en la potosina—. La Organización de Médicos Indígenas Tradicionales de Ejidos de Pujal Coy Fase II (OMITEPCOY) que inició sus actividades en 1990 en Santa Martha Tamuín, y actualmente está integrada por 40 médicos nahuas y teenek de tres nuevos centros de población ejidal de los municipios de Ébano y de la Huasteca potosina; la Organización de Médicos Indígenas Tradicionales Timauitz (OMITT), con sede en Tancanhuitz de Santos; se creó en 1991 y agrupa alrededor de 79 miembros de ocho municipios del centro de la Huasteca potosina, al sureste del estado; finalmente, la Organización de Médicos Tradicionales Indígenas de la Huasteca Veracruzana (OMTIHV), con sede en Chicontepec, se fundó también en 1991, y cuenta con más de 40 asociados de los distintos municipios que comprende dicha región.

La vida religiosa y ceremonial actual de los huastecos —basada en elementos prehispánicos y católicos-trasciende a aspectos cotidianos de su existir y de su entorno. En ella son fundamentales y complementarios los puntos cardinales, particularmente el este del teenek tsabal mítico, lugar en que descansan las almas de los curanderos, músicos y danzantes, y de donde provienen las lluvia; así como su contraparte, el oeste, que aloja las almas de la gente común; asimismo sus cuevas, entrada al mundo de las potencias divinas, constituyen lugares de culto y comunicación con lo sobrenatural.

Como elemento característico de las etnias campesinas dependientes de los recursos que les proporciona su medio ambiente, veneran particularmente a los dioses relacionados con el ciclo agrícola: el trueno (dios de la lluvia), la tierra (diosa de la fertilidad), el Sol y la Luna.

Para los teenek, cada uno de los componentes de la naturaleza se encuentra impregnado de potencias benéficas y peligrosas, dependiendo de cómo se usen; el comportamiento de ciertos animales es indicador del futuro, de la venida de las lluvias y del éxito en las cosechas; asimismo, a través de ciertas plantas pueden conocer el pasado o el futuro y de diagnosticar una enfermedad.

La danza constituye un elemento de expresión artística y ceremonial muy peculiar entre los nahuas y teenek de la Huasteca; en ellas los nahuas aluden a la conquista, mientras que los huastecos representan a sus señores antepasados. Destacan la “danza pequeña” o tzacan-son, la danza de las Varitas, la Malinche, el Rey Colorado, el Gavilán o el Volador, entre otras, cada una con un significado particular.

Dentro de las ceremonias y festejos importantes en los que ejecutan sus danzas, se encuentran las relacionadas con las actividades agrícolas; en ellas se pide colectivamente permiso a la naturaleza para la siembra, se solicitan las lluvias y una buena cosecha. También se baila en la fiesta de Todos Santos y Fieles Difuntos, y en las particulares celebraciones a los santos patronos de cada pueblo, como san José, san Isidro, Santiago Apóstol, san Agustín y san Miguel, entre otros.

Tansosob

Salió corriendo al alba, las sandalias se le escurrían entre los dedos porque el lodo estaba pegajoso y frío, posiblemente dejó una o las dos en medio del sendero enmontado, la noche anterior llovió porque Maamlaab, el gran dueño del agua celeste, así lo quiso. El pecho le latía como el tambor, y aunque las ramas la abrazaban con su humedad, no perdió el paso ni un instante, y como el venadito temazate se deslizó con la ilusión de verles de nuevo. Aún estaba pardo el monte. No tenía miedo, ya había recorrido ese mismo camino muchas veces sin perderse, su madre quedóse tranquila pues ella no dijo más que iba por la leña para hacer el café de la mañana. Se fue sin decir a donde porque sabía que estaba prohibido ir sola al sótano. Y en cuanto la bruma comenzó a desmodorrarse entre el dosel arbóreo, la marcha se detuvo casi en un espasmo, ante el abrazo fuerte del palihuiche que le truncó el paso, tan fragante palihuiche colmado de pompones blancos meciéndose al vacío.
Y ahí estaba ella ante la inconmensurable garganta de la tierra, abierta y jadeante, fue acercándose despacio caminando sobre las piedras calizas del borde, serpenteando con sus piernecillas temblorosas el filo del abismo. Su alegría se le desbordaba hacia el fondo del hueco por los ojitos negros de tanta curiosidad, sabía que había llegado a tiempo para verlas salir y eso la hacía feliz. Entonces de pronto un remolino negreaba aún más las fauces abiertas de la sierra, se iba elevando en círculos, cortando el aire a su paso en aleteante estruendo, el remolino viviente remontó como un canto de las entrañas terrestres, zumbidos de aire partido llenaron la oquedad magnífica, veloces saetas avivaron la emoción de la niña que reía en el alma, encaramada en las rocas, desorbitada, deborando con sus cuencos uno a uno los fugaces vencejos. Hasta que no quedó ninguno, todos salieron apresurados de las profundidades para irse a perder en el sopor verdoso de la selva que apenas le amanecía. 
Suspiró satisfecha y de nuevo se internó en el sendero rumbo a Tansosob. Como era de esperarse había quedado descalza y las sandalias ¿quién sabe dónde?, el barro suave se volvió placentero sobre las palmas de sus pies agrietados. Ya no corrió, la meta fue cumplida, y ahora no había más prisa que la que le imponía el hambre. Se fue caminando despacio, dejando tras de sí un montón de tinajitas pintadas en el barro, las huellas de su andar dibujaron la trayectoría de su osadía. Y después, el primer rayo de sol.

Tansosob es una comunidad Teenek ubicada cerca del famoso “Sótano de las Golondrinas” en el municipio de Aquismón en la Huasteca Potosina, cuyo nombre se deriva de dos voces:

Tan: “lugar de”
tsobtsob: “huella” (de pies o patas)

Tantsobtsob:  lugar de la huella.